Vivir sobre mojado, la vida de las personas sin hogar los días de lluvia
Para quienes duermen o pasan gran parte del día en la calle, los días de lluvia constante suponen una nueva vuelta de tuerca que hace aún más duro su día a día. La entrada Vivir sobre mojado, la vida de las personas sin hogar los días de lluvia se publicó primero en lamarea.com.

Ya no llueve. Pero durante tres semanas, mientras se sucedían decenas de memes ante la excepcionalidad de la situación en Sevilla, Antonio andaba desesperado, indignado con el cielo. Este sevillano de unos 50 años vive en la calle, y no se acuerda de tantos días de lluvia seguidos. Después de dos semanas cayendo agua, pregunta la previsión meteorológica a un vecino con el que tiene confianza para organizar su día. Por fin parece que va a parar, pero aún queda algo por soltar esa tarde. Una mujer rusa a la que llaman Nelly llega llorando al centro donde pasa muchas de sus tardes. Toda su ropa, sus pertenencias, y ella misma están empapadas. No aguanta más este frío, dice a pesar de su origen.
“Les afecta bastante, no estamos acostumbrados, han sido muchos días. Llegan más cabizbajos, más cansados, con todas sus cosas mojadas”, cuenta Carmen Tamayo, coordinadora del programa de la ONG Solidarios en Sevilla, donde ofrecen ese espacio al que van Antonio y Nelly, y en el que personas sin hogar, vecinas del barrio de La Macarena y voluntarias se juntan cada semana y participan en laboratorios creativos en varias disciplinas artísticas.
Según el INE, más de 28.500 personas fueron atendidas en algún centro para personas sin hogar durante de 2022 en España. Pero el número de personas que necesitan de estos recursos podría ser muy superior. Una situación que deben atender por ley los ayuntamientos, que suelen activar plazas y servicios de emergencia cuando se baja de cierta temperatura, pero que no suelen hacerlo en caso de lluvias, aunque sean ininterrumpidas como las que hemos tenido estas últimas semanas.
Desde Barcelona, la directora de Arrels Fundació, Beatriz Fernádez, señala que en esta ciudad se activa la operación frío en diciembre o si el termómetro baja de 5 grados, y se amplían más si llegan a cero, pero no por lluvias. En todo caso, para Fernández la respuesta en toda Catalunya resulta “muy insuficiente y con una mirada desde la urgencia”, además de no adaptarse a las necesidades vitales que tienen estas personas.
La portavoz de esta organización especializada sostiene que las personas que viven en la calle ven vulnerados sus derechos en cualquier momento del año y con cualquier meteorología. La lluvia según ella es un añadido “muy molesto”, que puede obligar que cambien el lugar donde suelen dormir, o hacer más difícil que lleguen a los sitios donde pueden comer, ducharse, conseguir ropa o guardar sus pertenencias. Pero los días de precipitaciones seguidos también puede favorecer que se agraven problemas de salud previos, aunque Fernández lamenta que “lo peligroso para la salud es vivir en la calle, es un factor de riesgo intrínseco para enfermar y morir”.
“Ahora por fin sequito”
En Madrid, las sucesivas corporaciones han reforzado la atención a las personas sin hogar en la última década, con el incremento de plazas y la mejora de las condiciones de alojamiento. Desde el Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del Ayuntamiento de Madrid aseguran que debido a las condiciones climáticas que hemos vivido este mes de marzo se activaron 24 plazas adicionales a las 432 previstas en la campaña del frío, y las 1.200 que forman parte de la red de atención a las personas sin hogar durante todo el año. Además, según el consistorio, el Samur Social estas semanas supervisó la situación de las personas que viven en las proximidades del río Manzanares.
Sin embargo, una ruta nocturna junto a un grupo de voluntarios de la organización Solidarios en la capital nos hace ver hasta qué punto el centro de la capital está salpicada de soportales, tiendas de campaña en recovecos, y voladizos donde docenas de personas hacen todo lo posible para pasar caliente y seca la noche. Y es que la prevención –evitar que la gente cuando pasa por problemas económicas y personales acabe viviendo en la calle– sigue siendo el punto débil de toda esa red de recursos.
Luis tiene 55 años, es madrileño y de hecho creció muy cerca de donde duerme ahora, el soportal de una tranquila plaza cerca de la estación de Principe Pío. Agradece el caldo que llevan los voluntarios y empieza a contar batallitas de los 80. Cuando le preguntan por la lluvia se lleva la manta a la nariz. “Por fin estoy seco”, dice satisfecho después de olerla. Esta tarde, nos explica, se ha gastado seis euros en lavar y secar su ropa y la de su pareja, que duerme en un centro muy cerca de ahí. “Me lo quito de otras cosas pero vale la pena, mira cómo huele”.
Luis afirma que el agua tampoco le ha cambiado tanto su día, aunque le preocupa que tanta humedad pueda hacer que reaparezca una neumonía que tuvo hace poco. En cambio, a poca distancia, Selena, una mujer trans de origen marroquí, dice que le encantan los días de lluvia, “la gente solo ve lo malo”. Aunque al poco de llegar los voluntarios de Solidarios les pregunta si no tendrán por casualidad unos calcetines secos… Frente a las puertas de un albergue de esa zona varias personas apuran hasta el final el horario de entrada permitido. “¿Qué si nos afecta la lluvia? Pero mira, si ya hemos sobrevivido a todo”, nos deja Marcos como conclusión de la charla.
De las emergencias a las soluciones
Aunque reconozcan algunos avances, las ONG especializadas mantienen desde hace años las mismas demandas. Las plazas de acogida no solo son insuficientes en número. También tienen que cambiar para que ofrezcan de verdad una solución a las personas sin hogar, tanto las que duermen en la calle como en albergues. Faltan recursos de prevención para esas personas que están a punto de dormir su primera noche en la calle, y también que se adapten a lo que pueden necesitar distintos perfiles: jóvenes, mujeres con hijos, parejas, personas con adicciones, con discapacidad, quienes acaban de conseguir un trabajo, o los que acaban de perderlo…
La Fundación Hogar Sí destaca que más de la mitad de las plazas de atención se destinan a albergues y alojamientos de emergencia. Gonzalo Caro, portavoz de esta organización, aplaude que algunas administraciones hayan ampliado durante estos días de lluvia las plazas o las fechas de la campaña del frío, pero subraya que “vivir en la calle es una experiencia extrema los 365 días del año, no hace falta que llueva o que haya temperaturas de más de 35 grados”. Así que para él no se trata tanto de crear mecanismos específicos ante cada episodio climático extremo, “como si el sinhogarismo fuera un problema de emergencia”, sino “transformar el sistema de atención para que resuelva el problema”.
En este sentido, desde EAPN España, la red de entidades que luchan contra la pobreza y la exclusión, Ruth Caravantes, responsable de Investigación e Incidencia política, lamenta que las ampliaciones de plazas que pueden producirse estos días no son suficientes. “La preocupación social por estas personas cada vez que hay una crisis metereológica es positiva, pero la solución no puede ser a golpe de emergencia”. Para Caravantes estas soluciones pasan por “recursos que permitan una vida autónoma, no lugares donde las personas se cronifican”, más apoyos a las personas que viven en poblados chabolistas, y medidas que protejan el derecho a la vivienda, puesto que es “la llave para otros derechos” como la salud o la seguridad.
Por fin deja de llover en Madrid y los voluntarios se despiden de Luis, satisfechos con el buen rato que han pasado, pero con cierto regusto amargo. Les ha dicho que quiere irse a vivir a un pueblo cerca de Cuenca, donde dice que conoce gente y puede ser más fácil conseguir un techo y un trabajo para él y su pareja. Pero también ahí reconoce que no tendrá muchas oportunidades y que será muy difícil juntar los ingresos suficientes para alquilar una casa con unos precios que no paran de subir. Y ese goteo lleva años en vez de semanas, no parece que vaya a escampar pronto, y también cala.
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