Pacto del Ventorro
Cada día que pasa tengo más claro que Carlos Mazón no solo es el chivo expiatorio de todo lo que salió dolorosamente mal en aquel dramático 29 de octubre...

Cada día que pasa tengo más claro que Carlos Mazón no solo es el chivo expiatorio de todo lo que salió dolorosamente mal en aquel dramático 29 de octubre del año pasado en el que perdimos a más de 200 vecinos. Es también la cortina de humo que necesita el presidente del Gobierno para tapar los escándalos que salpican a su entorno más cercano y los acuerdos ignominiosos que le permiten seguir en la Moncloa.
Ahora a Pedro Sánchez le ha dado por titular «Pacto del Ventorro» al acuerdo de presupuestos al que han llegado PP y Vox para la Comunidad Valenciana. Uno puede entender que algunas formaciones políticas (incluso el PP de Génova) se rasguen las vestiduras y acusen a Mazón de pagar un alto precio por seguir al frente de la Generalitat. Lo que no tiene un pase, en cambio, es que el presidente del Gobierno critique lo que él mismo lleva haciendo con formaciones políticas que tienen como objetivo número uno de su política la destrucción de España y del marco de convivencia que nos dimos con la Transición y la Constitución.
Algunos dirán que Pedro Sánchez es un maestro del tacticismo político y un oportunista sagaz. Cuando no se tiene moral alguna y los principios van y vienen es fácil presentarse como un as del diálogo. ¿Cómo puede denunciar los acuerdos entre Mazón y la formación de Abascal cuando todavía tenemos calentito el pacto al que ha llegado con Junts y con Esquerra para la quita de la deuda y el reparto de menores migrantes? ¿Cómo se atreve a pronunciarse sobre los pactos con Vox cuando hace pocos días rindió de nuevo pleitesía a Bildu? ¿Qué lecciones de política internacional va dando un presidente que sin explicación alguna cambió la postura sobre la soberanía del Sáhara? Lo de la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio se queda corto en Sánchez.