Este libro es un mapa
¿Por qué escribir este libro? Repetir que el avance en muchos países de grupos ultraconservadores y gobiernos autoritarios responde a una “oleada” solo trae confusión. No era algo inevitable ni es un fenómeno natural. Ese avance lleva a un retroceso: erosiona los sistemas democráticos y pone en riesgo las libertades de la ciudadanía. ¿Cómo se... Leer más La entrada Este libro es un mapa aparece primero en Zenda.

Dominio o ciudadanía es un mapa. Los capítulos del libro se centran en cómo es —o debe ser— el trazado imaginario de las calles en la ciudad democrática. Es ese espacio público en el cual puede haber ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho. ¿Por qué mirar ahora ese mapa? Casi todo lo que ocurre en la esfera pública acaba siendo un asunto personal. Ahí están, por ejemplo, los efectos de las políticas públicas en la vida y la salud individual y colectiva, durante y después de 2020.
¿Qué esperar hoy? El ejercicio del poder como dominación responde a intereses, no a normas ni a ideas. De ese modo entienden la actividad política y, sobre todo, así la llevan a la práctica quienes disponen de medios y complicidades de todo tipo para imponerse al resto de la población. Por eso se habla cada vez más de gobiernos “iliberales” o de “declive” y “retroceso” democrático. ¿Hay alternativa? ¿Qué otra forma existe de ejercer el poder? “Política” deriva de polis, la ciudad democrática. Lo sabemos, somos también conscientes de que optar por la cultura y la política cívica tiene bastantes riesgos y exige esfuerzos. De ahí el dilema: ¿dominio o ciudadanía? Para tratar de explicarlo hay dos imágenes en el libro: la ciudad sumergida y el triángulo (de la política).
La primera está en el primer capítulo del libro, a partir de argumentos formulados en el siglo XX (Thomas Mann, Hannah Arendt) en favor de la cultura cívica y contra el poder como dominio. En el siglo XXI conviene tener en cuenta aquella experiencia, la de quienes conocieron y sufrieron persecución, guerra y exilio; por eso mismo defendieron el sistema democrático —aunque se parezca a una ciudad sumergida— y el papel crucial de la ciudadanía. Antes y ahora están el juego nada menos que los derechos fundamentales (“derecho a tener derechos”, lo llamaba Hannah Arendt). Las teorías contemporáneas de la democracia han ido ampliando las razones en favor de la política cívica y lo público como espacio para el intercambio de razones, solo razones (Jürgen Habermas, Joshua Cohen, Amy Gutmann, Jane Mansbridge, James Fishkin y una larga lista de autores y autoras).
La dramática situación de los refugiados que han huido de la persecución y las guerras muestra, una y otra vez, qué significa ser o no ciudadanos de pleno derecho y por qué el civismo es tan necesario en la esfera pública. Es el tema del segundo capítulo del libro. La imagen del triángulo permite explicar que la política, en cualquiera de sus formas, tiene tres lados: los procedimientos (como el procedimiento democrático), los agentes y las instituciones. La organización de la vida pública está sujeta a la dinámica propia de esas dimensiones, que no suelen ir al mismo ritmo. Son analizadas en el tercer capítulo.
¿Cuál ha de ser el objetivo? Las políticas públicas, buenas políticas. Para empezar, está la política sanitaria, un asunto tan personal como político. Además, las buenas políticas requieren un sistema de integridad, con principios de ética. Son temas del cuarto capítulo. En conjunto, la cultura cívica y democrática ha de sostenerse con argumentos, sin presiones ni uso de la violencia. Se trata de deliberar sobre cómo hacer el recorrido desde el “deber ser” a la práctica. De ahí el subtítulo del libro, “Políticas de la razón”.
¿Qué puedo saber? La búsqueda de argumentos sobre la política democrática y cívica ha sido también una experiencia. Durante muchos años, y como profesora de una asignatura en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca, pude comprobar que la brecha generacional llega también a la difusión de conocimientos. Las clases en esa asignatura eran diferentes, siempre animadas con las preguntas e intervenciones de los y las estudiantes. Su preferencia por el sistema democrático era tan clara como su escepticismo sobre el arraigo de ese sistema y de proyectos trasnacionales como la Unión Europea. Habiendo vivido en los últimos años de la dictadura franquista cuando era estudiante en la Universidad Complutense de Madrid, yo compartía, comparto, la misma valoración positiva que hacía el alumnado de la participación ciudadana en los sistemas democráticos. En cambio, tuve que ampliar y afinar los argumentos sobre el pluralismo político y la complejidad en las democracias contemporáneas. Gracias a aquellos y aquellas estudiantes por el mucho trabajo que me dio poner cada año al día la asignatura. Fue un estímulo para seguir avanzando en el tema.
En fin, Dominio o ciudadanía es algo parecido a un mapa, con sus ventajas e inconvenientes. Lo ha sido para mí durante el tiempo de la escritura. Ojalá lo sea también para quien se acerque y lea el libro ahora, cuando nos hacemos preguntas como las que planteó Kant hace más de doscientos años. Somos cada vez más conscientes de lo que se puede esperar (o no) en estos momentos. Estamos en condiciones de saber más que antes sobre lo que ocurre en la esfera pública. La ofensiva antidemocrática —planificada y organizada— continuará su avance. Será así mientras quienes tienen ocasión de tomar decisiones que tanto y a tantos afectan deroguen derechos, amenacen las libertades fundamentales e impongan sus mandatos con todos los recursos a su alcance.
Son una amenaza para la ciudad democrática. La segunda opción —y tema del libro— es la apuesta por la cultura y la política cívicas. Sí, una ciudad sumergida puede salir a flote, con empeño y esfuerzo de sus habitantes. Será también el momento de la tercera pregunta kantiana, ¿qué debo hacer?
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Autor: Mª Teresa López de la Vieja. Título: Dominio o ciudadanía. Editorial: Plaza y Valdés. Venta: Todostuslibros.
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