¿Por qué los pericos hablan y otras aves no?

¿Alguna vez te has quedado mirando a un perico mientras suelta palabras como si nada y piensas: “¿Cómo lo hace tan bien?” No estás solo. Los pericos, especialmente los periquitos australianos, tienen un talento que nos deja boquiabiertos, y ahora la ciencia tiene una respuesta. Un estudio publicado en Nature dice que el cerebro de […]

Mar 27, 2025 - 19:18
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¿Por qué los pericos hablan y otras aves no?

¿Alguna vez te has quedado mirando a un perico mientras suelta palabras como si nada y piensas: “¿Cómo lo hace tan bien?” No estás solo. Los pericos, especialmente los periquitos australianos, tienen un talento que nos deja boquiabiertos, y ahora la ciencia tiene una respuesta. Un estudio publicado en Nature dice que el cerebro de estas aves funciona de una manera sorprendentemente parecida al nuestro cuando hablamos. Sí, estos pajaritos verdes y amarillos tienen más en común contigo de lo que crees.

¿Qué los hace tan especiales a los pericos?

Los periquitos australianos, o Melopsittacus undulatus si quieres ponerte técnico, son las estrellas de este descubrimiento. Investigadores de la Universidad de Nueva York decidieron meterse en sus cabezas —literalmente— implantando sensores diminutos en sus cerebros. Querían ver qué pasa en el “núcleo central del arcopallium anterior” (AAC), la zona que controla su voz. Compararon esto con el diamante mandarín, un ave que canta bonito pero no puede decir “hola” ni aunque lo intente. El resultado fue claro: los pericos tienen un control único sobre sus sonidos, algo que no se ve en otras especies.

Mientras el diamante mandarín solo aprende el orden de sus notas, los periquitos van más allá. Pueden captar detalles como repeticiones o acentos, incluso en secuencias nuevas. Es como si tuvieran un miniestudio de grabación en la cabeza, ajustando cada tono al momento. Los científicos encontraron que, al cantar, ciertas neuronas en el AAC se encienden para cada sonido específico, casi como teclas en un piano. Y aquí viene lo loco: esa organización se parece al cerebro humano cuando hablamos. No es solo imitación; es un sistema avanzado para controlar lo que “dicen”.

¿Por qué los pericos hablan?

No solo hablan, también tienen estilo

Su nombre, Melopsittacus undulatus, viene del griego “loro que canta” y “ondulado” por las rayas negras en sus alas. Con plumajes verdes o amarillos brillantes, son nativos de Australia, donde viven en bandadas, comen semillas y anidan en grupo. Desde el siglo XIX, se mudaron a nuestras casas como mascotas, y ahí empezó la fascinación. Su capacidad para repetir frases enteras no es casualidad, sino un talento evolucionado que los hace únicos entre las aves. Piénsalo: mientras otros animales solo gruñen o cantan, estos pericos están practicando para su próximo karaoke. Y no es solo divertido; nos da pistas sobre cómo el cerebro, el suyo y el nuestro, maneja el lenguaje.

¿Por qué los pericos hablan?

La ciencia detrás del parloteo

El estudio no se quedó en la superficie. Los investigadores grabaron la actividad cerebral de cuatro periquitos y cuatro diamantes mandarines mientras hacían sus sonidos. En los periquitos, cada tono activaba neuronas específicas en el AAC, dándoles un control preciso sobre su “voz”. Es como si tuvieran un teclado mental donde cada tecla es un sonido exacto. En los humanos, algo parecido pasa cuando coordinamos lengua, garganta y cerebro para hablar. En el diamante mandarín, en cambio, el cerebro solo sigue un guion básico de cantos, sin tanta flexibilidad.

Zetian Yang, uno de los autores, lo explica así: “Las neuronas del AAC son como un puente entre el cerebro y la voz”, y en los pericos ese puente es tan sofisticado como el nuestro. Esto no solo resuelve el misterio de por qué hablan, sino que abre la puerta a entender cómo especies tan distintas desarrollaron habilidades tan similares. ¿Evolución paralela? Tal vez.

¿Por qué los pericos hablan?

¿Y qué sigue para los pericos parlantes?

Esto no termina aquí. Los científicos quieren ir más allá y descubrir qué decide qué “teclas” tocan los periquitos según lo que escuchan. Imagina entrenar a uno para que diga algo nuevo y ver cómo su cerebro lo procesa en tiempo real. Podría ser una ventana a cómo aprendemos el lenguaje nosotros mismos, desde bebés balbuceando hasta adultos charlando. Y quién sabe, quizás algún día entendamos cómo enseñarles frases más largas o hasta chistes.

Por ahora, la próxima vez que escuches a un perico decir groserías, no te rías tan rápido. Ese pequeño cerebro está haciendo algo que muy pocos en la naturaleza pueden: hablar como nosotros, con un sistema que lleva millones de años perfeccionándose.