El Orfeó Català emociona con Mahler en Estocolmo

La sala de conciertos de la Radio de Suecia es un edificio de 1979 excavado en la piedra. Al ser prácticamente un subterráneo tiene algo de tumba, cuando en realidad es cuna: el granito que se puede ver y tocar por todo el edificio forma parte del basamento Báltico-Fennoscándico, una de las formaciones rocosas más antiguas de la Tierra, que data de hace más de dos mil millones de años y que solamente aflora a la superficie en puntos muy concretos del planeta. Ahí empezó la historia de nuestro hogar, y esas moles graníticas eternas e inmutables acogen ahora al arte más fugaz, efímero e impalpable de todos, la música, que se programa en el Berwaldhallen de Estocolmo. En esta sala ha actuado este fin de semana el Orfeó Català, al lado de una de las grandes orquestas del mundo, la Sinfónica de la Radio Sueca , con su director titular, Daniel Harding , al frente. Han sido dos conciertos con todas las localidades agotadas desde hace semanas para escuchar la colosal Segunda Sinfonía de Mahler , conocida con el sobrenombre de 'Resurrección'. La soprano Johanna Wallroth, y la mezzo Avery Amereau completaban el elenco. Al final del primero de los conciertos, los ciento diez cantantes desplazados se encuentran con medio centenar de socios de Orfeó Català que los han acompañado en comitiva. «¡Ha sido emocionantísimo»!», comenta uno de los socios a un grupo de cantantes. Le responden al unísono: «¡Pues imagínate nosotros desde dentro!». «¡Qué subidón» , exclaman. Sorprende ver esa espontaneidad en un coro que acaba de cantar una impresionante Segunda de Mahler, pero se entiende porque el Orfeó es, a pesar de su excelente nivel, un coro de aficionados. Todos sus miembros tienen profesiones que, en la mayoría de casos, no tienen nada que ver con la música. Xavier Cos, por ejemplo, es médico. Igual te canta un Mahler que te investiga la diabetes : «He cantado esta sinfonía un montón de veces en los 23 años que llevo en el Orfeó, pero lo de hoy ha sido...». Àngels Lorés compagina su afición canora con su actividad como maestra y todavía le queda tiempo para dedicarse a la política local: es concejal de su pueblo, Hostalets de Pierola, y responsable de Transparencia y Cultura en el Consejo Comarcal de l'Anoia. «Nos hemos entendido muy bien con el director, la sala es chulísima y estamos felices, porque hacer una Segunda de Mahler siempre nos hace felices, donde sea», comenta exultante. En efecto, Harding se deshace en elogios hacia el coro: «Sus pianísimos te dejan sin respiración», aseguraba antes del primer concierto. «Además de su nivel nos aportan unos colores, una energía y manera de hacer música distintas, es muy enriquecedor», añadía. Tras este fin de semana, repetirán la misma experiencia en el Palau de la Música Catalana a finales de mayo. «Tengo curiosidad por ver cómo cabremos en su escenario», bromea el sucesor de nombres como Celibidache, Esa-Pekka Salonen y Herbert Blomsted al frente de la orquesta sueca más internacional. A su lado, el director artístico del Orfeó Català y su director musical, Pablo Larraz, se intercambian miradas de complicidad. Llevan años preparando al coro para emprender giras internacionales como ésta. «Es impresionante la evolución: el coro está en un excelente momento musical gracias en buena medida al trabajo extraordinario de Pablo, y el futuro que tienen por delante es muy interesante», asegura Halsey. Larraz explica que, para preparar esta sinfonía, ha pedido a los cantantes que piensen qué significa para ellos 'Resurrección'. «Hay algunos miembros del coro que la cantan por primera vez, y otros que pueden haberlo hecho unas cincuenta veces, pero siempre es diferente, porque nosotros evolucionamos y el contexto es diferente», comenta. Pero tras el primer concierto, la reflexión deja paso a la fiesta. Los miembros del Orfeó, celebran el triunfo que supone haber puesto en pie a las mil trescientas almas que llenaban la sala. Enmedio del jolgorio, suena por accidente una alarma: las sopranos no dudan en imitarla a coro. Desde un rincón, varios instrumentistas de la orquesta las miran como quien se encuentra un pulpo en los pasillos de Ikea . Por la mañana, Anna Farriol ya nos había advertido del peculiar choque de culturas. Originaria de Girona, ella es trompa de la orquesta desde hace ocho años. «Estos días me he encontrado pensando, por primera vez, lo que deben pensar los suecos siempre», dice entre risas, ya que ha habido una especie de invasión pacífica de gente «que habla rápido y fuerte». Ya no está acostumbrada a estas cosas tan nuestras. Cuando Joaquim Uriach , el presidente de la Fundación Orfeó Català - Palau de la Música toma la palabra, se hace de nuevo el silencio. Hace a los cantantes extensiva la felicitación de Daniel Harding, y agradece a Halsey y Larraz su trabajo, que ha permitido una «impresionante evolución, tanto a nivel vocal como en calidad del sonido y en disciplina del coro ». Aplausos y carcajada generalizada. A mi lado, un cantante advierte a sus colegas: «

Abr 5, 2025 - 18:20
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El Orfeó Català emociona con Mahler en Estocolmo
La sala de conciertos de la Radio de Suecia es un edificio de 1979 excavado en la piedra. Al ser prácticamente un subterráneo tiene algo de tumba, cuando en realidad es cuna: el granito que se puede ver y tocar por todo el edificio forma parte del basamento Báltico-Fennoscándico, una de las formaciones rocosas más antiguas de la Tierra, que data de hace más de dos mil millones de años y que solamente aflora a la superficie en puntos muy concretos del planeta. Ahí empezó la historia de nuestro hogar, y esas moles graníticas eternas e inmutables acogen ahora al arte más fugaz, efímero e impalpable de todos, la música, que se programa en el Berwaldhallen de Estocolmo. En esta sala ha actuado este fin de semana el Orfeó Català, al lado de una de las grandes orquestas del mundo, la Sinfónica de la Radio Sueca , con su director titular, Daniel Harding , al frente. Han sido dos conciertos con todas las localidades agotadas desde hace semanas para escuchar la colosal Segunda Sinfonía de Mahler , conocida con el sobrenombre de 'Resurrección'. La soprano Johanna Wallroth, y la mezzo Avery Amereau completaban el elenco. Al final del primero de los conciertos, los ciento diez cantantes desplazados se encuentran con medio centenar de socios de Orfeó Català que los han acompañado en comitiva. «¡Ha sido emocionantísimo»!», comenta uno de los socios a un grupo de cantantes. Le responden al unísono: «¡Pues imagínate nosotros desde dentro!». «¡Qué subidón» , exclaman. Sorprende ver esa espontaneidad en un coro que acaba de cantar una impresionante Segunda de Mahler, pero se entiende porque el Orfeó es, a pesar de su excelente nivel, un coro de aficionados. Todos sus miembros tienen profesiones que, en la mayoría de casos, no tienen nada que ver con la música. Xavier Cos, por ejemplo, es médico. Igual te canta un Mahler que te investiga la diabetes : «He cantado esta sinfonía un montón de veces en los 23 años que llevo en el Orfeó, pero lo de hoy ha sido...». Àngels Lorés compagina su afición canora con su actividad como maestra y todavía le queda tiempo para dedicarse a la política local: es concejal de su pueblo, Hostalets de Pierola, y responsable de Transparencia y Cultura en el Consejo Comarcal de l'Anoia. «Nos hemos entendido muy bien con el director, la sala es chulísima y estamos felices, porque hacer una Segunda de Mahler siempre nos hace felices, donde sea», comenta exultante. En efecto, Harding se deshace en elogios hacia el coro: «Sus pianísimos te dejan sin respiración», aseguraba antes del primer concierto. «Además de su nivel nos aportan unos colores, una energía y manera de hacer música distintas, es muy enriquecedor», añadía. Tras este fin de semana, repetirán la misma experiencia en el Palau de la Música Catalana a finales de mayo. «Tengo curiosidad por ver cómo cabremos en su escenario», bromea el sucesor de nombres como Celibidache, Esa-Pekka Salonen y Herbert Blomsted al frente de la orquesta sueca más internacional. A su lado, el director artístico del Orfeó Català y su director musical, Pablo Larraz, se intercambian miradas de complicidad. Llevan años preparando al coro para emprender giras internacionales como ésta. «Es impresionante la evolución: el coro está en un excelente momento musical gracias en buena medida al trabajo extraordinario de Pablo, y el futuro que tienen por delante es muy interesante», asegura Halsey. Larraz explica que, para preparar esta sinfonía, ha pedido a los cantantes que piensen qué significa para ellos 'Resurrección'. «Hay algunos miembros del coro que la cantan por primera vez, y otros que pueden haberlo hecho unas cincuenta veces, pero siempre es diferente, porque nosotros evolucionamos y el contexto es diferente», comenta. Pero tras el primer concierto, la reflexión deja paso a la fiesta. Los miembros del Orfeó, celebran el triunfo que supone haber puesto en pie a las mil trescientas almas que llenaban la sala. Enmedio del jolgorio, suena por accidente una alarma: las sopranos no dudan en imitarla a coro. Desde un rincón, varios instrumentistas de la orquesta las miran como quien se encuentra un pulpo en los pasillos de Ikea . Por la mañana, Anna Farriol ya nos había advertido del peculiar choque de culturas. Originaria de Girona, ella es trompa de la orquesta desde hace ocho años. «Estos días me he encontrado pensando, por primera vez, lo que deben pensar los suecos siempre», dice entre risas, ya que ha habido una especie de invasión pacífica de gente «que habla rápido y fuerte». Ya no está acostumbrada a estas cosas tan nuestras. Cuando Joaquim Uriach , el presidente de la Fundación Orfeó Català - Palau de la Música toma la palabra, se hace de nuevo el silencio. Hace a los cantantes extensiva la felicitación de Daniel Harding, y agradece a Halsey y Larraz su trabajo, que ha permitido una «impresionante evolución, tanto a nivel vocal como en calidad del sonido y en disciplina del coro ». Aplausos y carcajada generalizada. A mi lado, un cantante advierte a sus colegas: «¡Si ha mentido en esto último, quizás ha mentido también en el resto!». La fiesta sigue entre las rocas de granito. Carpe diem.