De formas y reformas

¿Cuánto poder es necesario para llevar adelante las reformas estructurales que el país requiere? Una pregunta imprescindible a la que se suma otra que se encuentra hoy en pleno debate: ¿son más importantes las formas de la política que el objetivo de plasmar reformas estructurales? A continuación, antecedentes históricos significativos sobre ambas cuestiones.Julio A. Roca es el constructor de la Argentina moderna. Para cumplir su magna obra y responder a la primera pregunta formulada más arriba, Roca acumuló un inmenso poder. Desde su designación como ministro de Guerra en 1877, su victoria sobre la rebelión de Buenos Aires en 1880 y sus dos períodos presidenciales, 1880-1886 y 1898-1904, Roca fue el líder de la Generación del 80. Su obra es extraordinaria. Cabe señalar algunos de los aspectos más salientes. Al asumir como ministro de Guerra, no estaban ocupados 800.000 de km2 de territorios del sur del país. Roca impulsó y logró la ocupación de ese vasto y riquísimo territorio en 1879, amenazado por Chile. En 1884 se sancionó la ley 1420 “de educación común”, pieza angular del colosal esfuerzo dedicado a la educación, que sería universal, mixta, gratuita, obligatoria y laica. En 1882, se encargó a Eduardo Madero la construcción del puerto de Buenos Aires, cuya etapa final fue inaugurada en 1898. En esos años, se pasó de 2313 km de vías férreas en 1880 a 22.200 km en 1910. Durante la vigencia de Roca se inauguró el edificio del Congreso Nacional, el Teatro Colón, la estación Constitución y se finalizó la Casa Rosada. Estos logros magníficos tenían su contrapartida en un sistema electoral que, sobre la base de componendas con caudillos provinciales y la apelación al fraude electoral, permitían mantener el poder político de Roca y nombrar a dedo a los presidentes. A medida que el progreso avanzaba y millones de inmigrantes llegaban al país, estas prácticas electorales del régimen fueron cuestionadas y surgió la oposición del radicalismo de Yrigoyen, quien estableció la abstención electoral y encabezó dos revoluciones armadas en 1893 y 1905, ambas vencidas por fuerzas leales. Pese a eso, Roca persistió en un férreo control político para no arriesgar los logros alcanzados.En 1904 se cumplía su segundo período presidencial. Para elegir a su sucesor, Roca convocó en octubre de 1903 a una convención de notables afines a su figura, que designó a Manuel Quintana como candidato a presidente. En la convención no participó Carlos Pellegrini, distanciado de Roca luego de ser su gran aliado. Pellegrini era partidario de reformar el sistema electoral y aspiraba a ser presidente. Tampoco participaron los republicanos (mitrismo), figuras independientes y Roque Sáenz Peña. Como vicepresidente se postuló a José Figueroa Alcorta, visto como una figura provincial sin peso nacional y que no formaba parte del círculo íntimo del roquismo. Roca y su grupo de seguidores seguramente pensaron que, además de bloquear la candidatura de Pellegrini, se aseguraban de mantener el poder. Sin embargo, la muerte imprevista de Quintana en marzo de 1906 llevó a la presidencia a Figueroa Alcorta. En enero del mismo año había muerto Mitre y en julio falleció Pellegrini. Ante ambas ausencias, el flamante presidente se encontraba en absoluta orfandad política y a merced de las mayorías parlamentarias que controlaba Roca. Los principales diarios también se opondrán a Figueroa Alcorta, que deja traslucir sus deseos de reformar el sistema electoral en dos encuentros con Yrigoyen, con el apoyo de Sáenz Peña. Iniciando el análisis de la segunda pregunta de esta nota, contra lo esperado, Figueroa Alcorta muestra una fuerte voluntad política para llevar adelante su gobierno sin la tutela del roquismo, que entonces intensifica su oposición. En las sesiones ordinarias de 1907, el Congreso no aprueba el presupuesto para 1908. Figueroa Alcorta insiste y lo envía para su tratamiento en sesiones extraordinarias. Pasan las semanas y el roquismo bloquea las sesiones: no se llega a tratar ninguna de las leyes enviadas por el presidente. Ante esa obstrucción deliberada, Figueroa Alcorta toma una decisión drástica: decide clausurar las sesiones extraordinarias y prorrogar el presupuesto de 1907. Para efectivizar la medida, el 25 de enero de 1908 se cierra el Congreso. Los legisladores y la prensa se oponen pero la opinión pública ve con buenos ojos la medida, que consideran dirigida contra una clase política desprestigiada. Por esta reacción favorable de los ciudadanos, pronto se desvanece la resistencia, en especial porque los partidarios de Roca saben que a partir de mayo se inician las sesiones ordinarias y tienen el número suficiente para incluso pedir el juicio político del presidente.Nuevamente Figueroa Alcorta sorprende al roquismo y en las elecciones de marzo de 1908, en las que se elige la mitad de los diputados nacionales, apela a las mismas prácticas de presión usuales en la época y obtiene un resonante triunfo que incrementa su poder. A partir de ese mome

Abr 2, 2025 - 05:01
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De formas y reformas

¿Cuánto poder es necesario para llevar adelante las reformas estructurales que el país requiere? Una pregunta imprescindible a la que se suma otra que se encuentra hoy en pleno debate: ¿son más importantes las formas de la política que el objetivo de plasmar reformas estructurales? A continuación, antecedentes históricos significativos sobre ambas cuestiones.

Julio A. Roca es el constructor de la Argentina moderna. Para cumplir su magna obra y responder a la primera pregunta formulada más arriba, Roca acumuló un inmenso poder. Desde su designación como ministro de Guerra en 1877, su victoria sobre la rebelión de Buenos Aires en 1880 y sus dos períodos presidenciales, 1880-1886 y 1898-1904, Roca fue el líder de la Generación del 80.

Su obra es extraordinaria. Cabe señalar algunos de los aspectos más salientes. Al asumir como ministro de Guerra, no estaban ocupados 800.000 de km2 de territorios del sur del país. Roca impulsó y logró la ocupación de ese vasto y riquísimo territorio en 1879, amenazado por Chile. En 1884 se sancionó la ley 1420 “de educación común”, pieza angular del colosal esfuerzo dedicado a la educación, que sería universal, mixta, gratuita, obligatoria y laica. En 1882, se encargó a Eduardo Madero la construcción del puerto de Buenos Aires, cuya etapa final fue inaugurada en 1898. En esos años, se pasó de 2313 km de vías férreas en 1880 a 22.200 km en 1910. Durante la vigencia de Roca se inauguró el edificio del Congreso Nacional, el Teatro Colón, la estación Constitución y se finalizó la Casa Rosada.

Estos logros magníficos tenían su contrapartida en un sistema electoral que, sobre la base de componendas con caudillos provinciales y la apelación al fraude electoral, permitían mantener el poder político de Roca y nombrar a dedo a los presidentes. A medida que el progreso avanzaba y millones de inmigrantes llegaban al país, estas prácticas electorales del régimen fueron cuestionadas y surgió la oposición del radicalismo de Yrigoyen, quien estableció la abstención electoral y encabezó dos revoluciones armadas en 1893 y 1905, ambas vencidas por fuerzas leales. Pese a eso, Roca persistió en un férreo control político para no arriesgar los logros alcanzados.

En 1904 se cumplía su segundo período presidencial. Para elegir a su sucesor, Roca convocó en octubre de 1903 a una convención de notables afines a su figura, que designó a Manuel Quintana como candidato a presidente. En la convención no participó Carlos Pellegrini, distanciado de Roca luego de ser su gran aliado. Pellegrini era partidario de reformar el sistema electoral y aspiraba a ser presidente. Tampoco participaron los republicanos (mitrismo), figuras independientes y Roque Sáenz Peña. Como vicepresidente se postuló a José Figueroa Alcorta, visto como una figura provincial sin peso nacional y que no formaba parte del círculo íntimo del roquismo. Roca y su grupo de seguidores seguramente pensaron que, además de bloquear la candidatura de Pellegrini, se aseguraban de mantener el poder.

Sin embargo, la muerte imprevista de Quintana en marzo de 1906 llevó a la presidencia a Figueroa Alcorta. En enero del mismo año había muerto Mitre y en julio falleció Pellegrini. Ante ambas ausencias, el flamante presidente se encontraba en absoluta orfandad política y a merced de las mayorías parlamentarias que controlaba Roca. Los principales diarios también se opondrán a Figueroa Alcorta, que deja traslucir sus deseos de reformar el sistema electoral en dos encuentros con Yrigoyen, con el apoyo de Sáenz Peña.

Iniciando el análisis de la segunda pregunta de esta nota, contra lo esperado, Figueroa Alcorta muestra una fuerte voluntad política para llevar adelante su gobierno sin la tutela del roquismo, que entonces intensifica su oposición. En las sesiones ordinarias de 1907, el Congreso no aprueba el presupuesto para 1908. Figueroa Alcorta insiste y lo envía para su tratamiento en sesiones extraordinarias. Pasan las semanas y el roquismo bloquea las sesiones: no se llega a tratar ninguna de las leyes enviadas por el presidente. Ante esa obstrucción deliberada, Figueroa Alcorta toma una decisión drástica: decide clausurar las sesiones extraordinarias y prorrogar el presupuesto de 1907. Para efectivizar la medida, el 25 de enero de 1908 se cierra el Congreso. Los legisladores y la prensa se oponen pero la opinión pública ve con buenos ojos la medida, que consideran dirigida contra una clase política desprestigiada. Por esta reacción favorable de los ciudadanos, pronto se desvanece la resistencia, en especial porque los partidarios de Roca saben que a partir de mayo se inician las sesiones ordinarias y tienen el número suficiente para incluso pedir el juicio político del presidente.

Nuevamente Figueroa Alcorta sorprende al roquismo y en las elecciones de marzo de 1908, en las que se elige la mitad de los diputados nacionales, apela a las mismas prácticas de presión usuales en la época y obtiene un resonante triunfo que incrementa su poder. A partir de ese momento se transforma en el líder político que consagra a Roque Sáenz Peña para sucederlo en 1910. El corolario de la acción de Figueroa Alcorta y de Sáenz Peña es la ley sancionada en 1912 que lleva el nombre de este último y que instauró el sufragio secreto y universal.

De este modo, la segunda gran reforma política desde la sanción de la Constitución de 1853 se logró por la habilidad y la valentía de Figueroa Alcorta para terminar con el poder del roquismo. Lo reconoció Sáenz Peña en su discurso al jurar como presidente: “Habré siempre de mirar en el gobierno anterior el punto de partida, arranque y génesis de las mejoras institucionales que me toque realizar”.

Por su parte, escribe Tulio Halperin Donghi: “Mientras la mayoría de la clase política que gobernaba a la Argentina seguía vacilando entre resignarse a encarar la transición enunciada por Alberdi desde los albores de la era constitucional, y confiar en algún feliz accidente que permitiera de nuevo posponerla, tanto el presidente Figueroa Alcorta cuanto el sucesor que se había elegido, marginados ambos por el círculo de poder de la República posible por la hostilidad del General Roca, se preparaban a verla desaparecer sin nostalgia, y aceptaban con entusiasmo el desafío de guiar a la nación en una transición que sospechaban tan dura como la que había significado su ingreso en la era constitucional”.

Figueroa Alcorta utilizó el poder presidencial para derrotar al régimen roquista e iniciar un camino de reformismo que confluirá en la ley Sáenz Peña. Fue criticado por utilizar las mismas formas políticas que denunciaba, pero tuvo la simpatía de los ciudadanos y el reconocimiento póstumo de la historia.

Escribe Henry Kissinger en su notable libro Liderazgo: “El liderazgo es aún más esencial durante las transiciones, cuando los valores y las instituciones pierden relevancia, y el plan esbozado para un futuro digno es objeto de disputa. En esos momentos, los líderes están llamados a hacer diagnósticos y a pensar de manera creativa: ¿cuáles son las fuentes de bienestar de la sociedad? ¿Y las de su decadencia? ¿Qué herencias del pasado deben conservarse y cuáles adaptarse o descartarse? ¿Qué objetivos merecen un compromiso y qué perspectivas deben rechazarse, por muy tentadoras que sean? Y, en el extremo, ¿es la sociedad lo bastante vital y segura para tolerar el sacrificio como paso intermedio hacia un futuro más satisfactorio?”.

Le queda al lector comparar estos antecedentes con la realidad política actual y responder la pregunta sobre las formas y las reformas.