Basura espacial sin control: ¿nuestro nuevo basurero?

Un millón doscientos mil pedazos de basura espacial están flotando alrededor de la Tierra, según un informe recién salido del horno de la Agencia Espacial Europea (ESA). Son restos de más de un centímetro, lo bastante grandes para hacer pedazos un satélite o una nave, y su número no para de crecer. Desde que empezó […]

Abr 4, 2025 - 00:39
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Basura espacial sin control: ¿nuestro nuevo basurero?

Un millón doscientos mil pedazos de basura espacial están flotando alrededor de la Tierra, según un informe recién salido del horno de la Agencia Espacial Europea (ESA). Son restos de más de un centímetro, lo bastante grandes para hacer pedazos un satélite o una nave, y su número no para de crecer. Desde que empezó la era espacial, hemos dejado más chatarra orbitando que satélites funcionando, y no estamos hablando de pequeños residuos inofensivos: cualquier fragmento podría representar un riesgo para astronautas.

El problema de la basura espacial

La basura espacial es todo eso que dejamos tirado desde 1957, cuando el Sputnik despegó. Hablamos de pedazos de cohetes, satélites muertos y fragmentos que van a 27,000 km/h, listos para chocar como misiles. El informe de la ESA, presentado en Bonn en 2024, dice que de esos 1.2 millones de restos, 50,000 superan los 10 centímetros, un tamaño que puede arruinar cualquier misión. Esto no es solo un desorden cósmico: amenaza el clima, las comunicaciones y hasta la ciencia que nos ayuda a entender el universo. Un golpe y listo, más basura. Es un ciclo que da miedo.

Más de un millón de pedazos: la basura espacial que amenaza todo

¿De dónde sale tanta chatarra y por qué sigue creciendo?

Todo empezó con buenas intenciones: satélites para el clima, internet, ciencia. Pero nadie pensó en el plan B. Cada lanzamiento deja partes de cohetes y satélites viejos dando vueltas sin control. En 2024, varias explosiones y choques (eventos de fragmentación) dispararon la cantidad de desechos. La ESA dice que aunque dejáramos de lanzar cosas hoy, la basura seguiría creciendo sola por las colisiones. Es como un juego de dominó en el espacio: un pedazo choca, se rompe, y crea más pedazos. A 550 km de altura, las órbitas ya están tan llenas que los satélites viven esquivando riesgos.

Más de un millón de pedazos: la basura espacial que amenaza todo

El temido efecto dominó

Si seguimos así, el espacio podría volverse un caos total. La ESA habla del “síndrome de Kessler, donde los choques se vuelven tan frecuentes que ciertas órbitas quedan inservibles. Sin satélites, adiós pronósticos del tiempo, comunicaciones o misiones espaciales. En 2024, la basura creció más de lo que se pudo controlar, aunque las reentradas controladas (satélites que se queman al volver a la Tierra) subieron, sobre todo entre empresas comerciales. Pero no es suficiente: el reloj corre y el espacio se nos escapa de las manos.

¿Cómo podemos salvar el espacio?

A pesar del alarmante crecimiento de desechos espaciales, hay noticias positivas. En los últimos años, el número de reentradas controladas de satélites y lanzadores ha aumentado, lo que significa que más empresas y agencias espaciales están siguiendo regulaciones para reducir la basura en órbita.

El programa Zero Debris Approach de la ESA busca que, para 2030, se utilicen tecnologías que permitan la limpieza activa del espacio, desarrollando satélites que puedan ser reciclados o eliminados de manera segura al final de su vida útil. Empresas privadas también están involucradas, explorando soluciones como redes espaciales, brazos robóticos o sistemas de arrastre para remover estos fragmentos peligrosos.

Más de un millón de pedazos: la basura espacial que amenaza todo

El espacio: nuestro futuro o nuestro basurero

El crecimiento de la basura espacial no es solo un problema técnico, sino una amenaza real para la exploración y sostenibilidad del espacio. Sin medidas efectivas, el acceso al espacio podría volverse demasiado peligroso y costoso, afectando no solo a las misiones científicas y comerciales, sino también a nuestra vida cotidiana, ya que dependemos de los satélites para comunicaciones, predicciones climáticas y navegación GPS.

El futuro del espacio depende de nuestra capacidad para limpiar el desorden que hemos dejado. Mientras sigamos enviando nuevos satélites y misiones al espacio, también debemos comprometernos a desarrollar soluciones para reducir y eliminar los restos que ya están allí. La pregunta es: ¿seremos capaces de dejar un espacio limpio para las futuras generaciones o lo convertiremos en un cementerio orbital?