Aviso para la Tierra: una enorme tormenta solar desata el infierno en Júpiter

En julio de 1994, el cometa Shoemaker-Levy se acercó tanto a Júpiter que su inmensa gravedad lo hizo pedazos. De sus más de veinte fragmentos, 11 tenían tamaños superiores a los dos km, y todos ellos se precipitaron contra el mayor planeta del Sistema Solar en una 'cascada' de 23 impactos que duró siete días, del 16 al 22 de julio. Esa fue la primera, y hasta ahora la única vez que el hombre ha sido testigo de un drama que también podía tener como escenario a la Tierra. Casi todas las 'cicatrices' dejadas por los fragmentos de aquel cometa, enormes manchas negras en la atmósfera joviana, tenían un diámetro mayor que el de la Tierra. El espectáculo dejó a los astrónomos helados, y fue sólo a partir de entonces cuando el mundo entero empezó a tomarse en serio la amenaza de las rocas espaciales. Los gobiernos financiaron programas de búsqueda de objetos cercanos a la Tierra, y elaboraron estrategias de prevención, incluído el envío de naves equipadas para desviar a los asteroides más peligrosos de sus trayectorias. Hace ya 25 años del Shoemaker-Levy, pero el mundo captó entonces la indirecta y se preparó para no tener que pasar, algún día, por una experiencia similar. Ahora, el planeta gigante ha vuelto a hacer sonar las alarmas, aunque esta vez el peligro no viene de los asteroides, sino del Sol. Un equipo internacional de científicos, en efecto, ha podido ver por primera vez cómo una poderosa tormenta solar golpea y comprime la magnetosfera de Júpiter, generando un punto caliente de temperaturas extremas que abarca la mitad del planeta. El descubrimiento, recién publicado en ' Geophysical Research Letters' , desafía la idea de que los gigantes gaseosos son inmunes a los embates del Sol, y supone al mismo tiempo un 'aviso' de los efectos que puede llegar a tener el 'clima espacial' en la Tierra. Igual que nuestro mundo, pero con una potencia mucho mayor, Júpiter está rodeado por un escudo invisible, su magnetosfera, que lo protege del constante bombardeo de los millones de partículas cargadas que a cada segundo llegan del Sol. Esta 'burbuja magnética', mucho más grande y poderosa que la de la Tierra, se ha considerado siempre una defensa impenetrable. Pero el nuevo estudio ha dejado más que claro que incluso este gigante, cuyo diámetro es 11 veces superior al de la Tierra, es vulnerable a las poderosas erupciones solares. Bajo la dirección de James O'Donoghue, de la Universidad de Reading, en Reino Unido, los investigadores analizaron datos recopilados en 2017 que mostraban un evento sin precedentes: cómo una 'ola' de viento solar comprimía la magnetosfera de Júpiter, generando un 'punto caliente' de más de 500°C, muy por encima de los 350°C de temperatura media de la atmósfera joviana. La oleada de calor se extendió después rápidamente por un hemisferio casi completo de Júpiter, lo cual fue una sorpresa mayúscula para los científicos. «Nunca antes habíamos observado la respuesta de Júpiter al viento solar -afirma O'Donoghue-, y la forma en que cambió la atmósfera del planeta fue realmente inesperada. Esta es la primera vez que vemos algo así en cualquier mundo exterior». El estudio es la prueba evidente de que los planetas gigantes, como Júpiter, Saturno y Urano, no son tan resistentes a la influencia del Sol como se pensaba. «El viento solar aplastó el escudo magnético de Júpiter como una pelota de squash gigante», explica O'Donoghue al describir la magnitud del impacto. La magnetosfera de Júpiter, aunque masiva, no es una barrera infranqueable. De hecho, igual que la Tierra, Júpiter experimenta auroras, fenómenos luminosos causados por la interacción de las partículas solares con su campo magnético. Pero hasta ahora se pensaba que la rápida rotación del planeta gigante confinaba ese calentamiento auroral a sus regiones polares. El nuevo estudio contradice esta idea, y demuestra que la compresión de la magnetosfera es capaz de generar vientos globales que distribuyen la energía, en forma de calor, por todas partes. Lo cual sugiere que las atmósferas de todos los planetas del Sistema Solar, incluido el nuestro, son mucho más sensibles a los 'caprichos' del Sol de lo que se pensaba hasta ahora. El hallazgo ha permitido que Júpiter se convierta en un laboratorio de valor incalculable para estudiar los efectos del clima espacial. Al observar cómo el Sol ha afectado a este mundo, en efecto, los científicos pueden comprender mejor hasta qué punto las tormentas solares podrían ser capaces de amenazar a la Tierra. En palabras de O'Donoghue, «Júpiter actúa como un auténtico laboratorio, permitiéndonos estudiar cómo el Sol afecta a los planetas en general. Al observar lo que sucede allí, podemos predecir y comprender mejor los efectos de las tormentas solares que podrían interrumpir el GPS, las comunicaciones y las redes eléctricas aquí, en la Tierra». En la memoria de todos queda el famoso evento Carrington de 1859, la tormenta solar más poderosa registrada hasta la fecha. En aquella ocasión, las auroras fueron visi

Abr 5, 2025 - 04:47
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Aviso para la Tierra: una enorme tormenta solar desata el infierno en Júpiter
En julio de 1994, el cometa Shoemaker-Levy se acercó tanto a Júpiter que su inmensa gravedad lo hizo pedazos. De sus más de veinte fragmentos, 11 tenían tamaños superiores a los dos km, y todos ellos se precipitaron contra el mayor planeta del Sistema Solar en una 'cascada' de 23 impactos que duró siete días, del 16 al 22 de julio. Esa fue la primera, y hasta ahora la única vez que el hombre ha sido testigo de un drama que también podía tener como escenario a la Tierra. Casi todas las 'cicatrices' dejadas por los fragmentos de aquel cometa, enormes manchas negras en la atmósfera joviana, tenían un diámetro mayor que el de la Tierra. El espectáculo dejó a los astrónomos helados, y fue sólo a partir de entonces cuando el mundo entero empezó a tomarse en serio la amenaza de las rocas espaciales. Los gobiernos financiaron programas de búsqueda de objetos cercanos a la Tierra, y elaboraron estrategias de prevención, incluído el envío de naves equipadas para desviar a los asteroides más peligrosos de sus trayectorias. Hace ya 25 años del Shoemaker-Levy, pero el mundo captó entonces la indirecta y se preparó para no tener que pasar, algún día, por una experiencia similar. Ahora, el planeta gigante ha vuelto a hacer sonar las alarmas, aunque esta vez el peligro no viene de los asteroides, sino del Sol. Un equipo internacional de científicos, en efecto, ha podido ver por primera vez cómo una poderosa tormenta solar golpea y comprime la magnetosfera de Júpiter, generando un punto caliente de temperaturas extremas que abarca la mitad del planeta. El descubrimiento, recién publicado en ' Geophysical Research Letters' , desafía la idea de que los gigantes gaseosos son inmunes a los embates del Sol, y supone al mismo tiempo un 'aviso' de los efectos que puede llegar a tener el 'clima espacial' en la Tierra. Igual que nuestro mundo, pero con una potencia mucho mayor, Júpiter está rodeado por un escudo invisible, su magnetosfera, que lo protege del constante bombardeo de los millones de partículas cargadas que a cada segundo llegan del Sol. Esta 'burbuja magnética', mucho más grande y poderosa que la de la Tierra, se ha considerado siempre una defensa impenetrable. Pero el nuevo estudio ha dejado más que claro que incluso este gigante, cuyo diámetro es 11 veces superior al de la Tierra, es vulnerable a las poderosas erupciones solares. Bajo la dirección de James O'Donoghue, de la Universidad de Reading, en Reino Unido, los investigadores analizaron datos recopilados en 2017 que mostraban un evento sin precedentes: cómo una 'ola' de viento solar comprimía la magnetosfera de Júpiter, generando un 'punto caliente' de más de 500°C, muy por encima de los 350°C de temperatura media de la atmósfera joviana. La oleada de calor se extendió después rápidamente por un hemisferio casi completo de Júpiter, lo cual fue una sorpresa mayúscula para los científicos. «Nunca antes habíamos observado la respuesta de Júpiter al viento solar -afirma O'Donoghue-, y la forma en que cambió la atmósfera del planeta fue realmente inesperada. Esta es la primera vez que vemos algo así en cualquier mundo exterior». El estudio es la prueba evidente de que los planetas gigantes, como Júpiter, Saturno y Urano, no son tan resistentes a la influencia del Sol como se pensaba. «El viento solar aplastó el escudo magnético de Júpiter como una pelota de squash gigante», explica O'Donoghue al describir la magnitud del impacto. La magnetosfera de Júpiter, aunque masiva, no es una barrera infranqueable. De hecho, igual que la Tierra, Júpiter experimenta auroras, fenómenos luminosos causados por la interacción de las partículas solares con su campo magnético. Pero hasta ahora se pensaba que la rápida rotación del planeta gigante confinaba ese calentamiento auroral a sus regiones polares. El nuevo estudio contradice esta idea, y demuestra que la compresión de la magnetosfera es capaz de generar vientos globales que distribuyen la energía, en forma de calor, por todas partes. Lo cual sugiere que las atmósferas de todos los planetas del Sistema Solar, incluido el nuestro, son mucho más sensibles a los 'caprichos' del Sol de lo que se pensaba hasta ahora. El hallazgo ha permitido que Júpiter se convierta en un laboratorio de valor incalculable para estudiar los efectos del clima espacial. Al observar cómo el Sol ha afectado a este mundo, en efecto, los científicos pueden comprender mejor hasta qué punto las tormentas solares podrían ser capaces de amenazar a la Tierra. En palabras de O'Donoghue, «Júpiter actúa como un auténtico laboratorio, permitiéndonos estudiar cómo el Sol afecta a los planetas en general. Al observar lo que sucede allí, podemos predecir y comprender mejor los efectos de las tormentas solares que podrían interrumpir el GPS, las comunicaciones y las redes eléctricas aquí, en la Tierra». En la memoria de todos queda el famoso evento Carrington de 1859, la tormenta solar más poderosa registrada hasta la fecha. En aquella ocasión, las auroras fueron visibles en todo el mundo, y muchas redes telegráficas, que se incendiaron de forma espontánea, quedaron interrumpidas. Un evento similar en la actual sociedad tecnológica tendría consecuencias mucho más graves. Por eso, la capacidad de predecir el clima espacial es de vital importancia a la hora de proteger nuestra infraestructura tecnológica y garantizar la seguridad de los astronautas. Y el estudio de Júpiter proporciona información valiosa para hacer ambas cosas. «Nuestro modelo de viento solar -explica Mathew Owens, coautor del artículo- predijo correctamente cuándo se perturbaría la atmósfera de Júpiter. Lo cual nos ayuda a comprender mejor la precisión de nuestros sistemas de pronóstico, algo esencial para proteger a la Tierra del peligroso clima espacial». Este descubrimiento, por tanto, no sólo arroja luz sobre lo que sucede en el lejano Júpiter, sino que constituye un aviso para nosotros, y nos ayuda también a comprender lo que puede pasar en otros gigantes gaseosos y exoplanetas. La investigación sobre la interacción entre las estrellas y sus planetas, de hecho, es fundamental para comprender la habitabilidad de otros mundos. Estudios anteriores, como los realizados por la misión Cassini en Saturno, ya revelaron la complejidad de las interacciones entre los vientos solares y las magnetosferas planetarias. Pero nunca llegaron a sacar a la luz las consecuencias de esa 'relación' para el planeta. Algo que los investigadores sí que han conseguido ahora, y por primera vez, en Júpiter. Esperemos que, igual que ocurrió hace un cuarto de siglo con los asteroides, lo que hemos visto ahora en Júpiter sirva como revulsivo e impulse los esfuerzos para proteger a nuestro frágil mundo y a sus aún más frágiles habitantes.