La nueva 'Blancanieves' de Disney con sus cambios es la historia que me habría gustado ver de pequeña
Disney lleva años intentando reinventar el concepto de princesa y, con su nuevo live-action, finalmente ha dado con la fórmula perfecta.

[ESTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DEL LIVE-ACTION DE BLANCANIEVES]
Rachel Zegler se merece una disculpa. Fue en una de sus primeras declaraciones, cuando recién se había anunciado que la protagonista del West Side Story de Spielberg y de la precuela de Los juegos del hambre daría vida a Blancanieves en el nuevo live-action de Disney, que la actriz declaró que su versión de la princesa no estaría soñando con enamorarse y no sería salvada por el príncipe. "Quiero decir, ya no estamos en 1937", añadía.
La entrevista, de hace dos años, todavía puede encontrarse en YouTube. En los comentarios, alguien escribió: "Vamos, que le van a quitar el romance a una historia de amor clásica". Ese comentario tiene 7.400 likes, un número menor, seguramente, que el número de críticas que recibió la actriz por decir que, en esta nueva versión de la historia, la primera princesa de Disney estaría centrada en "convertirse en la líder que sabe que puede ser" y no en "encontrar el amor verdadero".
El pánico de muchos tras estas palabras no es del todo infundado. En los últimos años, las nuevas princesas como Mérida, Elsa o Vaiana han dejado completamente de lado el romance para convertirse en guerreras y reinas independientes, demostrándoles a las niñas que ellas también pueden ser protagonistas de su propia historia sin un príncipe que llegue para solucionar todos sus problemas.
Y mientras las nuevas princesas enseñaban otra manera de reinar, los remakes en forma de live-action de las antiguas, hablamos, por ejemplo, de la Jasmín de Naomi Scott o la sirenita de Halle Bailey, decidían profundizar en sus personalidades, dejando claro que la primera soñaba más con ser escuchada que con Aladdín y la segunda con explorar el mundo de los humanos más que con el príncipe Eric.
Por ello, las declaraciones de Zegler hicieron saltar las alarmas de los fans de la princesa de la manzana envenenada al ver que les tocaba ahora a ellos lidiar con las consecuencias de aplicar una mirada moderna sobre uno de los mayores clásicos de Disney. ¿Pero quería eso decir que la primera princesa de Disney iba a cambiar de personalidad? ¿Iban, acaso, a quitar algo tan mítico como ese beso de amor verdadero? ¿No iba el príncipe a salvarla de la maldición?
Hemos tenido que esperar dos años tras aquella entrevista para contestar a estas preguntas y saber a qué se refería exactamente la actriz cuando decidió presentar con esas palabras a su princesa pero, ahora que ya hemos visto la película (estrenada en cines el 21 de marzo), podemos afirmar que la historia que nos muestra esta nueva Blancanieves no solo no se ha deshecho del romance, sino que lo ha mejorado y, de paso, ha arreglado todos los problemas que presentaba la película original.
Las polémicas de la Blancanieves original
El beso de amor verdadero, la amistad con los animales, la reina malvada, el príncipe que llega para salvar a su princesa... En 1937, Disney nos presentó a la que se convertiría en la primera de esa retahíla de princesas con las que las niñas se pasarían décadas y décadas soñando ser. Tenía la piel blanca como la nieve, los labios rojos como las rosas, el pelo negro como el azabache y, sobre todo, era la más bonita de todo el reino.
Pero, como bien afirmaba Zegler, la película era hija de su época y, en 1937, la idea del romance y de lo que la mujer perfecta tenía que ser era muy diferente a la que tenemos ahora. ¿Y quién era Blancanieves sino esa mujer perfecta a la que las niñas debían querer parecerse? Pues no solo era ideal por fuera, sino que su conducta era impecable.
Era esa combinación entre delicadeza y saber exactamente cómo debía comportarse una dama la que la convertía en el ideal de mujer de los años 30 y la que hacía que, cuando llegaba al hogar de los enanitos, decidiese que lo primero que tenía que hacer era limpiar a fondo la casa de unos completos desconocidos y después ofrecerse a cocinar, coser y barrer para que la dejasen quedarse con ellos.
Y si su personalidad ya pendía de un hilo, pues poco más nos mostraban de sus ideales, sueños u objetivos -lo único que hacía era cocinar mientras soñaba con el amor-, su romance con el príncipe todavía lo hacía más. Para ser considerada una "clásica historia de amor", la interacción entre ambos aparecía casi de manera testimonial y, tras una primera aparición donde este le juraba amor eterno sin conocerla, solamente volvía a aparecer para darle directamente ese beso de amor verdadero.
Es de esta manera que se trasladaron los marcados roles de género de la época al ideal de historia de amor con el que soñar, con una princesa valorada únicamente por su belleza y sus dotes de madre y un príncipe que lo único que tenía que hacer era ser encantador. Un final feliz que, además, con los años, ha sido duramente criticado por forzar con un beso un romance poco desarrollado durante la película.
Como persona que tiene más de una foto de niña disfrazada de Blancanieves y que estaba obsesionada con las princesas, nada de lo dicho hasta ahora sale desde el odio al concepto de princesa, más bien todo lo contrario. Esta es la visión de una niña que creció empapándose de ellas y que justamente por ello puede decir que, muchos años después, ha encontrado en la nueva Blancanieves la historia que le hubiese gustado que viera su yo de pequeña.
Una líder que cree en el amor
Como decía, me gustan las historias de princesas desde que tengo uso de razón y el romance siempre ha sido mi género favorito. Por ello, aunque me encante ver a Mérida superar a todos sus pretendientes con el arco o que el tema principal de la historia de Elsa sea la relación con su hermana, soy de las que empiezan a echar de menos que las nuevas princesas se enamoren.
También de las que defienden que Disney no siempre lo hizo tan mal. Ahí estaba Mulán, que salvó a toda China mientras se enamoraba del capitán Shang, o Jasmín, que literalmente fue la responsable de toda la trama de Aladdín, pues si tantos príncipes iban a verla era porque ella se negaba a casarse con ninguno y no entendía por qué necesitaba a un marido para ser sultana.
Es por ello que cuesta entender por qué un día Disney decidió que, para que las princesas fuesen fuertes, valientes y tuviesen pensamientos propios, había que quitarles a sus príncipes azules, como si hubiese que escoger entre tener a una mujer protagonista bien desarrollada y un buen romance en pantalla, entre ser feministas y querer encontrar el amor.
¿Por qué debería ser eso incompatible? ¿Acaso lo era para el príncipe de la Bella durmiente, que luchaba contra un dragón estando enamorado? ¿Por qué no pueden las princesas hacer exactamente lo mismo? La respuesta más simple es la correcta y es que, en realidad, pueden perfectamente, y los cambios en la trama del live-action de Blancanieves lo demuestran. Una princesa es una futura reina y puede tenerlo todo, puede querer gobernar y puede encontrar a su futuro rey por el camino.
Y eso es exactamente lo que hace el personaje de Zegler y lo que ya adelantó la actriz en aquella primera entrevista. No se trata de deshacerse del romance. En esta nueva versión, el príncipe no es un príncipe que solo por eso ya debe ser admirado y querido, es un hombre que cree en el bien y que se gana la vida como puede, que se enamora de ella no solo por su físico sino por su personalidad, y que encuentra en ella lo que significa el amor verdadero.
Un amor que es completamente correspondido y que, importante distinción, es expresado. Un amor al que se le da gran importancia con una canción nueva en la que no solamente están a punto de besarse, sino que se piden mutuamente que, si algún día les pasa algo malo, el otro les salve con un beso de amor verdadero. Y así, tan fácil como es desarrollar la trama romántica, el problema del final de la película original se ha arreglado sin deshacerse de la manzana envenenada ni de ese mítico beso.
Así, también, conseguimos a una protagonista que no deja atrás su papel de princesa y su historia de amor para convertirse en guerrera. Es más, no la vemos luchar en ningún momento, pero sí la vemos urdir planes para derrotar a la reina malvada y preocuparse por ser la futura reina y líder que debe ser, siempre con el objetivo de devolverle a su reino la paz que le fue arrebatada.
La más hermosa del reino (en todos los sentidos)
Es decir, que Blancanieves tiene ideales y personalidad y, por ello, tampoco es una mujer que solo sueña con que venga el príncipe a buscarla y que al entrar en una casa solo piensa en lo sucia que está. En esta nueva versión, los enanitos empiezan una pelea mientras desayunan que acaba con toda la casa patas arriba, lo que da pie a que ella decida que hay que arreglarla y que no van a ser los animales los que la ayuden.
Una vez más, ni siquiera es necesario deshacerse de una de sus canciones más míticas, pues es verdad que silbando al trabajar el día de limpieza pasa más rápido, pero más rápido pasa todavía si los enanitos -que encima son los culpables de que la casa esté así- cambian el pico y la pala por la balleta y la escoba y le echan una mano.
Es por ello que esta nueva Blancanieves es la que siempre debió ser, aunque sepamos que habría sido imposible para la mentalidad de su época. Ni siquiera necesitaba cambiar toda su historia para convertirse en un buen modelo a seguir para las niñas, sino solamente tener el contexto que le faltaba a su romance y a su personalidad como futura reina.
Es haciendo eso que, además, hemos encontrado en ella la mejor moraleja de todas: por muy guapa que seas por fuera, es solo si en tu corazón existe la empatía y el deseo de hacer lo correcto que siempre serás la más hermosa del reino pues, al contrario de lo que se pensaba en 1930, una mujer es perfecta no solamente siendo bonita por fuera, sino cuanto más bonita es en su interior.
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