Un país roto por los alquileres

Hemos experimentado un cambio en el comportamiento de la vivienda que nos ha dejado ridiculizados, precarizados y divididos. La espiral de incertidumbre que produce el mercado de alquiler es traumática y lacerante. Resulta indigna la falta de urgencia y de respuesta política ante una crisis vital Diccionario básico de supervivencia en la jungla inmobiliaria (todos los términos empleados en esta recopilación están basados en ofertas reales de alquiler) Lenguaje de oferta inmobiliaria-Español.  - “El piso dispone de una ingeniosa estructura elevada”. Traducción: Tendrás que acomodar un colchón en un altillo que hace años habría servido como palomar. Es decir, tendrás que acceder a la cama reptando por el suelo o en posición de genuflexión.  - “Undoubtedly, an excellent place to live”. Traducción: Si no eres turista, ni siquiera te molestes en mirar esta oferta.  - “Se hace videollamada para poder ver el piso en tiempo real”. Traducción: Si no eres turista, ni siquiera te molestes en mirar esta oferta. - “Espacio armonioso que combina confort con funcionalidad”. Traducción: Se trata de un estudio en el que todas las estancias están encajadas: Salón-cocina-cama-baño. Monoambiente no, miniambiente. ¿Armarios? Qué dices, sibarita.  - “Cocina compacta”. Traducción: Es altamente probable que la nevera esté en el salón. - “Vivienda cosmopolita” / “Diseño contemporáneo”. Traducción: Te van a cobrar 200 euros más al mes por el acabado rojo o negro de algún mueble, la apariencia nórdica del menaje del hogar o algún ladrillo visto en una pared.  - “Piso con reforma de lujo”. Traducción: Más de 2000 euros al mes por 50 m². - “Piso ideal para estudiantes”. Traducción: Sin reforma o cambio de electrodomésticos desde antes de que naciesen tus padres abuelos.  - “Refugio encantador”. Traducción: zulo, escondrijo, armario grande. La madriguera de un tejón es más digna. Hace unos días hablaba con un buen amigo, rentista, que me decía que “bueno, realmente el alquiler siempre ha estado mal”.  Este es el clásico comentario del agnóstico alejado de la realidad, no por negacionismo ni mala intención, solo por falta de necesidad. Yo llevo viviendo de alquiler en Madrid desde hace 17 años, así que sé -muchas nóminas mediante- que el alquiler nunca ha estado peor que ahora.  En mi primer piso, compartido con tres amigas, pagábamos 1000 euros mensuales, 250 euros por cabeza. Era un cuarto luminoso muy cerca de nuestra universidad, con cuatro habitaciones, un salón amplísimo y un balconcito al que nos asomábamos para exhalar el aire de la recién conquistada independencia. Me resulta inasumible pensar cuánto podrá costar ese piso ahora mismo, pero seguro que más de 2000 euros mensuales.  El doble. Hace un par de décadas encontrar un piso en alquiler era un proceso aparatoso y molesto, pero relativamente accesible. Si podías pagar el alquiler, algún mes extra en función de las condiciones de la inmobiliaria de turno y una fianza, si tenías cierta estabilidad económica y le habías caído en gracia al casero: ahí tenías tu reluciente y nuevo llavero colgado del recibidor. Hace años que ha dejado de ser así. Y ya no es solo una cuestión de precios absolutamente disparatados, es que la demanda es tanta entre una oferta asfixiada por el turismo y los fondos de inversión, que las exigencias de los pequeños propietarios se han convertido en un compuesto irracional de voluntades, arbitrariedades y caprichos. Como resultado, hay personas ofreciendo más dinero de fianza para asegurarse un alquiler e incluso pagando para ir a ver (solo para ir a ver) un piso. Hay incluso personas vendiendo su convivencia como candidatas a una irrechazable oferta laboral, hasta el punto de que si rastreas bien por Internet puedes encontrarte con plantillas para diseñar tu propio currículum de inquilino. Una distopía tenebrosa.  España está inmersa en una crisis inmobiliaria insólita. Desde hace diez años, casi una décima parte del parque inmobiliario del país ha sido adquirido por inversores o convertido en alquileres turísticos. Como consecuencia, los precios del alquiler han aumentado un 57% desde ese año 2015 (https://news.airbnb.com/wp-content/uploads/sites/4/2024/12/Informe-PwC-Impacto-del-alquiler-de-corta-duracion-en-Espana.pdf). Algunos centros de ciudades se están convirtiendo, o ya se han convertido, en distritos de extranjeros, especuladores, brókers y turistas adinerados.  Mi generación y la generación Z hemos experimentado un cambio en el comportamiento de la vivienda que nos ha dejado ridiculizados, precarizados, divididos y muchas veces solos. La espiral de incertidumbre de no saber qué va a ser de ti si un casero te sube el alquiler, si lo dejas con tu pareja, si tu compañero de piso se va o si te despiden es ciertamente traumática y lacer

Abr 5, 2025 - 07:21
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Un país roto por los alquileres

Un país roto por los alquileres

Hemos experimentado un cambio en el comportamiento de la vivienda que nos ha dejado ridiculizados, precarizados y divididos. La espiral de incertidumbre que produce el mercado de alquiler es traumática y lacerante. Resulta indigna la falta de urgencia y de respuesta política ante una crisis vital

Diccionario básico de supervivencia en la jungla inmobiliaria (todos los términos empleados en esta recopilación están basados en ofertas reales de alquiler)

Lenguaje de oferta inmobiliaria-Español. 

- “El piso dispone de una ingeniosa estructura elevada”. Traducción: Tendrás que acomodar un colchón en un altillo que hace años habría servido como palomar. Es decir, tendrás que acceder a la cama reptando por el suelo o en posición de genuflexión. 

- “Undoubtedly, an excellent place to live”. Traducción: Si no eres turista, ni siquiera te molestes en mirar esta oferta. 

- “Se hace videollamada para poder ver el piso en tiempo real”. Traducción: Si no eres turista, ni siquiera te molestes en mirar esta oferta.

- “Espacio armonioso que combina confort con funcionalidad”. Traducción: Se trata de un estudio en el que todas las estancias están encajadas: Salón-cocina-cama-baño. Monoambiente no, miniambiente. ¿Armarios? Qué dices, sibarita. 

- “Cocina compacta”. Traducción: Es altamente probable que la nevera esté en el salón.

- “Vivienda cosmopolita” / “Diseño contemporáneo”. Traducción: Te van a cobrar 200 euros más al mes por el acabado rojo o negro de algún mueble, la apariencia nórdica del menaje del hogar o algún ladrillo visto en una pared. 

- “Piso con reforma de lujo”. Traducción: Más de 2000 euros al mes por 50 m².

- “Piso ideal para estudiantes”. Traducción: Sin reforma o cambio de electrodomésticos desde antes de que naciesen tus padres abuelos. 

- “Refugio encantador”. Traducción: zulo, escondrijo, armario grande. La madriguera de un tejón es más digna.

Hace unos días hablaba con un buen amigo, rentista, que me decía que “bueno, realmente el alquiler siempre ha estado mal”.  Este es el clásico comentario del agnóstico alejado de la realidad, no por negacionismo ni mala intención, solo por falta de necesidad. Yo llevo viviendo de alquiler en Madrid desde hace 17 años, así que sé -muchas nóminas mediante- que el alquiler nunca ha estado peor que ahora. 

En mi primer piso, compartido con tres amigas, pagábamos 1000 euros mensuales, 250 euros por cabeza. Era un cuarto luminoso muy cerca de nuestra universidad, con cuatro habitaciones, un salón amplísimo y un balconcito al que nos asomábamos para exhalar el aire de la recién conquistada independencia. Me resulta inasumible pensar cuánto podrá costar ese piso ahora mismo, pero seguro que más de 2000 euros mensuales. 

El doble.

Hace un par de décadas encontrar un piso en alquiler era un proceso aparatoso y molesto, pero relativamente accesible. Si podías pagar el alquiler, algún mes extra en función de las condiciones de la inmobiliaria de turno y una fianza, si tenías cierta estabilidad económica y le habías caído en gracia al casero: ahí tenías tu reluciente y nuevo llavero colgado del recibidor. Hace años que ha dejado de ser así. Y ya no es solo una cuestión de precios absolutamente disparatados, es que la demanda es tanta entre una oferta asfixiada por el turismo y los fondos de inversión, que las exigencias de los pequeños propietarios se han convertido en un compuesto irracional de voluntades, arbitrariedades y caprichos. Como resultado, hay personas ofreciendo más dinero de fianza para asegurarse un alquiler e incluso pagando para ir a ver (solo para ir a ver) un piso. Hay incluso personas vendiendo su convivencia como candidatas a una irrechazable oferta laboral, hasta el punto de que si rastreas bien por Internet puedes encontrarte con plantillas para diseñar tu propio currículum de inquilino. Una distopía tenebrosa. 

España está inmersa en una crisis inmobiliaria insólita. Desde hace diez años, casi una décima parte del parque inmobiliario del país ha sido adquirido por inversores o convertido en alquileres turísticos. Como consecuencia, los precios del alquiler han aumentado un 57% desde ese año 2015 (https://news.airbnb.com/wp-content/uploads/sites/4/2024/12/Informe-PwC-Impacto-del-alquiler-de-corta-duracion-en-Espana.pdf). Algunos centros de ciudades se están convirtiendo, o ya se han convertido, en distritos de extranjeros, especuladores, brókers y turistas adinerados. 

Mi generación y la generación Z hemos experimentado un cambio en el comportamiento de la vivienda que nos ha dejado ridiculizados, precarizados, divididos y muchas veces solos. La espiral de incertidumbre de no saber qué va a ser de ti si un casero te sube el alquiler, si lo dejas con tu pareja, si tu compañero de piso se va o si te despiden es ciertamente traumática y lacerante. La extinta precariedad de los caseros es la de los inquilinos. 

Y lo peor es que la crisis no temporal o accidental, es casi que planificada. Es el resultado de muchas décadas de políticas encapsuladas bajo un mismo lema: la vivienda en España es sagrada. 

Sí, la vivienda es sagrada, pero el derecho a la misma nunca debería ser un acto de fe. Por eso resulta indigna la falta de urgencia y de respuesta política ante una crisis vital. Hablamos de esa clase de indignidad política que cuesta unas elecciones. 

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