Una leyenda de Merlín y el Rey Arturo aparece tras permanece siglos oculta en un archivo inmobiliario
Manuscrito - El texto incluye detalles mágicos como dragones, hechizos y coronaciones, elementos característicos del ciclo artúrico transmitido en manuscritos de tradición francesaHans Christian Andersen dormía tranquilo gracias una insólita nota que evitaba que muriera por error Una hoja de propiedad. Eso era, al menos, lo que parecía. Un registro cualquiera, uno más de esos documentos que dormitan durante siglos entre el polvo y los estantes. Sin embargo, su encuadernación, maltratada por el tiempo y olvidada por todos, escondía algo que jamás había sido suyo. En pleno corazón de la burocracia elisabetiana, entre trámites sobre fincas y herencias, alguien decidió coser fragmentos de una leyenda medieval como si fueran simples retales de cuero barato. Sin quererlo, salvó uno de los textos más raros sobre el rey Arturo y el mago Merlín. Todo ello sin que nadie lo advirtiera durante más de cuatrocientos años. Un retal medieval cosido entre papeles de herencia No hubo excavaciones. Tampoco apareció ninguna pista escondida en un códice. Lo que hizo saltar las alarmas fue un fragmento cosido en la cubierta de un registro inmobiliario del siglo XVI. Allí, bajo una lista de propiedades del condado de Suffolk, un equipo de la Universidad de Cambridge localizó una parte de la Suite Vulgate du Merlin, escrita entre 1275 y 1315. La pieza, doblada con precisión de sastre y camuflada entre costuras, había pasado por alto durante siglos. Aunque inicialmente se pensó que era un pasaje sobre Gawain, el análisis con luz multiespectral demostró que en realidad pertenecía a una secuela medieval de las aventuras de Merlín. Merlín aparece en situaciones poco convencionales Aquel trozo de pergamino no solo contenía letras borrosas. También arrastraba polvo de dragones, hechizos de transformación y reyes recién coronados. En uno de los pasajes Merlín se presenta en una forma completamente inesperada: es un niño calvo, que emite edictos a Arturo, desprovisto de vestimenta. En otro pasaje, se convierte en un ciego que toca el arpa antes de desvanecerse en el aire. Merlín atrapado entre hilos, cuero y siglos de indiferencia El valor no estaba solo en el texto, sino en cómo fue rescatado. Técnicos como Amélie Deblauwe usaron una cámara de más de 100.000 libras para disparar 49 imágenes con distintos tipos de luz, desde el ultravioleta hasta el infrarrojo. Con ello lograron leer fragmentos casi borrados por el tiempo y hasta detectar una zona central más clara, probablemente desgastada por una correa de cuero que sujetaba el volumen. Esa leve diferencia de color en la imagen digital fue, en palabras de Deblauwe, “un momento alucinante”. También fue necesario introducir una lente diminuta en los rincones más cerrados del pergamino para fotografiar áreas inaccesibles. Błażej Mikuła, otro de los técnicos, explicó que el resultado fue un rompecabezas de cientos de imágenes que tuvieron que girar, voltear y recomponer hasta encajar. Solo un par de centímetros siguen ocultos por los hilos del cosido. Todo lo demás, hasta los pigmentos usados por el iluminador medieval, ha quedado al descubierto.

Manuscrito - El texto incluye detalles mágicos como dragones, hechizos y coronaciones, elementos característicos del ciclo artúrico transmitido en manuscritos de tradición francesa
Hans Christian Andersen dormía tranquilo gracias una insólita nota que evitaba que muriera por error
Una hoja de propiedad. Eso era, al menos, lo que parecía. Un registro cualquiera, uno más de esos documentos que dormitan durante siglos entre el polvo y los estantes. Sin embargo, su encuadernación, maltratada por el tiempo y olvidada por todos, escondía algo que jamás había sido suyo.
En pleno corazón de la burocracia elisabetiana, entre trámites sobre fincas y herencias, alguien decidió coser fragmentos de una leyenda medieval como si fueran simples retales de cuero barato. Sin quererlo, salvó uno de los textos más raros sobre el rey Arturo y el mago Merlín. Todo ello sin que nadie lo advirtiera durante más de cuatrocientos años.
Un retal medieval cosido entre papeles de herencia
No hubo excavaciones. Tampoco apareció ninguna pista escondida en un códice. Lo que hizo saltar las alarmas fue un fragmento cosido en la cubierta de un registro inmobiliario del siglo XVI. Allí, bajo una lista de propiedades del condado de Suffolk, un equipo de la Universidad de Cambridge localizó una parte de la Suite Vulgate du Merlin, escrita entre 1275 y 1315.
La pieza, doblada con precisión de sastre y camuflada entre costuras, había pasado por alto durante siglos. Aunque inicialmente se pensó que era un pasaje sobre Gawain, el análisis con luz multiespectral demostró que en realidad pertenecía a una secuela medieval de las aventuras de Merlín.
Aquel trozo de pergamino no solo contenía letras borrosas. También arrastraba polvo de dragones, hechizos de transformación y reyes recién coronados. En uno de los pasajes Merlín se presenta en una forma completamente inesperada: es un niño calvo, que emite edictos a Arturo, desprovisto de vestimenta. En otro pasaje, se convierte en un ciego que toca el arpa antes de desvanecerse en el aire.
Merlín atrapado entre hilos, cuero y siglos de indiferencia
El valor no estaba solo en el texto, sino en cómo fue rescatado. Técnicos como Amélie Deblauwe usaron una cámara de más de 100.000 libras para disparar 49 imágenes con distintos tipos de luz, desde el ultravioleta hasta el infrarrojo. Con ello lograron leer fragmentos casi borrados por el tiempo y hasta detectar una zona central más clara, probablemente desgastada por una correa de cuero que sujetaba el volumen. Esa leve diferencia de color en la imagen digital fue, en palabras de Deblauwe, “un momento alucinante”.
También fue necesario introducir una lente diminuta en los rincones más cerrados del pergamino para fotografiar áreas inaccesibles. Błażej Mikuła, otro de los técnicos, explicó que el resultado fue un rompecabezas de cientos de imágenes que tuvieron que girar, voltear y recomponer hasta encajar. Solo un par de centímetros siguen ocultos por los hilos del cosido. Todo lo demás, hasta los pigmentos usados por el iluminador medieval, ha quedado al descubierto.
Lo más sorprendente es que la cubierta que lo escondía fue valorada por el equipo como una muestra ejemplar de encuadernación isabelina. Según Irene Fabry-Tehranchi, especialista de la biblioteca, “preservarla en su estado original nos da acceso tanto al manuscrito medieval como a una técnica archivística del siglo XVI”. Añadió que “si esto se hubiera descubierto hace treinta años, probablemente habrían cortado y aplanado el pergamino”, lo que habría destruido parte del contexto histórico.
El uso del francés antiguo, la caligrafía con iniciales decoradas en rojo y azul y las referencias internas al ciclo artúrico confirmaron que este texto formaba parte de una tradición popular en la Europa de comienzos del siglo XIII. Aunque se desconoce su autoría, se cree que fue una obra colectiva, escrita en un dialecto del norte de Francia que era comprensible para la nobleza inglesa. Ese contexto lingüístico y cultural, que en su momento le dio valor, fue también el que siglos después lo condenó al olvido, cuando el idioma cayó en desuso y dejó de interesar al público lector.
Lo que durante siglos fue visto como un simple desecho de papel ha resultado ser una pieza única. Quizás los encuadernadores elisabetianos no imaginaron que sus costuras algún día abrirían de nuevo las puertas del mito. Aunque en su momento solo buscaban proteger un registro notarial, acabaron encerrando a Merlín en una jaula de cuero y tiempo. Ahora, gracias a la tecnología, ha vuelto a salir.