Otoño "soleado": cómo ve Economía la actividad tras el acuerdo con el FMI
La expectativa para el segundo trimestre es positiva en materia de actividad y resultado fiscal. Las dudas en lo cambiario recalientan la inflación.

Las perspectivas para el segundo trimestre en materia económica indican un otoño "soleado", según analistas. De todas formas, el foco está puesto en la apertura del cepo pasada la primavera. Los fondos frescos del FMI podrían facilitar esa tarea,aunque la duda fundamental es cuándo llegarán.
Un trimestre soleado
En marzo la actividad arrancó parecida a febrero, con los fundamentals en el mismo sentido, una situación fiscal sólida, aunque con mayor presión sobre el gasto, con la actividad que mantiene su tendencia de recuperación en V, un proceso de desinflación con ruido pero constante y una balanza comercial que responden al ruido del mercado cambiario.
Para la actividad económica, esperan una recuperación en el primer trimestre de 6,3%, seguida por un 7,7% en el segundo, mientras que habría una desaceleración en el cuarto (2,5%) y el quinto (3,8%).
En materia de superávit, desde Cohen destacaron que si bien se mantiene el resultado fiscal, en el primer bimestre este fue menor al que se vio en el mismo período del año pasado, en especial por el fin del efecto de la licuación que se dio en 2024.
"Parte del ajuste del año pasado tiene que ver con una fuerte licuación, que no queda para siempre. La motosierra si dura más", explicó Milagros Gismondi, economista senior de Cohen, en referencia al aumento del gasto en un 19% en el primer bimestre, que recortó el superávit de 0,8% del PBI a 0,5%.
En materia inflacionaria, espera que se mantenga en los niveles de los últimos dos meses y para marzo se ubicará en 2,4%, todavía con algún efecto de la carne sobre los precios de los alimentos.
Un factor de impulso a la actividad que destacaron desde la división de research de BBVA es el consumo que, empujado por la recuperación de los salarios, será "el componente que haga el mayor aporte al crecimiento de la actividad".
El "talón de aquiles" del programa hoy en día es la situación cambiaria. Con las reservas todavía en negativo y un tipo de cambio real multilateral en niveles bajos, la incertidumbre por las definiciones del acuerdo con el FMI sumaron ruido en el frente cambiario.
A ello, se suma que la recuperación económica presiona sobre la demanda de importaciones, efecto que se reflejó en el salto del 42% que tuvieron en febrero. Esto impactó en el saldo de la balanza comercial que recortó su resultado, pero que aún se mantiene en terreno positivo, con altas expectativas de mejora por las exportaciones de energía, que cerrarían por encima de lo registrado en 2024, y la reducción del riesgo de sequía que implicaría para el agro ventas similares a las vistas el año pasado.
FMI: importa el cuánto y el cuándo
Las pocas definiciones sobre el programa en negociación generaron ruido en el mercado cambiario que empujó las ventas de divisas por parte del Banco Central. La estimación más sólida indica que el préstamo sería por u$s 20.000 millones para comprar letras intransferibles y refinanciar cuatro años de vencimientos de capital con el FMI.
Según indicó Gismondi, por u$s 3.300 millones el Tesoro podría recomprar las letras en manos del Banco Central. Sin embargo, para cubrir la totalidad de las necesidades financieras que enfrentará el país este año (incluyendo Bopreal, intereses con el FMI y otros multilaterales, vencimientos con organismos y privados), se necesitan u$s 15.500 millones. Sin embargo, existen altas posibilidades de refinanciamiento por parte de otros organismos, en línea con lo negociado con el FMI.
Un elemento fundamental en el programa que se acuerde con el organismo es cuándo llegará el desembolso inicial y a cuánto ascendería. De ellos dependerá, tal como ha dicho el propio presidente Javier Milei, la velocidad de la flexibilización de las restricciones cambiarias.
En base a esto ven desde Cohen dos escenarios: un desembolso inicial que no implique cambios en materia cambiaria antes de las elecciones y permita mantener la baja paulatina de la inflación, o un desembolso con correcciones que no impliquen un salto cambiario con impacto inflacionario antes de las elecciones, aunque sí sobre los paralelos, que presionarán al alza de la tasa.
BBVA se inclina más por la segunda alternativa de cambios menores en el esquema cambiario, con el grueso de las reformas luego de las elecciones.
Una particularidad de este análisis es que el programa cubriría los vencimientos de cuatro años (que ascienden a u$s 14.000 millones) y un financiamiento extra que podría alcanzar los u$s 10.000 millones para "pagar intereses y recapitalizar el Banco Central".