Sin hogar porque un okupa exige 3.000 € para irse de su casa: «En Polonia se ríen de cómo está España»
Lucas vive de prestado porque no tiene los 3.000 euros que le pide su okupa para marcharse de su casa de Barcelona. La mujer lleva más de cuatro años atrincherada en el piso y ahora que el propietario necesita su vivienda se niega a entregarla. Entre tanto Lucas, ciudadano polaco, se ve obligado a vivir … Continuar leyendo "Sin hogar porque un okupa exige 3.000 € para irse de su casa: «En Polonia se ríen de cómo está España»"

Lucas vive de prestado porque no tiene los 3.000 euros que le pide su okupa para marcharse de su casa de Barcelona. La mujer lleva más de cuatro años atrincherada en el piso y ahora que el propietario necesita su vivienda se niega a entregarla. Entre tanto Lucas, ciudadano polaco, se ve obligado a vivir en hostales o en casas de amigos: «En mi país se ríen de cómo está España, se ríen de una ley tan estúpida en un país que lleva 30 años en la Unión Europea».
«No tengo donde vivir, he ido a los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona para pedir ayuda y me ha dado cita para el mes de mayo», denuncia con indignación el propietario de la vivienda. Se trata de un piso del barrio del Raval, en el centro de la Ciudad Condal, que es la única alternativa de Lucas para vivir, pero está en manos de la okupa.
«Yo no tengo el dinero para pagar la entrada de otro piso, ya he firmado contrato con la inmobiliaria y no me entregan las llaves si no hago el ingreso de los 3.000 euros», le exige la okupa Leonor al propietario haciendo gala de una falta de vergüenza impresionante.
«Además ya me han puesto tres denuncias para retrasar el desahucio, no puedo ni acercarme a mi piso a coger correo porque ya les molesta», explica Lucas.
Sospecha que la okupa quiere más dinero
Desesperado, Lucas ha llegado a aceptar el chantaje de la okupa con tal de acabar con el problema tras años de lucha infructuosa. Así figura en el chat que mantiene con la okupa y al que ha accedido OKDIARIO.
La okupa pretende que Lucas le entregue el dinero sin más antes de marcharse y Lucas exige que haya un mediador, el presidente de la comunidad de vecinos, por ejemplo, y que se marche antes. No hay acuerdo.
«Ya este tema me cansó, yo cancelo mi reserva en la inmobiliaria y ya está. No voy a volver a hablar del tema hasta que el juez emita la orden de desalojo. Quiero salir en paz, pero con usted es imposible tratar», dice con todo descaro la okupa. «No me vas a chantajear, cojones. Te pago si sales», le responde Lucas. El asunto se ha estancado y Lucas sigue esperando que la ley solucione el asunto, su okupa tiene hijos y la consideran vulnerable.
Así se quedó la okupa el piso
Lucas es un empresario del sector turístico afincado en Barcelona. Tiene 45 años y está remontando su empresa tras pagar la mayoría de las deudas que le dejó la crisis económica provocada por la pandemia de Covid.
El hombre se compró su piso del barrio del Raval en Barcelona en el año 2018. Eran buenos tiempos para su negocio, contrató una reforma de la vivienda y siguió con su empresa a caballo entre Polonia y Barcelona. La pandemia le pilló en Polonia y tardó en recomponerse económicamente y regresar a España.
Cuando la víctima fue a estrenar su piso se encontró con que una familia de dominicanos habían tomado posesión de la vivienda. Intentó echarlos, pero se habían empadronado hasta cinco personas en su piso. Avisó a la justicia, a los Mossos d’Esquadra y a Extranjería de la Policía Nacional. No consiguió nada.
Lucas también demandó por la vía penal a sus okupas pero lo archivaron. Ahora tiene que interponer una demanda civil, pero no tiene dinero. Entre tanto, vive periodos de tiempo en casas de amigos y otras veces en hostales. No entiende nada de lo que pasa en España: «Me paso el día en la playa porque no tengo donde ir, intento trabajar a ratos en los bares, no quiero molestar a mis amigos».