En el fútbol, como en la vida, los detalles marcan la diferencia. Y si tienes oficio y experiencia, es más fácil controlar esos detalles. Algo de eso le sucedió ayer al Barça en el
Giuseppe Meazza. Tras hacer lo más difícil y reventar al Inter de Milán en la segunda parte, levantándole un 2-0 para convertirlo en un 2-3 en el minuto 87, el equipo de Hansi Flick no supo gestionar los ocho minutos que quedaban porque el polaco
Marciniak, un mal árbitro protegido de forma inexplicable por la cúpula de la UEFA, añadió 5 minutos a los 90 reglamentarios.
Lamine Yamal, el jugador más fantasioso del Barça, se lanzó en una contra sobre la portería de
Yann Sommer en el minuto 92 y, lejos de especular con el balón, disparó y su tiro se fue al palo. En el rechace, el Inter se fue al ataque buscando agónicamente el empate y lo halló en una jugada en que el Barça reclamó falta del potentísimo
Dumfries a
Gerard Martín antes de que el centro del carrilero holandés lo rematase a gol ante un desafortunado Araujo un central como
Acerbi. A dos minutos de meterse en la final de la Champions League, que se jugará en el majestuoso Allianz Arena, el Barça encajó su sexto gol de la eliminatoria y se vio condenado a disputar una prórroga donde tuvo que ir metiendo a jugadores secundarios como Pau Víctor y Héctor Fort porque varios titulares estaban al límite.
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