La meta máxima: cuando el éxito no basta
Forbes México. La meta máxima: cuando el éxito no basta Cuando has alcanzado el éxito, surge una pregunta inevitable: ¿y ahora qué? Esta es la historia de cómo respondí a esa pregunta. La meta máxima: cuando el éxito no basta Invitado Forbes

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La meta máxima: cuando el éxito no basta

Por José Kont*
Recuerdo claramente cuando cumplí 30 años, hace casi una década. Era un joven entusiasta, convencido de estar en la flor de la vida. Había alcanzado todos los hitos que la sociedad moderna suele definir como señales de éxito: fundé ILB Metrics, una compañía alineada con mis pasiones y talento; me gradué como ingeniero, un logro que representaba no solo un triunfo personal, sino un legado familiar para mis padres, quienes solo habían llegado a la educación primaria. Viajé por distintos países, cumpliendo el mantra de que “viajar es vivir”, y estaba comprometido con mi novia, construyendo el sueño de una vida en pareja, algo especialmente significativo para alguien que no se había considerado afortunado en el terreno emocional. En resumen, era la imagen perfecta de alguien en ascenso.
Sin embargo, con el paso de los meses, algo comenzó a cambiar. La motivación que solía impulsarme cada mañana empezó a desvanecerse. La energía que me definía dio paso a una sensación de monotonía, una rutina que, en lugar de retarme, parecía repetirse sin propósito.
No fue hasta más adelante que comprendí que estaba atravesando la llamada “crisis de los 30”. Según el psicólogo Ángel Rull, este fenómeno es una etapa natural del desarrollo humano que suele manifestarse al acercarse o cumplir los treinta. No es una enfermedad ni un trastorno, sino un momento de evaluación profunda del camino recorrido, que puede convertirse en un punto de inflexión y crecimiento.
Entender esto cambió todo. Identificar la causa me permitió abrazar el proceso, y lo que siguió fue uno de los ciclos de reinvención más valiosos de mi vida. Me moví de la industria de la comunicación y marketing digital al mundo del capital de riesgo, fui padre por primera vez —una experiencia que ha transformado por completo mi manera de ver la vida— y descubrí una verdad que hoy me define: ser útil a los demás es mi meta máxima.
Esta realización no fue solo emocional, también racional. Como bien dijo Gandhi: “La mejor manera de encontrarte a ti mismo es perderte en el servicio a los demás”. Servir no solo genera propósito, también es una estrategia poderosa: multiplica tus talentos, tus relaciones y, curiosamente, tus recursos. En este camino, una cita que también cobró especial sentido para mí fue: “Hay más dicha en dar que en recibir”. Ese principio ha guiado muchas de mis decisiones desde entonces.
Hoy, esa motivación —ayudar, servir, contribuir— es el motor de todo lo que hago. Me impulsa a ser mejor profesional, mejor líder y persona. No habría llegado a este punto sin atravesar aquella crisis. La de los 30, aunque difícil, no tiene por qué ser una barrera. Bien comprendida, puede convertirse en una etapa transformadora, que redefine tu brújula interna y te conecta con un propósito más profundo. Enfrentarla es el primer paso. Superarla, una oportunidad.
Sobre el autor:
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*Jose Kont es director ejecutivo de Cuántico y Venture Partner de Impacta VC.
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