El resurgir de J. Balvin, el artista que pasó de cantar en la Super Bowl a ser despreciado por la industria

El artista tocó fondo en 2022, sin embargo, su música ha vuelto a ser bienvenida en la industria

Mar 25, 2025 - 07:59
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El resurgir de J. Balvin, el artista que pasó de cantar en la Super Bowl a ser despreciado por la industria

Por un momento, J. Balvin estuvo a punto de despedirse de su carrera.

Corría el año 2022 cuando José Álvaro Osorio, internacionalmente conocido por su aka J. Balvin, se enfrentaba al peor momento de su vida artística – y probablemente personal –. Lejos quedaban ya los recuerdos dulces de su época dorada, aquellos a partir de 2015 en los que su música, que había encumbrado al colombiano como el artista latino más escuchado del mundo, conquistaba todas las listas, radios y contrataciones editoriales. Gracias a Vibras, su álbum de 2018, Balvin se convertiría en toda una autoridad internacional que revolucionaría el género y quitaría a Puerto Rico la capitanía mundial de la música urbana para trasladarla a Medellín. De hecho, en 2020 se juntaría con artistas como Shakira o Bad Bunny para cantar en el intermedio de la Super Bowl, la retransmisión televisiva más vista del mundo. Estaba en su peak. Sin embargo, la nueva década le vendría al colombiano acompañada de una decadencia, también un odio inaudito, pocas veces vista en la industria musical reciente.

Casi como Edipo matando a su padre, Bad Bunny arrebató a Balvin la posición de artista latino más escuchado a partir de 2020, lo que sumiría al colombiano en una ola de malas decisiones empresariales, musicales y personales.

En el 2022, su annus horribilis, todo comenzó a apelotonarse. Su primera gran polémica, que vino acompañada de una gran bajada en sus reproducciones digitales, fue la ocasionada por el videoclip de Perra. Esta canción, publicada a finales de 2021, desató un aluvión de críticas tras verse en el vídeo oficial a un Balvin paseando con dos correas de acero a dos mujeres negras, a cuatro patas, que fingían ser dos canes.

La polémica no se quedó en una vulgar cancelación, que diríamos en lenguaje digital, empujada desde Twitter y pequeños medios progresistas, sino que provocó que la vicepresidenta de Colombia por aquel entonces, Martha Lucía Ramírez, publicara una carta desde la institución presidencial para condenar su contenido. Balvin era más que un artista urbano; Balvin, conocido como El Niño de Medellín, era algo así como un ente colombiano que representaba la cultura del país latinoamericano frente al mundo, y aquello debía ser repudiado por las mismas instituciones que lo habían convertido en la imagen del éxito, el pueblo y la nación.

Pese a que el videoclip fue retirado por Youtube y el artista pidió disculpas, la pelota de nieve del odio contra Balvin fue haciéndose cada vez más y más grande. De hecho, pocos meses antes del videoclip de Perra, otra decisión de comunicación pública del cantante estuvo a punto de destruir – si es que no la destruyó del todo – su imagen de cantante cercano al pueblo.

Corría la primavera de 2021 cuando en Colombia explotó lo que se conoce como El Estallido, una serie de manifestaciones multitudinarias, no siempre pacíficas, contra el gobierno de Iván Duque y su brutal reforma tributaria – protestas, por cierto, que se intentaron acallar con una represión monumental; el saldo de fallecidos es de 75 civiles y dos policías –.

Con este contexto, mientras otros artistas colombianos se posicionaban públicamente contra la represión policial – no hablamos de raperos marginales, sino de divas de la categoría de Shakira o Karol G –, Balvin mantenía un atronador silencio en redes que era muy duramente criticado. Como era de esperar, tarde o temprano debía salir a decir algo, y así hizo: con 45 civiles fallecidos en las calles colombianas y medio mundo condenando la brutal represión de Duque, Balvin salió a pedir en sus historias de Instagram… que los manifestantes respetaran la propiedad privada.

Por supuesto, esto desató una brutal ola de odio hacia el de Medellín, quien totalmente acorralado, decidió empeorar más las cosas colgando una foto de Ghandi con un texto que, sencillamente, pedía paz: como era de esperar, esto no solo no mejoró la posición de Balvin, sino que la empeoró todavía más al no tomar partida ante una situación tan trágica para el pueblo colombiano.

Todas estas polémicas terminaron de estallar y conocerse fuera de Colombia en 2022, el peor año para el artista, cuando llegaría la legendaria tiradera de Residente y Bizarrap. En aquel año, Balvin subió varias publicaciones a sus cuentas pidiendo boicotear los premios Grammy's por, según él, no tener en cuenta el talento latino. Rápidamente, recibió una respuesta en formato de vídeo de Residente, rapero puertorriqueño exmiembro de Calle 13, donde le recriminaba que pidiera un boicot a los galardones justo aquel año que solo había obtenido dos nominaciones secundarias, pero no otros en los que había sido galardonado con hasta una docena de premios – además, el de Puerto Rico hizo hincapié en que la Academia de la Música sí valora a los latinos, pues él mismo es el artista con más premios Grammy’s de la historia, treinta en total –.

Este enredo digital explotó en marzo de 2022, cuando Residente decidió sacar junto a Bizarrap, probablemente el productor latinoamericano más influyente en ese momento - y cuya colaboración con Balvin se rumoreaba, el mensaje es muy contundente -, una brutal canción de siete minutos con la que destrozaba por completo a J. Balvin. Además de recriminarle la polémica de los Grammy's, lo atacaba por su tibieza frente a la represión policial de Colombia, su misoginia en el videoclip de Perras y, más importante en la industria, su total incapacidad para posicionar una canción en las listas de éxitos mundiales: quizá esto último fue lo que más dolor de muelas provocó en Balvin.

Residente tenía razón, El Niño de Medellín era incapaz de hacer viral un tema; su reguetón sonaba anticuado, ya demasiado mascado, y había perdido una gran parte de su influencia en la industria. El disco que sacó justo antes de que todo estallara, Jose, fue una de las mayores decepciones en toda la historia del género.

Balvin lo ha intentado todo en los últimos años para volver a posicionarse como uno de los artistas principales del género, pero no lo ha terminado de lograr; su último paso por España, en 2024, se cerró con sus actuaciones en el Palacio de Vistalegre, una sala mediana comparada con los grandes recintos, como el Movistar Arena – antiguo Wizink – que artistas de su talla suelen llenar varias noches sin ningún problema. Pero parece que las cosas están cambiando.

Tras Rayo, su último álbum, la crítica ha vuelto a recibir con buena cara su trabajo. Su figura pública se está rearmando y ha logrado recuperar poco a poco su nombre de game changer; de hecho, sus canciones han vuelto a la palestra de la opinión pública en las redes sociales, alabándose su recién descubierta capacidad para experimentar con nuevos sonidos del género.

Otra vez, J. Balvin parece que ha vuelto a ser El Niño de Medellín, aunque parece que hay gente que todavía le guarda algo de rencor: “ustedes son amigos de tol mundo como Balvin”, cantaría Bad Bunny en Thunder y Lighting, canción de trap de su penúltimo disco. Quizá algún día se sepa qué pasó con la estrella de Puerto Rico. Porque le está llamando falso, que no es cualquier cosa.