La Semana Santa es hija de su tiempo. Quizá es eso lo que la convierte en la fiesta total que, con el trasfondo ineludible del hecho religioso, incardinado al antropológico y a la tradición que se va legando en el tiempo, se adapta a las modas. Y es aquí lo controvertido de encontrar el equilibrio de mantener el canon que no rompa su esencia y que se pueda adaptar a los gustos del momento. Por eso, el éxito que le atribuimos a la Semana Santa en lo cuantitativo es indirectamente proporcional al pesimismo que sugiere en lo cualitativo. Somos más, todo es más sofisticado y espectacular, se ha llegado a sublimar lo artístico en lo patrimonial, en lo musical y...
Ver Más