La carga impositiva en los alimentos es el eslabón menos visible del índice de pobreza
Entre el plan de transparencia tributaria y el índice de pobreza conocido ayer, hay una conexión que tal vez no sea demasiado visible a primera vista, pero existe y es real. En la Argentina, para medir la cantidad de personas que no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria se divide el ingreso de los hogares por el precio de dichos bienes, que como es sabido en nuestro país tienen un alto porcentaje de impuestos. Eso significa que, aunque parezca una paradoja, una parte del índice de pobreza tiene que ver con el peso que le carga el Estado a la economía.El programa de transparencia impositiva, cuya segunda etapa y ampliación rige desde hoy, procura que los comercios discriminen en los tickets y en las etiquetas que colocan en las góndolas, qué proporción del precio responde a gravámenes nacionales como el IVA e impuestos internos.IVA e impuestos internosSi se cruza esta medida con el costo de la canasta básica, podría discriminarse un indicador políticamente audaz: un índice de pobreza bruto o total (el actual que elabora el Indec) y uno neto de tributos.Hay que tener en cuenta que para reducir la pobreza hay dos caminos: bajar la inflación (la fórmula que le permitió al Gobierno achicar quince puntos el número en un semestre, después de desandar el salto de precios que causó la devaluación de 54%) o subir los ingresos, que sería la estrategia que en este caso redujo el índice de indigencia (por el refuerzo de la AUH y la tarjeta Alimentar). Pero el punto en el que hace foco la medida aplicada por la Secretaria de Comercio es que si hubiera una menor presión fiscal, el ingresos disponible sería mayor y por ende, la pobreza sería menor.El plan de transparencia fiscal pretende hacer visible, para los individuos, el costo de mantener al Estado. Es imposible que alguien admita que el monto que se paga de impuestos en la mayoría de los bienes y servicios es razonable. La consecuencia de ese razonamiento es una sola: para achicar el peso de esos gravámenes, la única salida es achicar el gasto.Estadísticas y realidad El Gobierno celebró un "descenso histórico" de la pobreza que los analistas miran con lupa Ningún analista se tomó el trabajo por el momento de estimar cómo puede llegar a bajar el índice de pobreza si se avanza en una reforma tributaria que redistribuya la carga fiscal. Hay que tomar en cuenta que muchos alimentos básicos y frescos pagan un IVA de solo 10,5%. Pero en el comercio que vende esos bienes también impactan otros tributos como Ingresos Brutos, el impuesto al cheque, las contribuciones patronales y las tasas municipales, por mencionar los más populares.Un Estado que mantiene altos impuestos al consumo, también alimenta la pobreza. Para tenerlo presente.

Entre el plan de transparencia tributaria y el índice de pobreza conocido ayer, hay una conexión que tal vez no sea demasiado visible a primera vista, pero existe y es real. En la Argentina, para medir la cantidad de personas que no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria se divide el ingreso de los hogares por el precio de dichos bienes, que como es sabido en nuestro país tienen un alto porcentaje de impuestos. Eso significa que, aunque parezca una paradoja, una parte del índice de pobreza tiene que ver con el peso que le carga el Estado a la economía.
El programa de transparencia impositiva, cuya segunda etapa y ampliación rige desde hoy, procura que los comercios discriminen en los tickets y en las etiquetas que colocan en las góndolas, qué proporción del precio responde a gravámenes nacionales como el IVA e impuestos internos.IVA e impuestos internos
Si se cruza esta medida con el costo de la canasta básica, podría discriminarse un indicador políticamente audaz: un índice de pobreza bruto o total (el actual que elabora el Indec) y uno neto de tributos.
Hay que tener en cuenta que para reducir la pobreza hay dos caminos: bajar la inflación (la fórmula que le permitió al Gobierno achicar quince puntos el número en un semestre, después de desandar el salto de precios que causó la devaluación de 54%) o subir los ingresos, que sería la estrategia que en este caso redujo el índice de indigencia (por el refuerzo de la AUH y la tarjeta Alimentar). Pero el punto en el que hace foco la medida aplicada por la Secretaria de Comercio es que si hubiera una menor presión fiscal, el ingresos disponible sería mayor y por ende, la pobreza sería menor.
El plan de transparencia fiscal pretende hacer visible, para los individuos, el costo de mantener al Estado. Es imposible que alguien admita que el monto que se paga de impuestos en la mayoría de los bienes y servicios es razonable. La consecuencia de ese razonamiento es una sola: para achicar el peso de esos gravámenes, la única salida es achicar el gasto.
Ningún analista se tomó el trabajo por el momento de estimar cómo puede llegar a bajar el índice de pobreza si se avanza en una reforma tributaria que redistribuya la carga fiscal. Hay que tomar en cuenta que muchos alimentos básicos y frescos pagan un IVA de solo 10,5%. Pero en el comercio que vende esos bienes también impactan otros tributos como Ingresos Brutos, el impuesto al cheque, las contribuciones patronales y las tasas municipales, por mencionar los más populares.
Un Estado que mantiene altos impuestos al consumo, también alimenta la pobreza. Para tenerlo presente.