Japón levanta en dos horas y con seis operarios su primera estación impresa en 3D

Exprés - El montaje, realizado de madrugada, se completó entre el último tren del día y el primero de la mañana, sin afectar al servicio ferroviario ni requerir una intervención prolongada.El monumento de la UNESCO que estuvo 1.000 años enterrado en un sótano lleno de cacharros Las prisas y los trenes nunca se han llevado del todo bien. Llegar justo cuando se cierran las puertas, correr escaleras abajo sin saber en qué andén estás o mirar con impotencia cómo se aleja el último vagón son experiencias universales. Por eso resulta tan curioso que precisamente en el mundo ferroviario japonés —donde cada minuto cuenta como si fuera oro— se haya logrado acelerar algo que siempre ha sido lento: la construcción de estaciones. Y lo han conseguido sin levantar muros ni poner ladrillos. Esta vez la vía rápida no tiene que ver con horarios, sino con impresoras. Japón y la paradoja de acelerar lo lento sin correr La estación de Hatsushima, en la prefectura de Wakayama, no tiene personal, no tiene colas y tampoco tiene ya el edificio que llevaba en pie desde 1948. En su lugar hay una pequeña estructura de hormigón, de menos de 10 metros cuadrados, con dos aberturas simples y un aspecto que recuerda más a un refugio que a una estación tradicional. Sin embargo, lo que le falta de grandeza lo compensa con un logro técnico: se imprimió en 3D y se montó en dos horas. El proceso fue tan directo como eficiente. Las piezas, elaboradas con hormigón y barras de refuerzo, se imprimieron a pocos kilómetros del destino final. La empresa Serendix, especializada en viviendas con esta tecnología, fue la encargada de fabricar la estructura. Serendix, empresa especializada en viviendas impresas en 3D, diseñó y fabricó los módulos de hormigón Una vez listas, las piezas se transportaron en camión y se ensamblaron durante la madrugada, en el intervalo entre el último tren del día y el primero de la mañana siguiente. Solo hizo falta una grúa y seis operarios para dejarlo todo listo antes de que amaneciera. Aunque parezca una solución provisional, la intención es todo lo contrario. JR West, la operadora ferroviaria detrás del proyecto, asegura que esta estación servirá como banco de pruebas para evaluar si la impresión 3D puede aplicarse en otras ubicaciones. Uno de sus portavoces explicó a la cadena NHK que “normalmente se tarda unos dos meses en construir una estación de este tamaño”, y que aquí el objetivo fue comprobar hasta qué punto se podía recortar ese plazo. Impresoras, mar salado y pruebas que podrían cambiarlo todo El edificio anterior, una construcción de madera ya deteriorada, no solo tenía un coste de mantenimiento cada vez más alto, sino que tampoco respondía a las necesidades reales del lugar. De hecho, la estación de Hatsushima da servicio a una zona de baja densidad, muy cerca de la isla deshabitada de Jinoshima, donde algunos vecinos acuden a practicar paddle surf, acampar o nadar. No hacía falta una gran infraestructura. Hacía falta algo útil, rápido y sostenible. Y aquí entra en juego el otro motivo de este experimento: la falta de personal cualificado. Con una población envejecida y una mano de obra cada vez más escasa, Japón busca formas de mantener su red ferroviaria sin depender tanto del trabajo manual. Como señaló JR West en un comunicado recogido por Nikkei, “la introducción de tecnologías innovadoras como la impresión en 3D facilitará la modernización de la planificación de la infraestructura ferroviaria”. A corto plazo, el plan es medir el impacto del clima marítimo en esta estructura, que está expuesta al aire salino procedente del mar. A largo plazo, se estudia su viabilidad como modelo replicable en otras zonas. No es una revolución decorativa ni una atracción turística. Es una muestra de cómo las tecnologías emergentes pueden redefinir incluso lo más clásico, como esperar el tren.

Abr 3, 2025 - 18:50
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Japón levanta en dos horas y con seis operarios su primera estación impresa en 3D

Japón levanta en dos horas y con seis operarios su primera estación impresa en 3D

Exprés - El montaje, realizado de madrugada, se completó entre el último tren del día y el primero de la mañana, sin afectar al servicio ferroviario ni requerir una intervención prolongada.

El monumento de la UNESCO que estuvo 1.000 años enterrado en un sótano lleno de cacharros

Las prisas y los trenes nunca se han llevado del todo bien. Llegar justo cuando se cierran las puertas, correr escaleras abajo sin saber en qué andén estás o mirar con impotencia cómo se aleja el último vagón son experiencias universales.

Por eso resulta tan curioso que precisamente en el mundo ferroviario japonés —donde cada minuto cuenta como si fuera oro— se haya logrado acelerar algo que siempre ha sido lento: la construcción de estaciones. Y lo han conseguido sin levantar muros ni poner ladrillos. Esta vez la vía rápida no tiene que ver con horarios, sino con impresoras.

Japón y la paradoja de acelerar lo lento sin correr

La estación de Hatsushima, en la prefectura de Wakayama, no tiene personal, no tiene colas y tampoco tiene ya el edificio que llevaba en pie desde 1948. En su lugar hay una pequeña estructura de hormigón, de menos de 10 metros cuadrados, con dos aberturas simples y un aspecto que recuerda más a un refugio que a una estación tradicional. Sin embargo, lo que le falta de grandeza lo compensa con un logro técnico: se imprimió en 3D y se montó en dos horas.

El proceso fue tan directo como eficiente. Las piezas, elaboradas con hormigón y barras de refuerzo, se imprimieron a pocos kilómetros del destino final. La empresa Serendix, especializada en viviendas con esta tecnología, fue la encargada de fabricar la estructura.

Serendix, empresa especializada en viviendas impresas en 3D, diseñó y fabricó los módulos de hormigón

Una vez listas, las piezas se transportaron en camión y se ensamblaron durante la madrugada, en el intervalo entre el último tren del día y el primero de la mañana siguiente. Solo hizo falta una grúa y seis operarios para dejarlo todo listo antes de que amaneciera.

Aunque parezca una solución provisional, la intención es todo lo contrario. JR West, la operadora ferroviaria detrás del proyecto, asegura que esta estación servirá como banco de pruebas para evaluar si la impresión 3D puede aplicarse en otras ubicaciones.

Uno de sus portavoces explicó a la cadena NHK que “normalmente se tarda unos dos meses en construir una estación de este tamaño”, y que aquí el objetivo fue comprobar hasta qué punto se podía recortar ese plazo.

Impresoras, mar salado y pruebas que podrían cambiarlo todo

El edificio anterior, una construcción de madera ya deteriorada, no solo tenía un coste de mantenimiento cada vez más alto, sino que tampoco respondía a las necesidades reales del lugar. De hecho, la estación de Hatsushima da servicio a una zona de baja densidad, muy cerca de la isla deshabitada de Jinoshima, donde algunos vecinos acuden a practicar paddle surf, acampar o nadar. No hacía falta una gran infraestructura. Hacía falta algo útil, rápido y sostenible.

Y aquí entra en juego el otro motivo de este experimento: la falta de personal cualificado. Con una población envejecida y una mano de obra cada vez más escasa, Japón busca formas de mantener su red ferroviaria sin depender tanto del trabajo manual.

Como señaló JR West en un comunicado recogido por Nikkei, “la introducción de tecnologías innovadoras como la impresión en 3D facilitará la modernización de la planificación de la infraestructura ferroviaria”.

A corto plazo, el plan es medir el impacto del clima marítimo en esta estructura, que está expuesta al aire salino procedente del mar. A largo plazo, se estudia su viabilidad como modelo replicable en otras zonas. No es una revolución decorativa ni una atracción turística. Es una muestra de cómo las tecnologías emergentes pueden redefinir incluso lo más clásico, como esperar el tren.

Todo apunta a que, si la fórmula funciona, las próximas estaciones del futuro en Japón no empezarán con planos ni excavadoras. Lo harán con un archivo digital, una impresora y algo de tiempo entre trenes.

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