Lleva tiempo rondando el llamado «síndrome del impostor»: la experiencia subjetiva de personas que pese a sus méritos y logros dudan de sus capacidades hasta sentirse un fraude profesional. Este miedo a la falta de talento no ha sido nunca un problema para el trumpismo. Tal y como ha quedado demostrado con el escándalo « SignalGate ». La peor filtración de información clasificada en la historia reciente de EE.UU. ha servido para confirmar hasta qué punto la cúpula de la Administración Trump está formada por unos mangutas incapaces tan siquiera de aparentar que saben lo que están haciendo. El chapucero equivalente a Nixon compartiendo sus grabaciones de Watergate con Woodward y Bernstein contrasta con el nivel y sofisticación que, con...
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