Ismael Serrano, del concierto sinfónico que dará a su reflexión sobre la música actual y su mirada social

Acompañado por una orquesta, el español interpretará los clásicos de su carrera este sábado, en el Movistar Arena

Mar 28, 2025 - 17:28
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Ismael Serrano, del concierto sinfónico que dará a su reflexión sobre la música actual y su mirada social

Ismael Serrano camina las calles de Buenos Aires como quien hace de ellas parte de lo cotidiano. Tiene aquí una familia política, pero, por sobre todas las cosas, un público que en carácter de incondicional ha seguido cada uno de sus pasos desde que llegó aquí a finales de la década del noventa, con su primer álbum paraísos desiertos, bajo el brazo. Surgió en una época en la que los cantautores ya no eran “moda”, sin embargo, la juglaría finisecular fue su arma para ganarse la vida. Y lo sigue haciendo. Nada mal para este hombre que ya ha pasado los 50, que aún conserva el gesto de muchacho en su rostro, y que revisita su carrera con un concierto sinfónico que dará el sábado 29, en el Movistar Arena.

Fue justamente aquí, a miles de kilómetros de su Madrid natal, donde escogió un puñado de canciones de entre sus discos y las puso en los instrumentos de una orquesta argentina. Así quedó registrado este disco sinfónico que ahora presenta en vivo, que se desarrolla casi como un soundtrack de película para complementar las historias de las canciones. Ismael Serrano:

“La idea, cuando empezamos a trabajar en los arreglos, era revisar las canciones y darles otra mirada, no tenía mucho sentido simplemente adaptar un poco el arreglo sinfónico a la canción original. En este caso, era, más bien, revisar las canciones, darles otra dimensión para acompañar el relato en un sentido muy cinematográfico, sobre todo en ciertas canciones que son en sí un relato en el sentido más clásico de presentación, nudo y desenlace, que es algo que a mí me gusta cultivar y que yo creo que se está desatendiendo un poco en la propuesta musical. ¿No? Que es esto de contar historias. Por otro lado, es un sueño recurrente que he tenido porque es otra forma de cantar, sobre todo en el escenario, usar otros códigos y otra forma de trabajar, está siendo un aprendizaje muy interesante”.

-Y decías que contar historias no es algo tan común en este tiempo.

-Yo creo que tiene que ver con la tiranía del algoritmo. Sucede que el algoritmo tiene un carácter performativo, no somos muy conscientes de cómo el algoritmo, y sobre todo las redes sociales, están influyendo en cómo se están escribiendo canciones. Pasa, sobre todo, con los artistas nuevos. Es decir, la construcción de un relato requiere una atención que el algoritmo y el déficit de atención no permite. O sea, penaliza el relato por así decirlo. Requiere, pues, eso, estar pendiente del desarrollo de una canción. La mayor parte de las visualizaciones en TikTok o en incluso en YouTube no llegan a término. Lo que a mí me ha llamado mucho la atención es que he empezado en TikTok, me abrí una cuenta sin pensar que iba a tener alguna trascendencia.

-¿Qué pasó?

-En un año hemos tenido cerca de 70.000 seguidores y es muy interesante lo que te dicen las estadísticas. Cuanto más joven es el espectador, menos ve el video hasta el final, completo. Y construir un relato requiere una atención que, a día de hoy, no existe. Incluso el propio compositor de canciones sabe que no va a tener esa atención, sabe que le van a penalizar y está educado en otro tipo de mensaje y otro tipo de códigos. Hay que encapsular el mensaje, hay que simplificarlo, ¿no? Se pierde el matiz, de hecho, en las redes sociales también es eso, es la pérdida del matiz. Cuanto más largo es el post, menos atención tiene, menos likes. Entonces yo creo que eso también está afectando a cómo la gente escribe. Se hace pensando en cómo el algoritmo le va a premiar, a qué artista le va a relacionar, cómo le va a posicionar en las búsquedas y todo eso.

-Se impone una música circular, sin un puente que conduzca al otro lado.

-Totalmente, sí. El puente te obliga a desviarte del camino predecible. Yo creo que mucha gente escribe canciones pensando en el meme musical, en el que se va a convertir no tanto en la historia que uno tiene que contar. Sino en ese meme musical que, al final, es el que se puede viralizar en TikTok. Y que se puede coreografiar, en algún caso, incluso. Además, la música es una expresión de la sociedad en la que vivimos. El hecho de dejar de hablar del nosotros como un objeto de inspiración. No lo digo solamente desde el punto de vista político. “Mediterráneo”, de Serrat, es un ejemplo muy claro de una canción que es un antihit bajo todo concepto, es una canción que no habla de amor. Habla del mar Mediterráneo y de un “nosotros”. Del Mediterráneo como un horizonte común, donde convergen las miradas, las ilusiones, cuna de civilización. Creo que eso se está abandonando también. Creo que hoy en día la música lo que impone tiene que ver con las inquietudes de las nuevas generaciones.

-¿Y cuáles son?

-Y no es confrontar la realidad, no es mirar la realidad para tratar de entenderla, sino que se trata de escapar de ella. Se impone de manera hegemónica el escapismo. Por supuesto que es necesario en las expresiones artísticas. No quiero que toda la música tenga que ser comprometida y confronte la realidad. También tiene que existir una propuesta cultural que tenga que ver con escapar; es una que yo personalmente consumo: me encanta la ciencia ficción, aunque también cuente con un componente reflexivo importante. El rollo es cuando solo se hace ese tipo de música. Y creo que tiene que ver con eso, con jóvenes sin mucha expectativa de futuro y o que entienden que el futuro solo es posible para ellos, en tanto y en cuanto sean capaces de manera individual de encontrar huecos y fallas en el sistema, para poder escapar.

-Vos, a los 50, ¿cómo te ves en este escenario musical?

-Bueno, por un lado, soy consciente del privilegio que vivo, me dedico a la música, hago giras que me permiten recorrer el mundo. Hay un público que atiende un poco a mi propuesta, independientemente de que el algoritmo no nos trate demasiado bien. Pues no es una música que suene en la radio.

-Parece que eso no te quita el sueño...

-No me quita el sueño. Sin embargo, esa sensación de estar pedaleando constantemente, de que es una lucha constante, resulta agotadora. No estaría mal pillar una cuesta abajo de vez en cuando para poder soltar el pedaleo. En cuanto al contexto, sí sientes que la movida va por otro lado, y que estás un poco a contra de la corriente. Pero, ya te digo que me sabe mal quejarme porque soy consciente del privilegio de que vivo de esto.

-La invitación que hacés para estos conciertos dice: “Ojalá tu viaje sea como el mío, lleno de recuerdos compartidos, de ganas de futuro, con la certeza de que aún es tiempo de brindar y que vendrán nuevos versos para ahuyentar el vértigo de estos días inciertos”. Pero cuando publicaste tu primer álbum, hace más de 25 años, ¿no se vivían también días inciertos?

-Era distinto. No habíamos abandonado la idea de que el futuro aún podía ser mejor. Yo tenía 15 años cuando el Muro de Berlín cayó, en el 1989. Además, somos una generación bisagra que trata de encontrar sus respuestas. Y nuestros hijos, es bastante probable, que tengan un futuro peor que el de nosotros. En los 90, no era tan fuerte esa sensación de precariedad, de degradación, de cuestionamiento del estado del bienestar, del cuestionamiento de ciertos consensos. Por ejemplo, acá, ahora que ha sido 24 de marzo, había un consenso con respecto a los derechos humanos. Hoy se han roto esos consensos. Se han naturalizado ciertas cosas. Hoy, la crueldad se ha convertido casi en una bandera política de la que sentirse orgulloso.

-¿Y eso viene de la mano del crecimiento de las derechas extremas?

-Sí, yo creo que tiene que ver con un sistema que está al borde del colapso y que sobrevive dando manotazos de ahogado. La realidad nos dice: “Tenéis que cambiar de vida”. Y nosotros no queremos. Eso nos lleva al conflicto y la degradación moral en muchos aspectos, nos lleva al auge de la ultraderecha en todas partes y a ver enfrentar al pobre con el más pobre. Cargar la responsabilidad del fracaso de nuestra vida en alguien que está peor que nosotros, en vez de mirar para arriba. Ahora enfrentamos un tecnofeudalismo, que nos hace aceptar cualquier tipo de avance tecnológico sin ningún cuestionamiento moral. Ahora el ejemplo más claro son las inteligencias artificiales. La tecnología va por delante del debate, pero hay que debatir. Las redes sociales se han convertido en un lugar tóxico, están generando una gran frustración, sobre todo en la generación más joven.

-Leí tus comentarios en redes sobre lo que sucedió hace un par de semanas, en la marcha a Plaza Congreso por los jubilados.

-Me preocupó, claro. Me preocupa el grado de violencia que se vive y sobre todo la impunidad por parte de los representantes políticos que, lejos de pacificar, echan más leña fuego. Y la impunidad en torno a la represión, a viejos hábitos que creíamos desterrados. También preocupa el señalamiento de artistas, de mujeres que se atreven a disentir; a mí eso me parece gravísimo. Es una forma de disciplinamiento que se busca para que nadie diga nada. Cuando se señala a Lali lo que se pretende es que ningún artista diga nada, no solamente callar a Lali: que nadie diga nada porque eso va a tener un precio. La represión busca disciplinar. Por eso es tan grave lo de Pablo Grillo y además, porque señala a la víctima como responsable de lo que le ha ocurrido.