Incendios y aviones hidrantes
En los últimos incendios registrados en la Patagonia Argentina, los aviones hidrantes han jugado un papel fundamental en el combate de las llamas. Sin embargo, la cantidad de aeronaves disponibles ha resultado insuficiente ante la magnitud de los focos, exponiendo las limitaciones estructurales del Plan Nacional de Manejo del Fuego.Para algunos, la controversia gira sobre la conveniencia de que los gobiernos alquilen o compren estas unidades. Por un lado, aparece el elevado costo horario del alquiler y su eventual disponibilidad al momento de necesitarlas. Por otro, la inversión millonaria en dólares que supone su compra. Pocos países tienen flotas propias a cargo de las fuerzas aéreas o de seguridad; es el caso de España, Grecia e Italia. En la Argentina, bien podría la Fuerza Aérea tener un escuadrón con por lo menos 4 o 6 aviones grandes anfibios que permitan una respuesta inicial. Con nuestro extendido territorio e incendios durante 6 meses, estaría justificado.En Estados Unidos, Brasil y Canadá se usan unidades de gran porte. Se conoce como tanqueros a los más grandes; pueden ser antiguos DC10 de transporte de 300 pasajeros que pueden llevar 36 mil litros de agua por vuelo. También se utilizan Boeing 737 acondicionados; de hecho, la provincia de Santiago del Estero adquirió en 2020 uno que brilló por su ausencia hasta hace apenas unos meses, cuando tuvo su bautismo de fuego.En el combate aéreo de incendios forestales también se suman muchas veces aviones más pequeños y avionetas de poco porte habitualmente usadas para fumigar pesticidas y fertilizantes. Se recurre también a helicópteros con el sistema Bambi Bucket, que transportan baldes de agua suspendidos de un cable que, al deslizarse sobre una fuente de agua, se llenan. En el Parque Nacional Lanín celebraron la llegada de una de estas unidades gracias a un acuerdo con el Estado chileno, con 3500 litros de capacidad y dos horas de autonomía.Otra cuestión es la pericia de los pilotos y su entrenamiento, algo que el alquiler tiende a asegurar. Pilotos que se juegan la vida y que deben estar atentos a obstáculos, trampas orográficas, cortantes de viento o cuestas escondidas tras el humo. El incendio forestal descontrolado puede tomar zonas urbanas y allí las descargas de agua pueden terminar partiendo por la mitad casas y árboles.Unas 16 aeronaves trabajaron recientemente en el sur para detener las llamas. El número es claramente insuficiente si se compara con la flota de la que, por ejemplo, dispone Chile, que entre propios y contratados suma unas 77 aeronaves tanto en misión preventiva como activa.El Plan de Manejo del Fuego debería poder contratar aviones a distintas empresas según conveniencia. Hoy solo permite contratar a una sola y deja afuera a la competencia, con lo cual se limitan los participantes.Se podría abrir el mercado como en Chile: con algunas aeronaves propias que vuelan todo el año, a las que se sumen aviones contratados de distintos proveedores cuando sea necesario.Más allá de las campañas de concientización, los controles y los castigos a los responsables, contando con los recursos necesarios el Estado debe dar respuesta rápida y efectiva. La situación en la Patagonia exige que las autoridades tomen medidas concretas y urgentes para evitar que estos incendios se conviertan en catástrofes recurrentes y predecibles.

En los últimos incendios registrados en la Patagonia Argentina, los aviones hidrantes han jugado un papel fundamental en el combate de las llamas. Sin embargo, la cantidad de aeronaves disponibles ha resultado insuficiente ante la magnitud de los focos, exponiendo las limitaciones estructurales del Plan Nacional de Manejo del Fuego.
Para algunos, la controversia gira sobre la conveniencia de que los gobiernos alquilen o compren estas unidades. Por un lado, aparece el elevado costo horario del alquiler y su eventual disponibilidad al momento de necesitarlas. Por otro, la inversión millonaria en dólares que supone su compra. Pocos países tienen flotas propias a cargo de las fuerzas aéreas o de seguridad; es el caso de España, Grecia e Italia. En la Argentina, bien podría la Fuerza Aérea tener un escuadrón con por lo menos 4 o 6 aviones grandes anfibios que permitan una respuesta inicial. Con nuestro extendido territorio e incendios durante 6 meses, estaría justificado.
En Estados Unidos, Brasil y Canadá se usan unidades de gran porte. Se conoce como tanqueros a los más grandes; pueden ser antiguos DC10 de transporte de 300 pasajeros que pueden llevar 36 mil litros de agua por vuelo. También se utilizan Boeing 737 acondicionados; de hecho, la provincia de Santiago del Estero adquirió en 2020 uno que brilló por su ausencia hasta hace apenas unos meses, cuando tuvo su bautismo de fuego.
En el combate aéreo de incendios forestales también se suman muchas veces aviones más pequeños y avionetas de poco porte habitualmente usadas para fumigar pesticidas y fertilizantes. Se recurre también a helicópteros con el sistema Bambi Bucket, que transportan baldes de agua suspendidos de un cable que, al deslizarse sobre una fuente de agua, se llenan. En el Parque Nacional Lanín celebraron la llegada de una de estas unidades gracias a un acuerdo con el Estado chileno, con 3500 litros de capacidad y dos horas de autonomía.
Otra cuestión es la pericia de los pilotos y su entrenamiento, algo que el alquiler tiende a asegurar. Pilotos que se juegan la vida y que deben estar atentos a obstáculos, trampas orográficas, cortantes de viento o cuestas escondidas tras el humo. El incendio forestal descontrolado puede tomar zonas urbanas y allí las descargas de agua pueden terminar partiendo por la mitad casas y árboles.
Unas 16 aeronaves trabajaron recientemente en el sur para detener las llamas. El número es claramente insuficiente si se compara con la flota de la que, por ejemplo, dispone Chile, que entre propios y contratados suma unas 77 aeronaves tanto en misión preventiva como activa.
El Plan de Manejo del Fuego debería poder contratar aviones a distintas empresas según conveniencia. Hoy solo permite contratar a una sola y deja afuera a la competencia, con lo cual se limitan los participantes.
Se podría abrir el mercado como en Chile: con algunas aeronaves propias que vuelan todo el año, a las que se sumen aviones contratados de distintos proveedores cuando sea necesario.
Más allá de las campañas de concientización, los controles y los castigos a los responsables, contando con los recursos necesarios el Estado debe dar respuesta rápida y efectiva. La situación en la Patagonia exige que las autoridades tomen medidas concretas y urgentes para evitar que estos incendios se conviertan en catástrofes recurrentes y predecibles.