Habrá clásico en La Cartuja: el Barça se cita con el Real Madrid
Habrá clásico en La Cartuja: el Barça se cita con el Real Madrid tras dejar en la cuneta a un Atlético que jugó aterrorizado la primera parte y que careció de acierto en la segunda cuando se atrevió a salir de la cueva. Lamine Yamal deslumbró de nuevo mientras Griezmann y Julián estuvieron desaparecidos. Sorloth … Continuar leyendo "Habrá clásico en La Cartuja: el Barça se cita con el Real Madrid"

Habrá clásico en La Cartuja: el Barça se cita con el Real Madrid tras dejar en la cuneta a un Atlético que jugó aterrorizado la primera parte y que careció de acierto en la segunda cuando se atrevió a salir de la cueva. Lamine Yamal deslumbró de nuevo mientras Griezmann y Julián estuvieron desaparecidos. Sorloth fue el único que vio puerta, pero primero tiró al lateral de la red cuando tenía solo a Griezmann y luego, cuando acertó, estaba en fuera de juego. Se viene crisis en el Atlético, mientras que el líder continúa instalado en una nube.
Simeone diseñó una alineación concebida para alejar al Barcelona del área y anular a sus extremos con dos especialistas en el uno contra uno, pero el fracaso de su estrategia fue patente. Lamine tardó apenas un minuto en poner en evidencia a Reinildo, que le cedió la espalda en un pase largo de Pedri que permitió al hispano-marroquí pisar el área y divisar allí la presencia de Ferran, que solo hubiera tenido que empujar de no haberse interpuesto Giménez con un despeje de máximo riesgo que pudo haber acabado perfectamente con el balón dentro de su propia portería.
El Atlético respondió con un pase de Llorente a Julián, que no pudo controlar, pero fue una anomalía en un arranque de dominio absoluto del líder de la Liga. Lamine borró del mapa a Le Normand con un regate de cintura, pero tiró fuera, y el francés fue luego providencial ante Ferran. Entre y entre, Munuera sembró el pánico en el estadio con dos tarjetas a Azpilicueta y De Paul, aunque desde el VAR Martínez Munuera le mandó al monitor para revisar una posible roja al defensor navarro que no le compró el árbitro principal.
El partido siguió once contra once, pero no cambió nada porque el Barcelona pareció jugar con catorce ante un rival totalmente entregado que no tenía capacidad de respuesta. La diferencia era tan abismal que no tardó en reflejarse en el marcador. A los 26 minutos Lamine filtró un pase a Ferran y la media salida de Musso fue lo único que necesitó el tiburón para resolver con un toque sutil al fondo de la portería. Tercer gol del valenciano en este estadio en las tres últimas semanas.
Si ya tenía poca fe el Atlético, el 0-1 acabó de derrumbarlo. El equipo se vino abajo y el Barça, oliendo sangre, intentó clavarle el estoque en otro juego de prestidigitación de Lamine que de nuevo cogió a Musso en tierra de nadie, pero Pedri quiso adornarse y el disparo final de Raphinha quedó en el limbo para alivio de Simeone, que se veía venir lo peor. El brasileño estuvo más atinado a los 39 minutos, pero esta vez el portero argentino se mantuvo firme en su palo y rechazó el disparo.
El Cholo respiró profundo cuando Munuera ordenó el final de la primera parte, pero el balance era tremendo, no sólo por el marcador, sino por la manera en la que el árbitro había sacado al Atlético del partido, cosiéndole a tarjetas. Azpilicueta, De Paul, Julián y Reinildo se fueron al vestuario con amarilla mientras el estadio despedía al árbitro indignado por su peculiar reparto de amonestaciones: seis faltas hicieron los de Simeone en la primera parte con el resultado de cuatro amonestados; siete más cometieron los de Flick, un total de 11, pero a su caseta sólo entró con amarilla el holandés De Jong.
El panorama en el descanso no podía ser más desolador para unos y más triunfal para otros. Lo único que aguntaba vivo el partido era que la diferencia se mantenía en apenas un gol, y agarrándose a su último salvavidas el Cholo agitó la coctelera de manera radical: Sorloth, Lenglet y Galán se incorporaron al choque mientras Giuliano, Azpilicueta y Reinildo se quedaron en el vestuario. Tres cambios de golpe para perseguir lo que parecía un verdadero milagro. Por supuesto Flick no tocó nada. No hacía la menor falta. O eso era lo que él creía.
Sí porque el Atlético, viéndose perdido, sacó del armario el orgullo que le había faltado en la primera parte y se atrevió a mirar al ogro que tenía enfrente sin tantos complejos como en el primer acto. Un nuevo equipo apareció de entre las cenizas y por primera vez el Barcelona se vio metido en problemas. Sorloth tuvo el empate, pero tiró al lateral de la red cuando tenía a su lado a Griezmann sólo para empujar y poco después Lenglet se arrojó en plancha para rematar fuera un pase lateral. El Metropolitano empezó a volver a creer.
Ahora si que Flick reaccionó y lo hizo a la carrera, con Eric García y Araujo. Simeone respondió con Nahuel Molina, que en su primera intervención recibió la medicina de Munuera, que le aplicó su peculiar criterio y le castigó con la quinta tarjeta para el Atlético. Con 20 minutos consumidos del segundo tiempo el partido seguía en el alambre. Justo lo que había perseguido el Cholo con sus cambios en el descanso, pero seguía faltando un gol para igualar la eliminatoria. Lo marcó Sorlorth a los 68, pero en fuera de juego.
La aparición de Lewandowski obligó al Atlético a guarecerse y el partido se aletargó. Justo lo no quería el Cholo, que en un arrebato final traicionó su amor incondicional por Griezmann y lo reemplazó por Riquelme en busca de un revulsivo inesperado, pero no hubo la menor opción porque el Barça se cerró bien y no dejó huecos protegiendo un resultado que le vale su segunda final de la temporada y, al igual que sucedió en la Supercopa, volverá a ser ante el Real Madrid.