Trastorno bipolar, tan estigmatizante como infradiagnosticado: "Hasta el 30% de casos causa una discapacidad significativa"
El psiquiatra José Manuel Montes explica en qué consiste una enfermedad banalizada que afecta a un millón de personas en España.

En España, se calcula que un 2% de la población tiene trastorno bipolar, una enfermedad que aparece debido a una alteración en el funcionamiento de las estructuras cerebrales encargadas de regular el estado de ánimo.
Se trata, además, de un trastorno muy banalizado, pues como explica el psiquiatra José Manuel Montes, poco tiene que ver la realidad de este trastorno con la imagen que a menudo se tiene de él, “se tiende a pensar que se trata de una variación del estado de ánimo, pero eso no es el trastorno bipolar. Para tener trastorno bipolar, tienes que tener unos periodos amplios de clínica depresiva alternados con otros de todo lo contrario: euforia, exaltación del estado de ánimo por encima del normal… lo que llamamos manía, que no es tampoco lo que comúnmente se entiende por manía o tener manías”. Además, estos estados, tanto de manía como de depresión, escapan al control del individuo.
Esta banalización que a menudo se hace de esta condición provoca que, o bien se diagnostique muy tarde -de media unos 6 o 7 años- o que, directamente, no se llegue a diagnosticar, pues se estima que solo la mitad de las personas con este trastorno tienen un diagnóstico.
El resto, o están sin diagnosticar o tienen diagnósticos erróneos, “la mayor parte de los pacientes, cuando van al médico, refieren la clínica depresiva y eso a veces lleva a diagnósticos equivocados, sobre todo de depresión común unipolar, no bipolar. Los periodos de exaltación muchas veces pasan desapercibidos, a veces tienen comorbilidades -convivencia con otras enfermedades-, como trastornos de la conducta alimentaria, ansiedad, consumo de sustancias… y los periodos de exaltación los pasan por alto, porque hasta que no sé un periodo determinado de exaltación del estado de ánimo no se realiza el diagnóstico. De hecho, aproximadamente un 10% de las personas diagnosticadas de depresión lo que realmente tienen es trastorno bipolar”.
Un 10% de las personas diagnosticadas de depresión lo que realmente tienen es trastorno bipolar
Estigma y discapacidad
Existes tres tipos distintos de trastorno bipolar: tipo 1 (caracterizado por episodios maniacos y en algunos casos episodios depresivos), tipo 2 (en el que se muestra una alternancia con episodios hipomaniacos y episodios depresivos mayores) y ciclotimia (en el que la descompensación del estado de ánimo es leve).
Sin embargo, no hay que presuponer que uno es más grave o provoca más discapacidad que el otro, sino que la gravedad de estos es la que determina si son o más más o menos discapacitantes, pues todos pueden serlo. De hecho, “hasta un 30% de los pacientes, tengan el tipo que tengan, pueden llegar a tener una discapacidad significativa”.
Sin embargo, el Dr. Montes quiere dejar claro que también un gran porcentaje de pacientes pueden llevar una vida plena y no tener ningún tipo de discapacidad, "muchos tienen una funcionalidad extraordinaria, sobre todo si se trata pronto y está bien tratado, porque bien controlada, puede llegar a ser asintomática. La discapacidad suele ir ligada a casos de mayor cronicidad, complicidad, resistencia a los fármacos, etc.”, explica.
Para que esto no llegue a ocurrir, por un lado, debe diagnosticarse pronto, y por otro, tiene que tener un abordaje correcto, que pasa, sí o sí, por la medicación, “el farmacológico es el pilar fundamental para el tratamiento del trastorno bipolar”, asegura Jose Manuel Montes.
Es, por tanto, condición necesaria, lo que no quiere decir que tenga que ser lo único, pues “lo ideal sería añadir otro tipo de tratamientos más psicosociales que lo complementen. Probablemente en el futuro, según avanza la investigación, podamos tener otras alternativas, pero hoy por hoy, la medicación es necesaria”, insiste.
Este abordaje combinado, se suele hacer, en general, bastante bien en nuestro país, incluyendo este abordaje psicoterapeutico, pero también es cierto que, como advierte Montes, “si no hay unidades más específicas de trastorno bipolar, como ocurre en algunos hospitales, sí que pueden cojear en el abordaje, sobre todo de esta parte psicoterapéutica”.
Puede que en el futuro podamos tener otras alternativas, pero hoy la medicación es necesaria
Luchando contra el estigma de las enfermedades mentales
Con el trastorno bipolar ocurre como con muchas enfermedades mentales, que está rodeado de estigmas, desinformación, falsos mitos y, en muchos casos, banalización, lo que lleva a una falta de concienciación sobre la enfermedad y a que los pacientes sufran más de lo que deberían, “las enfermedades mentales han sido siempre las grandes desconocidas, ha habido siempre mucho estigma, por eso hay que hacer divulgación”, asegura Montes.
Con una mejor divulgación se acabaría con la banalización y se podría reducir el infradiagnóstico, “hay que hacer entender que se trata de personas que tienen alteraciones en el estado de ánimo de manera sostenida y que afecta mucho a su calidad de vida, que no es solamente que alguien se levante con el pie izquierdo un día y alegre el otro. Todos tenemos variaciones en el estado de ánimo, pero las variaciones del estado de ánimo en el trastorno bipolar son significativas, clínicamente sostenidas en el tiempo y provocan un gran malestar en el paciente, por eso precisan un tratamiento”.
Los principales perjudicados de esta banalización y estigmatización son los pacientes que, en muchos casos, ni consultan “como hay mucho desconocimiento, no piden ayuda por temor precisamente a esas ideas erróneas, por temor a ser excluido socialmente o porque piensan que lo tienen no es grave… y esto es muy perjudicial, porque si no vas al médico, no te diagnostican ni, por supuesto, te tratan, y en este trastorno, como con todas las enfermedades, cuanto antes de se trate, mejor. También sigue habiendo mucho estigma con el tema de los tratamientos farmacológicos en trastornos mentales, la gente sigue teniendo mucho miedo y prejuicios con respecto a los psicofármacos…”.
El estigma lleva, por un lado, a no reconocerlo, no pedir ayuda, y por otro, a no querer contarlo, “creen que tener una enfermedad mental es algo rechazable, cuando la realidad es que las enfermedades y los trastornos mentales, con un buen abordaje, permiten llevar una vida completamente normal, y eso es algo que habría que decirlo más”, insiste.
Sigue habiendo mucho estigma con los psicofármacos
Para acabar, deja clara una reivindicación por el día mundial del trastorno bipolar: que las enfermedades mentales sean consideradas como cualquier otra, “son enfermedades que afectan a áreas del cerebro que regulan nuestras emociones, pero son tan normales como puede ser la diabetes, en la que lo que falla es la regulación de la glucosa. Por eso, las personas con enfermedades mentales no deberían ser miradas de una forma distinta a las personas que tienen diabetes, que necesitan, como las personas con enfermedad mental, un tratamiento. Hay suficientes unidades en España y perfectamente cualificadas como para asegurar una buena evolución de estas enfermedades y, con ella, evitar la discapacidad y permitir vivir en plenitud en todos los sentidos”.