TENGO un buen amigo que se vanagloria –y con razón– de ganar siempre la batalla de los caprichos de sus hijos. «En cuanto les entra el berrinche, saben que tienen las de perder y me llevo el gato al agua». Esta frase, que puede parecer ciertamente presuntuosa, encierra una lección más que importante. A veces, aunque se tenga toda la razón en lo que se está pidiendo, si las formas no son las más correctas se termina tirando todo por la borda y se acaba perdiendo la legitimidad. Sucede en el caso de los niños, en las discusiones de pareja, en los conflictos laborales y hasta el mundo de la política. Eso de que el fin justifica los medios no...
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