Madrid, allá donde se cruzan los caminos
Carmen Posadas llegó hace 60 años a Madrid y ya nunca se ha ido. Ha pasado bastante tiempo desde entonces, pero la reputada escritora se acuerda de qué hizo...

Carmen Posadas llegó hace 60 años a Madrid y ya nunca se ha ido. Ha pasado bastante tiempo desde entonces, pero la reputada escritora se acuerda de qué hizo su primer 15 de mayo en la capital española. «Pasearme recién llegada a Madrid por la pradera de San Isidro. Y, desde entonces, esta ciudad es la mía y no la cambio por ninguna otra». Madrid –con la medalla que le entregó el alcalde José Luis Martínez-Almeida– pudo ayer devolver a esta premio Planeta el cariño que ella siempre ha mostrado por su ciudad.
La capital española es habitual escenario de varias obras destacadas de Carmen Posadas (nacida además en otra capital, la uruguaya Montevideo, en la que vivió hasta los 12 años). En esas novelas se dibuja una ciudad abierta a todos, en la que se encuentran y conviven personajes y circunstancias de todo tipo. Desde luego, con muchas historias que contar. Aunque en Madrid esa convivencia entre diferentes pueda parecer algo obvio y no destacable, en realidad no siempre es tan evidente.
Todas las ciudades tienen señas de identidad. Puede ser una plaza, un equipo de fútbol, quizá una comida típica, una calle principal o una gran iglesia. Es fácil que cada español, cuando piense por ejemplo en Zaragoza, evoque la plaza del Pilar. O cuando hable de Granada se acuerde de La Alhambra y de sus impresionantes vistas. Y así de tantas singulares ciudades que tiene este país.
Madrid tiene también muchas señas de identidad físicas. Cuando se habla de Madrid la gente piensa en la plaza Mayor, en Sol, en el Retiro o en la Cibeles y Neptuno, y por supuesto en sus correspondientes equipos de fútbol. Pero Madrid tiene además signos de identidad inmateriales que se respiran en el ambiente y en la calle, como expresó ayer muy bien Carmen Posadas en un discurso con el que representó seguro que también a millones de madrileños. «Hay una sensación común a todos los que, como yo, llegamos de otro país, de otra región o de otro enclave, y es de inmediato: en Madrid nos sentimos en casa», explicó la premiada.
Ese Madrid percibido como un hogar para todos, en el que se cruzan gente de orígenes, trabajos y perfiles muy diferentes, es quizá la gran seña de identidad de la capital española. Sabina es uno de los que mejor ha sabido resumir esa singularidad. Madrid es «allá donde se cruzan los caminos».
Ese cruce de caminos, que es diversidad y a la vez tolerancia, hace que Madrid esté llena de antiguos estudiantes que llegaron para cursar sus carreras y ya nunca se fueron. O de muchos profesionales que –por necesidad o porque les apetecía probar- acabaron recalando en esta comunidad. O de tantos migrantes, de dentro y de fuera de España, que tuvieron que salir de sus hogares y eligieron Madrid para empezar una segunda vida.
Este Madrid que se acuerda del casi milenario San Isidro, que el Dos de Mayo homenajea a todos los que –hace más de 200 años– lucharon contra el invasor francés, ha recibido a veces la suspicacia de una posible falta de identidad que sí se atribuía a otros territorios con partidos nacionalistas y banderas con siglos de historia. «¿Qué es ser madrileño?», se preguntaban. Basta pasear estos días por la pradera de San Isidro para percibirlo.