Trump, el canto del cisne de un ególatra

La frivolidad actual ha hecho que Trump sea contemplado como un genio que sabe lo que hace, cuando más bien es una mezcla de soberbia, crueldad y profunda estupidez, amargado porque su tiempo se acaba. Quiere dejar huella y a fe que la va a dejar. Incluso a través de sus clones sembrados por el mundo Donald Trump ha lanzado un meteorito sobre la economía mundial con la suficiente potencia para devastar vidas y haciendas. Y hay un factor añadido a las múltiples señales de alarma que nos hace preguntarnos si se está alcanzado a ver la dimensión de en qué manos estamos. Un proyecto largamente preparado, se supone, oficiado como una ceremonia en el escenario de las grandes ocasiones, el Jardín de las Rosas, por un presidente que sobreactúa, miente y muestra toda su prepotencia, su vanidad infinita. Pero algo falla muy a las claras. La sentencia de sus aranceles no solo evidencia sus inquinas: es un desastre que pone ante los ojos del mundo el desquiciado e incapaz equipo que se ha sentado con ganas de mando mundial en la Casa Blanca. Es inaudito anunciar con tal parafernalia semejante chapuza, que no quita ni un ápice del daño que quiere hacer con ella. Los errores en la tabla de aranceles son ostensibles. No solo confunde conceptos de primer curso de Economía, hay atribuciones de aranceles tan absurdas como para desencadenar una cadena de bromas que convierte a la administración Trump en el hazmerreír internacional. Lo peor es que detrás de cada anotación hay personas, bienes, presente y futuro. El país que ha acabado con el impuesto más alto, un 50%, es Lesotho. País en desarrollo, africano. No importa nada de Estados Unidos porque es pobre y, por lo tanto, tiene un elevado déficit comercial con EEUU. Por no importar nada. Explica el ministro español Carlos Cuerpo. Otro desajuste: aplicar aranceles a una isla poblada solo por pingüinos. Ésta ha triunfado en la parte que se centra en el espectáculo, pero hay más. Las islas Guadalupe y La Martinica tienen un 10% de penalización, mientras Francia -el país al que pertenecen- está castigado con un 20% como europeo. Se estudia, siguen las bromas, canalizar las exportaciones a EEUU por las Antillas francesas. Todavía más jocoso puede ser el 10% que le ha caído a la isla de Diego García, ubicada en mitad del Océano Indico. Solo contiene una Base militar… norteamericana. Habitada únicamente por personal militar y contratado para servicios. Tiene restringido el acceso a visitas. Y Trump les ha puesto aranceles del 10% a su propio país, a sus ciudadanos. Y es que, según se está deduciendo, la famosa tabla no se ha estructurado por países sino… por dominios de Internet. Y se cree que ha sido elaborada por lo que llaman Inteligencia artificial. Bastante torpe en esta ocasión, como en muchas otras. Millones de personas afectadas, un cambio radical de la economía mundial, y Trump y su grupo de lumbreras la elaboran con estos mimbres. Es terrible, un punto muy preocupante. En estas manos estamos. Trufadas del más rancio conservadurismo además, como corresponde a personas tan prepotentes como estúpidas. Y lo peor es que no están solos en las cúspides del mando o con opciones de ganarlo por el voto de esos peculiares ciudadanos que quieren en el poder a sus semejantes. Trump condena a la economía global a más inflación, menos crecimiento y mucha incertidumbre. Hay un total consenso en ello. En análisis serios, por descontado. El “día de la liberación” trumpista ha propiciado en realidad el “día de la ruina” según trae en portada The Economist. La revista bautizada con el tópico “biblia neoliberal” dispara una cadena de críticas inusuales en sus análisis. “Casi todo lo que dijo el señor Trump esta semana —sobre historia, economía y los aspectos técnicos del comercio— fue completamente delirante. Su interpretación de la historia está al revés”, dice. “En materia económica, las afirmaciones del señor Trump son un completo disparate”. Y cita entre los ejemplos que “ todo indica que los funcionarios establecieron los aranceles con una fórmula que toma el déficit comercial bilateral como proporción de las importaciones de cada país y lo divide por la mitad—una lógica casi tan arbitraria como cobrarle impuestos a alguien según la cantidad de vocales en su nombre”. JPMorgan, una de las mayores empresas financieras del mundo, dice que los aranceles de Donald Trump representan “el mayor aumento de impuestos desde la Ley de Ingresos de 1968” y podrían empujar a la economía estadounidense “peligrosamente cerca de caer en recesión” al aumentar la inflación y paralizar el gasto del consumidor. Un buen número de observadores creen que es China quien más se va a ver beneficiada. Esa China que ha sido la primera en responder anunciando aranceles a Estados Unidos del 34% en respuesta a la guerra comercial de Trump y que complicarán la situación de las tecnológicas que este v

Abr 5, 2025 - 07:21
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Trump, el canto del cisne de un ególatra

Trump, el canto del cisne de un ególatra

La frivolidad actual ha hecho que Trump sea contemplado como un genio que sabe lo que hace, cuando más bien es una mezcla de soberbia, crueldad y profunda estupidez, amargado porque su tiempo se acaba. Quiere dejar huella y a fe que la va a dejar. Incluso a través de sus clones sembrados por el mundo

Donald Trump ha lanzado un meteorito sobre la economía mundial con la suficiente potencia para devastar vidas y haciendas. Y hay un factor añadido a las múltiples señales de alarma que nos hace preguntarnos si se está alcanzado a ver la dimensión de en qué manos estamos. Un proyecto largamente preparado, se supone, oficiado como una ceremonia en el escenario de las grandes ocasiones, el Jardín de las Rosas, por un presidente que sobreactúa, miente y muestra toda su prepotencia, su vanidad infinita. Pero algo falla muy a las claras. La sentencia de sus aranceles no solo evidencia sus inquinas: es un desastre que pone ante los ojos del mundo el desquiciado e incapaz equipo que se ha sentado con ganas de mando mundial en la Casa Blanca. Es inaudito anunciar con tal parafernalia semejante chapuza, que no quita ni un ápice del daño que quiere hacer con ella.

Los errores en la tabla de aranceles son ostensibles. No solo confunde conceptos de primer curso de Economía, hay atribuciones de aranceles tan absurdas como para desencadenar una cadena de bromas que convierte a la administración Trump en el hazmerreír internacional. Lo peor es que detrás de cada anotación hay personas, bienes, presente y futuro.

El país que ha acabado con el impuesto más alto, un 50%, es Lesotho. País en desarrollo, africano. No importa nada de Estados Unidos porque es pobre y, por lo tanto, tiene un elevado déficit comercial con EEUU. Por no importar nada. Explica el ministro español Carlos Cuerpo.

Otro desajuste: aplicar aranceles a una isla poblada solo por pingüinos. Ésta ha triunfado en la parte que se centra en el espectáculo, pero hay más. Las islas Guadalupe y La Martinica tienen un 10% de penalización, mientras Francia -el país al que pertenecen- está castigado con un 20% como europeo. Se estudia, siguen las bromas, canalizar las exportaciones a EEUU por las Antillas francesas. Todavía más jocoso puede ser el 10% que le ha caído a la isla de Diego García, ubicada en mitad del Océano Indico. Solo contiene una Base militar… norteamericana. Habitada únicamente por personal militar y contratado para servicios. Tiene restringido el acceso a visitas. Y Trump les ha puesto aranceles del 10% a su propio país, a sus ciudadanos.

Y es que, según se está deduciendo, la famosa tabla no se ha estructurado por países sino… por dominios de Internet. Y se cree que ha sido elaborada por lo que llaman Inteligencia artificial. Bastante torpe en esta ocasión, como en muchas otras. Millones de personas afectadas, un cambio radical de la economía mundial, y Trump y su grupo de lumbreras la elaboran con estos mimbres. Es terrible, un punto muy preocupante.

En estas manos estamos. Trufadas del más rancio conservadurismo además, como corresponde a personas tan prepotentes como estúpidas. Y lo peor es que no están solos en las cúspides del mando o con opciones de ganarlo por el voto de esos peculiares ciudadanos que quieren en el poder a sus semejantes.

Trump condena a la economía global a más inflación, menos crecimiento y mucha incertidumbre. Hay un total consenso en ello. En análisis serios, por descontado. El “día de la liberación” trumpista ha propiciado en realidad el “día de la ruina” según trae en portada The Economist. La revista bautizada con el tópico “biblia neoliberal” dispara una cadena de críticas inusuales en sus análisis. “Casi todo lo que dijo el señor Trump esta semana —sobre historia, economía y los aspectos técnicos del comercio— fue completamente delirante. Su interpretación de la historia está al revés”, dice. “En materia económica, las afirmaciones del señor Trump son un completo disparate”. Y cita entre los ejemplos que “ todo indica que los funcionarios establecieron los aranceles con una fórmula que toma el déficit comercial bilateral como proporción de las importaciones de cada país y lo divide por la mitad—una lógica casi tan arbitraria como cobrarle impuestos a alguien según la cantidad de vocales en su nombre”.

JPMorgan, una de las mayores empresas financieras del mundo, dice que los aranceles de Donald Trump representan “el mayor aumento de impuestos desde la Ley de Ingresos de 1968” y podrían empujar a la economía estadounidense “peligrosamente cerca de caer en recesión” al aumentar la inflación y paralizar el gasto del consumidor.

Un buen número de observadores creen que es China quien más se va a ver beneficiada. Esa China que ha sido la primera en responder anunciando aranceles a Estados Unidos del 34% en respuesta a la guerra comercial de Trump y que complicarán la situación de las tecnológicas que este viernes ha sufrido fuertes caídas bursátiles. La UE anda pensando, dice, en impuestos precisamente a las tecnológicas. Pueden ser un punto débil para Trump, sin duda. Es el gran bloque empresarial que le apoya. Robert Reich, miembro en su día de los equipos de Clinton y de Obama, afirma contundente a los países agredidos con los aranceles: No negocieis. No ahora, para hacerlo después desde una posición de poder.

Y todavía va más allá en las críticas a Trump el Premio Nobel Paul Krugman, que ya fuera esencial en sus análisis de la crisis de 2.008. Dice que esto es aún peor y explica en su blog “Cómo un presidente estafador está destruyendo la confianza”, algo, la confianza, que parecía esencial en el derrumbe financiero de comienzos de este siglo. Ahora importa menos, la relajación de valores es un hecho. “Trump está demostrando que un gobierno lo suficientemente caótico e incompetente puede, de hecho, dañar la confianza lo suficiente como para causar graves daños económicos”, escribe Krugman. El desplome del valor bursátil es grave, dice, pero lo es más aún el del valor del dólar. “Lo que las empresas no pueden soportar es un régimen bajo el cual la política comercial refleja los caprichos de un rey loco, donde nadie sabe cuáles serán los aranceles la próxima semana, y mucho menos en los próximos cinco años”, añade.

Krugman concluye: “Puede que pase un tiempo antes de que veamos los efectos de la destrucción de la capacidad administrativa del gobierno por parte de DOGE, o de la destrucción de la política sanitaria por RFK Jr., pero los veremos”.

Es un punto a tener en cuenta. La frivolidad actual ha hecho que Trump sea contemplado como un genio que sabe lo que hace aunque no lo parezca y es lo que puede desencadenar males mayores aún. Cuando es, según parece, una mezcla  de soberbia, crueldad y profunda estupidez, amargado porque su tiempo se acaba. Quiere dejar huella y a fe que la va a dejar. Dicen que cuando los imperios se desmoronan siempre caen desordenadamente.

De momento lo que Trump expande ahora mismo son clones imbuidos de la misma imbecilidad. De extrema derecha por supuesto. Patéticas e infumables las declaraciones de Santiago Abascal intentando culpar al PSOE y al PP del caos mundial organizado por su ídolo Donald que incluso se fotografió a dúo con él convirtiéndose en cómplice del estadounidense en los aranceles que va a sufrir España, desde la agricultura a la energía, automoción, o el sector farmacéutico, entre otros. Es un daño global de cualquier forma. Para el que el gobierno de Pedro Sánchez ya ha anunciado medidas con una inversión de 14.100 millones euros.

Algo parecido a Vox ha hecho Ayuso: la culpa de todo y siempre es de Sánchez. En  su momento saludó con tal euforia la elección de Trump como presidente que se ofreció a contarle personalmente que ni ella, ni sus colegas del PP pertenecían a los BRiCS y se saldrían de la situación a la que “nos había llevado el gobierno”, un discurso para recordar hoy: España nunca ha formado parte de los BRICS, fue una memez compartida entre Trump y Ayuso. Atentos, estas cosas empiezan así y acaban como vemos en Washington.

Los creyentes en esa especie de secta de la ultraderecha torpe y aprovechada son de una fidelidad absoluta, no lo ven aunque lo tengan encima. De ahí que convenga estar muy alertas. No sabemos cómo caerá Trump y todo lo que se va a llevar por delante, pero sí debemos prevenirnos tambiién de sus clones locales y atender a los mecanismos que han logrado forjar este desastre en expansión. En Estados Unidos fueron nada menos que 77 millones, beneficiarios directos aparte, pero sus iguales se expanden por todas partes. Muchas veces no nos damos cuenta de que incluso los tenemos al lado. Comprando el pan, en una sala de espera o en el Whatsapp.

Una nueva jornada de caídas bursátiles, incontables titulares e hipótesis. Despidos, está habiendo ya despidos preventivos al margen de los operados por Elon Musk. Trump se ha ido a jugar al golf el fin de semana, disfrutando como solo un malvado ególatra sabría hacerlo. Su guerra no es solo comercial. Quizás hasta sea un grito de dolor y de rabia.

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