ENCUESTA: ¿Cómo debería resignificarse el Valle de Cuelgamuros?
Más de cuatro décadas después del final de la dictadura franquista, el Valle de los Caídos —rebautizado oficialmente como Valle de Cuelgamuros— continúa siendo uno de los enclaves más simbólicos y controversiales del siglo XX español. Construido entre 1940 y 1958 por orden de Francisco Franco, fue concebido como un monumento a los "caídos por Dios y por España", aunque desde sus inicios estuvo marcado por el uso de mano de obra de presos políticos y por la apropiación del relato memorialista del régimen. Durante décadas, el lugar funcionó como mausoleo para Franco y José Antonio Primo de Rivera, además de albergar los restos de más de 33.000 combatientes de ambos bandos, muchos de ellos trasladados sin consentimiento familiar. Con la exhumación del dictador en 2019 y la aprobación de la Ley de Memoria Democrática en 2022, el Gobierno abrió un proceso político y simbólico que ha culminado en un nuevo intento de resignificar el espacio, ahora bajo el nombre de Valle de Cuelgamuros. Una resignificación pactada y con presupuesto Este 26 de marzo, el Gobierno de España anunció un acuerdo con el Vaticano para llevar a cabo la transformación del Valle respetando el culto religioso, pero permitiendo intervenciones arquitectónicas, museísticas y educativas que contribuyan a reinterpretar el espacio en clave democrática. El Ejecutivo invertirá 30 millones de euros en este proceso: 4 millones para la convocatoria de un concurso internacional de ideas y 26 millones destinados a obras de museografía, infraestructuras y creación de un centro de interpretación. Este proyecto pretende convertir el Valle en un espacio de "memoria, reflexión y encuentro", según han señalado fuentes del Ministerio de Presidencia. El objetivo es contextualizar históricamente la Guerra Civil y la dictadura, rendir homenaje a las víctimas de la represión y evitar su utilización política o propagandística. La comunidad benedictina, que actualmente reside en el recinto, continuará oficiando culto, aunque bajo una supervisión pactada que evite exaltaciones del franquismo. El debate continúa La propuesta del Gobierno no ha estado exenta de críticas desde diferentes frentes. Mientras que algunos sectores conservadores defienden mantener el recinto sin alteraciones, organizaciones memorialistas consideran insuficiente mantener el culto religioso, al considerarlo incompatible con la resignificación democrática. También hay quienes apuestan por una fórmula intermedia: conservar la basílica como patrimonio arquitectónico, pero desvincularla de todo simbolismo político o religioso. En esta línea, el relevo del prior Santiago Cantera por Alfredo Maroto, menos identificado con el franquismo, ha sido leído por el Gobierno como un gesto simbólico relevante para despolitizar el recinto. Otro de los ejes del debate gira en torno a las exhumaciones de los restos humanos. La Justicia ha autorizado recientemente la continuación de los trabajos de identificación y recuperación a solicitud de familiares de víctimas del franquismo, lo que ha reabierto las heridas para asociaciones que consideran que el proceso vulnera la memoria de los enterrados sin consentimiento expreso. ¿Qué debería hacerse con este lugar? La cuestión de cómo debe resignificarse el Valle de Cuelgamuros no es solo técnica o presupuestaria. Es profundamente política...
Más de cuatro décadas después del final de la dictadura franquista, el Valle de los Caídos —rebautizado oficialmente como Valle de Cuelgamuros— continúa siendo uno de los enclaves más simbólicos y controversiales del siglo XX español. Construido entre 1940 y 1958 por orden de Francisco Franco, fue concebido como un monumento a los "caídos por Dios y por España", aunque desde sus inicios estuvo marcado por el uso de mano de obra de presos políticos y por la apropiación del relato memorialista del régimen. Durante décadas, el lugar funcionó como mausoleo para Franco y José Antonio Primo de Rivera, además de albergar los restos de más de 33.000 combatientes de ambos bandos, muchos de ellos trasladados sin consentimiento familiar. Con la exhumación del dictador en 2019 y la aprobación de la Ley de Memoria Democrática en 2022, el Gobierno abrió un proceso político y simbólico que ha culminado en un nuevo intento de resignificar el espacio, ahora bajo el nombre de Valle de Cuelgamuros. Una resignificación pactada y con presupuesto Este 26 de marzo, el Gobierno de España anunció un acuerdo con el Vaticano para llevar a cabo la transformación del Valle respetando el culto religioso, pero permitiendo intervenciones arquitectónicas, museísticas y educativas que contribuyan a reinterpretar el espacio en clave democrática. El Ejecutivo invertirá 30 millones de euros en este proceso: 4 millones para la convocatoria de un concurso internacional de ideas y 26 millones destinados a obras de museografía, infraestructuras y creación de un centro de interpretación. Este proyecto pretende convertir el Valle en un espacio de "memoria, reflexión y encuentro", según han señalado fuentes del Ministerio de Presidencia. El objetivo es contextualizar históricamente la Guerra Civil y la dictadura, rendir homenaje a las víctimas de la represión y evitar su utilización política o propagandística. La comunidad benedictina, que actualmente reside en el recinto, continuará oficiando culto, aunque bajo una supervisión pactada que evite exaltaciones del franquismo. El debate continúa La propuesta del Gobierno no ha estado exenta de críticas desde diferentes frentes. Mientras que algunos sectores conservadores defienden mantener el recinto sin alteraciones, organizaciones memorialistas consideran insuficiente mantener el culto religioso, al considerarlo incompatible con la resignificación democrática. También hay quienes apuestan por una fórmula intermedia: conservar la basílica como patrimonio arquitectónico, pero desvincularla de todo simbolismo político o religioso. En esta línea, el relevo del prior Santiago Cantera por Alfredo Maroto, menos identificado con el franquismo, ha sido leído por el Gobierno como un gesto simbólico relevante para despolitizar el recinto. Otro de los ejes del debate gira en torno a las exhumaciones de los restos humanos. La Justicia ha autorizado recientemente la continuación de los trabajos de identificación y recuperación a solicitud de familiares de víctimas del franquismo, lo que ha reabierto las heridas para asociaciones que consideran que el proceso vulnera la memoria de los enterrados sin consentimiento expreso. ¿Qué debería hacerse con este lugar? La cuestión de cómo debe resignificarse el Valle de Cuelgamuros no es solo técnica o presupuestaria. Es profundamente política...
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