No por repetido, deja de sorprender cuando la Casa Blanca repite punto por punto la siniestra propaganda del Kremlin . Los Estados Unidos de Trump han asumido con una sobredosis de literalidad su «rusofilia» hasta el punto de no molestarse ni en parafrasear las siniestras consignas de Moscú. Entre el fetichismo de Donald Trump con el poder absoluto y la asombrosa capacidad de Vladimir Putin para capitalizar a su favor toda esa miseria moral, ya no corre el aire. Hubo un tiempo en que la afinidad con Moscú solamente afectaba a la izquierda. La progresía a ambas orillas del Atlántico siempre se las ingenió durante el siglo XX para excusar la dominación comunista y el totalitarismo soviético. Los más sectarios...
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