Actúan a cualquier hora del día, disfrazados de operarios y en ocasiones sin ni siquiera forzar la entrada. Con los contadores del agua en plena renovación, sustituyéndose los clásicos analógicos por unos nuevos digitales, los ladrones de cobre y latón apuran sus opciones para sustraer de las comunidades de vecinos los viejos aparatos antes de que el Canal de Isabel II complete el ambicioso relevo generacional. El objetivo, revender los metales no ferrosos en las llamadas chatarrerías 'fantasma' . El precio, un calvario vecinal que va mucho más allá de los cerca de 3 euros por kilo que suelen sacar los amigos de lo ajeno. En los últimos días, los cacos han causado estragos en Mejorada del Campo, con unos...
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