Luce el sol

Para Álvaro Alonso Miguel Luce el sol, late como un gran corazón, luce fuerte y constante. Hemos pasado días duros. Yo pensaba ya que quizá no pararía nunca de llover, o que lo haría, mejor dicho, tarde. Muchos ríos iban cargados de agua, algunos se habían desbordado, o amenazaban hacerlo. Los puentes han aguantado como... Leer más La entrada Luce el sol aparece primero en Zenda.

Abr 3, 2025 - 01:40
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Luce el sol

Para Álvaro Alonso Miguel

Luce el sol. No pensaba escribir sobre esto, pero es tanta la alegría que siento al ver brillar el sol, que me he animado, mucho, a desenroscar la pluma y escribir un artículo sobre el momento, sobre lo que siento. Este texto se publicará dentro de bastantes días, y sin embargo no me resisto a decir algo sobre lo que estamos viviendo ahora.

Luce el sol, late como un gran corazón, luce fuerte y constante. Hemos pasado días duros. Yo pensaba ya que quizá no pararía nunca de llover, o que lo haría, mejor dicho, tarde. Muchos ríos iban cargados de agua, algunos se habían desbordado, o amenazaban hacerlo. Los puentes han aguantado como han podido, como unos valientes, pienso ahora. Sé de uno romano que se ha roto; habrán sido más. El Manzanares, que es llamado “aprendiz de río”, iba a tope, batiendo récords históricos.

Aquello era de asustar, yo estaba asustado. Rezaba para que dejara de llover. Y es verdad que a largo plazo esto nos puede venir bien, o muy bien, de cara al verano, y más lejos, al menos parcialmente, supongo. Lo que está claro es que tener los embalses llenos, o mucho más llenos, será muy bueno.

Hace un rato he ido a dar un paseo por el Retiro madrileño, a retomar mis caminatas deportivas, y he encontrado el verde más verde, la naturaleza más naturaleza. Todo estaba muy hermoso. Una chica que iba delante de mí se ha parado de repente para dejar que le diera el sol en la cara. Me daba la sensación de que había más ruidos, los pequeños rumores de la vida, como si nuevos animales se atrevieran a unirse al gran coro de la naturaleza, esa gran orquesta.

Estaba precioso. Y el sol lucía, sigue luciendo. Al escribir yo estas palabras, nacidas del exterior, de la vida circundante, y en el fondo del entusiasmo, la luz del sol es brillantísima.

Mis palabras quieren ser, muy modestamente, algo así como un pequeño, muy pequeño, “Himno de la Alegría”.

Siento algo parecido a lo que se podría sentir, en su dimensión, después del Diluvio. Aunque hayan sido unos días sin parar de llover, y yo haya estado sin salir de casa, porque por añadidura estaba enfermo, con un resfriado o similar, quizá algo un poco más grave, ésa es la sensación que tengo, ya digo, imagino.

Todos estos días de lluvia los he pasado sin pisar la calle. Hace unas semanas me cayó una tromba de agua encima mientras caminaba; me pilló sin paraguas, y me enfrié. Mientras llovía, a veces “mansamente”, como en las novelas de Cela, en concreto en Mazurca para dos muertos, a veces no tan mansamente… yo leía mis libros, escribía mis textos y preparaba una conferencia.

No he visto hoy los telediarios, pero mi impresión es que las lluvias se han ido moderando en España, no sólo en Madrid, y que las aguas felizmente van volviendo a sus cauces. Ha sido duro, pero podría haber sido peor, mucho peor.

En Madrid llueve muy poco, y cuando llueve nuestro funcionamiento desgraciadamente se dificulta mucho, se vuelve casi caótico, el tráfico sobre todo. Llueve tan poco en Madrid que se echa mucho de menos la lluvia: yo siempre digo, cuando llueve, que cae “oro líquido”, porque la lluvia, que puede ser incómoda, a la larga suele significar riqueza. Y lo siento verdaderamente.

Nunca llueve a gusto de todos. Como dice Ricardo, el portero de mi casa, “queremos que llueva y no mojarnos”, y es muy cierto, aunque esta vez ha sido duro, y ha llovido de verdad. Espero no obstante que lo que ha caído, presente en los embalses, sea un regalo para el futuro, algo que nos pueda ayudar cuando más lo necesitemos. Sin agua no se puede vivir: somos agua en realidad.

Espero que sepamos reparar los daños, administrar el agua que ha caído, que la sepamos almacenar y utilizar sabiamente.

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