Un estudio confirma que los humanos tenemos dificultades para interpretar las emociones de los perros
Entre las razones están los malentendidos sobre las expresiones caninas y la proyección de emociones humanas.

No hay hogar con perro donde no se haya dicho alguna vez: '¿Qué quieres? ¡No te entiendo!'. Y es que descifrar todos los matices del lenguaje canino no es tarea sencilla. Llevan miles de años adaptándose a la vida en sociedad y aprendiendo a comunicarse con nosotros mediante sonidos, expresiones faciales y lenguaje corporal, hasta el punto de que podríamos hablar del 'perrunés' sin equivocarnos demasiado.
Muchos convivientes con perros creen conocer bien sus emociones y confían en su capacidad para interpretar su estado de ánimo en distintas situaciones, sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Anthrozoös sugiere que esta confianza es infundada. De hecho, los humanos tendemos a fijarnos más en el contexto que en las señales reales del animal, lo que puede llevarnos a errores de interpretación con consecuencias en nuestra relación.
Contexto frente a expresiones reales
El estudio, liderado por Holly Molinaro, investigadora de la Universidad Estatal de Arizona, y su asesor Clive Wynne, buscó analizar hasta qué punto los humanos interpretan correctamente las emociones de los perros. Para ello, mostraron a un grupo de participantes distintos vídeos de un perro llamado Oliver, un mestizo de pointer y beagle de 14 años, reaccionando a diversos estímulos positivos y negativos, como una correa, un juguete, un aspirador o una regañina.
Los participantes vieron dos versiones de los vídeos: una en la que se mostraba tanto a Oliver como el contexto completo y otra en la que se había eliminado todo fondo, dejando solo la imagen del perro Oliver sobre un fondo negro. Los resultados mostraron que cuando el contexto estaba presente, los participantes consideraban que las emociones del perro eran positivas en situaciones positivas y negativas en escenarios negativos. Sin embargo, cuando se eliminaba el contexto, las valoraciones de los participantes eran más inconsistentes, llegando incluso a calificar como experiencia positiva una situación que, en realidad, era una experiencia negativa para el perro.
Para ir más allá, los investigadores manipularon algunos de los vídeos, combinando imágenes de reacciones negativas con un contexto aparentemente positivo, y viceversa. En estos casos, los participantes parecían confiar más en la situación que en las señales reales del perro, mostrando lo que Wynne describe como “un enorme punto ciego en nuestra relación”.
Implicaciones del resultado
Esta predisposición a interpretar las emociones de los perros en función del contexto podría tener consecuencias importantes en la convivencia diaria. Holly Molinaro advierte que los convivientes podrían estar pasando por alto signos de malestar en los perros al centrarse en lo que ocurre alrededor en lugar de en las verdaderas señales corporales del perro. “Para comprender realmente lo que sienten nuestros perros, debemos aprender a observarlos con atención y no dejarnos influir por factores externos”, explica.
Un ejemplo común es la interpretación errónea de las señales de calma. Muchas personas creen que si un perro muestra la barriga está pidiendo caricias, cuando en realidad puede ser una postura de sumisión por miedo. O el caso de los jadeos, que no siempre significan que un perro esté feliz, sino que también son indicadores de estrés.
Las limitaciones del estudio y próximos pasos
Si bien el estudio aporta información relevante, también tiene algunas limitaciones. En primer lugar, se realizó solo con un perro, por lo que no es posible saber si los resultados serían similares con otros ejemplos. Además, los estímulos negativos fueron leves, lo que deja la duda de cómo reaccionarían las personas ante respuestas de miedo extremo o angustia.
Los investigadores planean realizar estudios con una muestra más diversa de perros y humanos para analizar mejor cómo interpretamos sus emociones. “Si realmente queremos mejorar el bienestar de los perros que viven con nosotros, tenemos que aprender a escucharlos mejor”, concluye Wynne.
Referencia:
- Barking Up the Wrong Tree: Human Perception of Dog Emotions Is Influenced by Extraneous Factors. Holly G. Molinaro y Clive D. L. Wynne. Anthrozoös (2025)