El nuevo sainete del juez Peinado: el miedo ante el 'tiro de cámara' de los periodistas
Que para el polémico juez Juan Carlos Peinado algunos periodistas, básicamente los que le sacamos los colores ante sus autos infumables, somos unos sicarios, es un hecho innegable. Pero de ahí, a poner negro sobre blanco que el día que fue a la Moncloa a tomar declaración al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su seguridad corrió peligro porque tuvo que esperar con gente frente al complejo es, directamente, de sainete, pues allí solo había periodistas. Que oye, que igual confunde el señor Peinado el 'tiro de cámara', con que el cámara le pegue un tiro. Que yo, a estas alturas, y con este señor, me lo creo todo, todito, todo. Y ustedes, lectores, se preguntarán que de dónde me saco lo anterior, porque lo contrario sería haberme vuelto completamente loca. Pues bien, aquí les dejo lo dicho por el José Luis Cuerda de las togas (perdóneme señor Cuerda desde el más allá pero me ha salido sola la frase): "El complejo presidencial, cuenta con múltiples medidas de seguridad, lo que no impidió, que, a la comisión judicial, una vez, permitido el acceso a los agentes de la Policía Judicial, que acompañaban al vehículo de la comisión judicial, cuyos ocupantes, habían sido previamente identificados, se le retuviera un periodo de tiempo sensiblemente superior al necesario, para permitirle el acceso, existiendo un nutrido número de personas, expectantes en las inmediaciones de dicho vehículo, con el consiguiente riesgo para la integridad física de los ocupantes del mismo, mientras el vehículo ocupado por el Letrado de la persona investigada, accedía sin espera de ningún tipo, y elevando la barrera paralela a la que estaba impidiendo el paso al vehículo judicial". Y es que, cuando lo he leído, primero me ha entrado la risa floja y luego un cabreo soberano, pues esto es muy serio. Así pues, lectores, les explico para que, como siempre les digo, saquen ustedes sus propias conclusiones. Aquel día de finales de julio en la Moncloa solo había dos grupos: los periodistas, repartidos en las dos entradas a la Moncloa; y los acólitos del pseudosindicato HazteOír que acudieron de 'peinaders' (que me perdone también Justin Bieber) y que, además, estaban jaleando a su señoría desde la otra entrada, por lo que no creo que piense la señoría que corría peligro por el frente de juventudes formado por señores y señoras de avanzada edad que le jaleaban. Por tanto, teniendo en cuenta todo lo anterior y yéndonos a mi principio favorito de la navaja de Ockham, los locos peligrosos que tanto miedo le dieron al juez no eran otros que los periodistas de tribunales que tiene todos los días que hay declaraciones apostados en la puerta de los juzgados de plaza Castilla. Pero claro, este señor quiere ser la novia en la boda y el muerto en el funeral. Tiene unas ansias de protagonismo, un ego, que, si algún día entra junto a él en su despacho, explotan los juzgados. Hay que tener las gónadas de cemento armado para, siendo juez y...
Que para el polémico juez Juan Carlos Peinado algunos periodistas, básicamente los que le sacamos los colores ante sus autos infumables, somos unos sicarios, es un hecho innegable. Pero de ahí, a poner negro sobre blanco que el día que fue a la Moncloa a tomar declaración al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su seguridad corrió peligro porque tuvo que esperar con gente frente al complejo es, directamente, de sainete, pues allí solo había periodistas. Que oye, que igual confunde el señor Peinado el 'tiro de cámara', con que el cámara le pegue un tiro. Que yo, a estas alturas, y con este señor, me lo creo todo, todito, todo. Y ustedes, lectores, se preguntarán que de dónde me saco lo anterior, porque lo contrario sería haberme vuelto completamente loca. Pues bien, aquí les dejo lo dicho por el José Luis Cuerda de las togas (perdóneme señor Cuerda desde el más allá pero me ha salido sola la frase): "El complejo presidencial, cuenta con múltiples medidas de seguridad, lo que no impidió, que, a la comisión judicial, una vez, permitido el acceso a los agentes de la Policía Judicial, que acompañaban al vehículo de la comisión judicial, cuyos ocupantes, habían sido previamente identificados, se le retuviera un periodo de tiempo sensiblemente superior al necesario, para permitirle el acceso, existiendo un nutrido número de personas, expectantes en las inmediaciones de dicho vehículo, con el consiguiente riesgo para la integridad física de los ocupantes del mismo, mientras el vehículo ocupado por el Letrado de la persona investigada, accedía sin espera de ningún tipo, y elevando la barrera paralela a la que estaba impidiendo el paso al vehículo judicial". Y es que, cuando lo he leído, primero me ha entrado la risa floja y luego un cabreo soberano, pues esto es muy serio. Así pues, lectores, les explico para que, como siempre les digo, saquen ustedes sus propias conclusiones. Aquel día de finales de julio en la Moncloa solo había dos grupos: los periodistas, repartidos en las dos entradas a la Moncloa; y los acólitos del pseudosindicato HazteOír que acudieron de 'peinaders' (que me perdone también Justin Bieber) y que, además, estaban jaleando a su señoría desde la otra entrada, por lo que no creo que piense la señoría que corría peligro por el frente de juventudes formado por señores y señoras de avanzada edad que le jaleaban. Por tanto, teniendo en cuenta todo lo anterior y yéndonos a mi principio favorito de la navaja de Ockham, los locos peligrosos que tanto miedo le dieron al juez no eran otros que los periodistas de tribunales que tiene todos los días que hay declaraciones apostados en la puerta de los juzgados de plaza Castilla. Pero claro, este señor quiere ser la novia en la boda y el muerto en el funeral. Tiene unas ansias de protagonismo, un ego, que, si algún día entra junto a él en su despacho, explotan los juzgados. Hay que tener las gónadas de cemento armado para, siendo juez y...
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