La industria está añadiendo proteína al café, al yogur y hasta al pan, pero ¿realmente sirve de algo?
Ya no le sorprende a nadie una hamburguesa de brócoli en el super o un yogur con extra de proteína. Cada vez es más común encontrar productos enriquecidos con proteínas en las tiendas y restaurantes. Desde el café hasta el pan, pasando por yogures y cereales, la tendencia de aumentar el contenido proteico en los alimentos ha ganado popularidad en los últimos años. Pero la cuestión es su realmente aporta beneficios para la salud o es solo una estrategia de marketing. Las proteínas son esenciales para el organismo, ya que ayudan en la regeneración muscular, la producción de enzimas y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Sin embargo, la mayoría de las personas que llevan una dieta equilibrada ya obtienen suficiente proteína de fuentes naturales como carne, huevos, legumbres y frutos secos, sin necesidad de consumir productos fortificados. En Directo al Paladar 52 recetas fáciles de snacks ricos en proteínas para perder peso o un picoteo saludable Uno de los principales argumentos a favor de estos productos es su utilidad para deportistas o personas con necesidades proteicas específicas. En estos casos, los alimentos enriquecidos pueden ser una opción conveniente para alcanzar los requerimientos diarios sin recurrir a suplementos en polvo. No obstante, para la población general, un exceso de proteínas puede no aportar beneficios adicionales. Un aspecto clave a considerar es la calidad de la proteína agregada. Productos con aditivos En muchos productos procesados, la proteína proviene de aislados de suero, soja o guisante, que si bien pueden ser fuentes válidas, no siempre contienen el mismo perfil de aminoácidos esenciales que los alimentos enteros. Además, algunos productos incluyen aditivos y edulcorantes que pueden restar valor nutricional al alimento original. Otro punto a evaluar es el impacto económico. Los productos enriquecidos suelen tener un precio significativamente más alto que sus versiones regulares, lo que puede hacer que los consumidores paguen más por un beneficio que podrían obtener de forma natural en su dieta diaria. Un yogur con proteína, por ejemplo, puede costar el doble que uno normal sin que la diferencia nutricional justifique el precio. No son un sustituto También es importante analizar el impacto en la saciedad. Si bien la proteína es un macronutriente que ayuda a mantenernos llenos por más tiempo, su efectividad depende de la cantidad consumida y de su combinación con otros nutrientes. Un café con proteína puede no ser suficiente para sustituir un desayuno completo con huevos, frutas y cereales integrales. En definitiva, aunque la incorporación de proteína en productos cotidianos puede ser beneficiosa para ciertos perfiles de consumidores, para la mayoría de las personas no es una necesidad real. Antes de optar por estos productos, es importante revisar su composición, evaluar si realmente aportan un extra en la dieta y considerar si el precio justifica su compra. En muchos casos, una alimentación equilibrada sigue siendo la mejor estrategia para garantizar una ingesta adecuada de proteínas. Foto | Justin Doherty y Polina Tankilevitch En DAP | Qué carne animal tiene más proteínas: ¿vacuno, pollo, cerdo o pescado? En DAP | Ni chorizo, ni morcilla: esta es mi carne favorita para añadir a las lentejas sabor y proteínas - La noticia La industria está añadiendo proteína al café, al yogur y hasta al pan, pero ¿realmente sirve de algo? fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Joana Costa .

Ya no le sorprende a nadie una hamburguesa de brócoli en el super o un yogur con extra de proteína. Cada vez es más común encontrar productos enriquecidos con proteínas en las tiendas y restaurantes. Desde el café hasta el pan, pasando por yogures y cereales, la tendencia de aumentar el contenido proteico en los alimentos ha ganado popularidad en los últimos años.
Pero la cuestión es su realmente aporta beneficios para la salud o es solo una estrategia de marketing. Las proteínas son esenciales para el organismo, ya que ayudan en la regeneración muscular, la producción de enzimas y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico.
Sin embargo, la mayoría de las personas que llevan una dieta equilibrada ya obtienen suficiente proteína de fuentes naturales como carne, huevos, legumbres y frutos secos, sin necesidad de consumir productos fortificados.
Uno de los principales argumentos a favor de estos productos es su utilidad para deportistas o personas con necesidades proteicas específicas. En estos casos, los alimentos enriquecidos pueden ser una opción conveniente para alcanzar los requerimientos diarios sin recurrir a suplementos en polvo.
No obstante, para la población general, un exceso de proteínas puede no aportar beneficios adicionales. Un aspecto clave a considerar es la calidad de la proteína agregada.

Productos con aditivos
En muchos productos procesados, la proteína proviene de aislados de suero, soja o guisante, que si bien pueden ser fuentes válidas, no siempre contienen el mismo perfil de aminoácidos esenciales que los alimentos enteros. Además, algunos productos incluyen aditivos y edulcorantes que pueden restar valor nutricional al alimento original.
Otro punto a evaluar es el impacto económico. Los productos enriquecidos suelen tener un precio significativamente más alto que sus versiones regulares, lo que puede hacer que los consumidores paguen más por un beneficio que podrían obtener de forma natural en su dieta diaria. Un yogur con proteína, por ejemplo, puede costar el doble que uno normal sin que la diferencia nutricional justifique el precio.
No son un sustituto
También es importante analizar el impacto en la saciedad. Si bien la proteína es un macronutriente que ayuda a mantenernos llenos por más tiempo, su efectividad depende de la cantidad consumida y de su combinación con otros nutrientes. Un café con proteína puede no ser suficiente para sustituir un desayuno completo con huevos, frutas y cereales integrales.
En definitiva, aunque la incorporación de proteína en productos cotidianos puede ser beneficiosa para ciertos perfiles de consumidores, para la mayoría de las personas no es una necesidad real.
Antes de optar por estos productos, es importante revisar su composición, evaluar si realmente aportan un extra en la dieta y considerar si el precio justifica su compra. En muchos casos, una alimentación equilibrada sigue siendo la mejor estrategia para garantizar una ingesta adecuada de proteínas.
Foto | Justin Doherty y Polina Tankilevitch
En DAP | Qué carne animal tiene más proteínas: ¿vacuno, pollo, cerdo o pescado?
En DAP | Ni chorizo, ni morcilla: esta es mi carne favorita para añadir a las lentejas sabor y proteínas
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La industria está añadiendo proteína al café, al yogur y hasta al pan, pero ¿realmente sirve de algo?
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Directo al Paladar
por
Joana Costa
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