Reseña: Una morada ambulante, de Marcelo Cohen
Las huellas múltiples que deja la poesía

“El siglo de las rupturas entra en un crepúsculo turbio, y algo termina de desvanecerse: puede que no la historia, pero sí el expandido sueño de una redención colectiva a plazo fijo”, escribe Marcelo Cohen (1951-2022), en 1992, en el inicio de esta antología de textos sobre la poesía. El volumen cierra, en cambio, con una referencia a René Char (“El infinito ataca. La nube salva. Atención a este punto”), firmada en 2016. No deja de ser curioso que la actual fecha de publicación también corresponda con un paradigma político neoliberal, sobre todo porque Cohen siempre ha tenido en consideración el ejercicio poético en todas sus implicancias y complejidad, sin perder de vista los contextos bajo presión. Es que, como diría Eugenio Montale, el lenguaje de un poeta es una correlación.
La morada ambulante (Escritos sobre poesía), que reúne más de treinta piezas compiladas por Juan F. Comperatore, construye una órbita de distintos géneros, una mixtura en la que Cohen refrenda tanto el placer o el sobresalto que le generan distintos referentes poéticos como así también las inquietudes que le ocasionan las trayectorias biográficas de aquellos a los que traduce, como Fernando Pessoa, Wallace Stevens o Philip Larkin.
Sus ejercicios de pensamiento y escritura toman en cuenta la lírica, la prosodia, la forma, y de qué modo todo está conectado: la imagen del poeta, sus motivaciones y su devenir. El muestrario, heterogéneo, atraviesa distintas tradiciones y autores, no solo masculinos. Incluye también poetas argentinas cogeneracionales –como Alicia Genovese o Mirta Rosenberg– o propuestas más arriesgadas, como la joven inglesa Kate Tempest. Entre tanto, se visibilizan sus afinidades electivas, como sucede con Ezra Pound, a quien describe así: “Músico de la lengua, creó la infinidad de ritmos y matices, y creó una poesía que apela al oído, a la vista y puede corporizar las ideas, despertando también el placer de la inteligencia”.
Tiempo presente y tiempo pasado confluyen en la propuesta de Una morada ambulante, más de cuatro décadas de escritura donde el autor de Los acuáticos pone en el centro la huella que deja la poesía en el imaginario y en los cuerpos, con una prosa exquisita y a la vez rasante. Cada vez se lee menos poesía, reconoce, y también ha marchitado aquella poesía que “agita conciencia” o es una revelación de sí misma. Cohen no solo se detiene en los sentidos alegóricos, en los tópicos, sino también en las fuerzas sonoras y gestuales. A propósito de César Vallejo, por caso, aconseja dejarse llevar, vivir esas instancias indescifrables. Porque, a fin de cuentas, aquello que transmite es que la poesía siempre ilumina, en su proactividad, en su latencia, en su manera de construir una mirada persistente.
Una morada ambulante
Por Marcelo Cohen
Entropía
280 páginas, $ 24.000