Cuando Apple casi se convirtió en Microsoft en los años 90

Apple es sinónimo de exclusividad si aplicamos este término a sus dispositivos. Todos sus ordenadores, móviles, tablet o gadgets funcionan bajo un ecosistema cerrado donde el hardware y el software están diseñados para complementarse perfectamente. Sin embargo, hubo un tiempo en que Apple estuvo muy cerca de permitir que otras empresas fabricaran ordenadores Mac y … Continuar leyendo "Cuando Apple casi se convirtió en Microsoft en los años 90"

Mar 31, 2025 - 19:17
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Cuando Apple casi se convirtió en Microsoft en los años 90

Apple es sinónimo de exclusividad si aplicamos este término a sus dispositivos. Todos sus ordenadores, móviles, tablet o gadgets funcionan bajo un ecosistema cerrado donde el hardware y el software están diseñados para complementarse perfectamente. Sin embargo, hubo un tiempo en que Apple estuvo muy cerca de permitir que otras empresas fabricaran ordenadores Mac y ejecutaran su sistema operativo, al estilo de Microsoft con Windows. Esta decisión pudo haber cambiado por completo la historia de la informática, pero finalmente Steve Jobs lo impidió.

Los años oscuros de Apple

A principios de los años 90, Apple no era la compañía  que conocemos hoy. Las ventas de los Macintosh estaban cayendo, y la competencia con Microsoft Windows se hacía cada vez más difícil. Windows 3.1 y, posteriormente, Windows 95 popularizaron los ordenadores personales gracias a su modelo de licencias: Microsoft vendía su software a cualquier fabricante, permitiendo que empresas como Dell, HP, Compaq o IBM produjeran y vendieran ordenadores con Windows.

Mientras tanto, Apple seguía apostando por fabricar su propio hardware y software, pero los precios elevados y la falta de innovación hicieron que su cuota de mercado se desplomara. Windows era la empresa que dominaba el mercado sin que nadie le hiciera sombra.

El plan de licenciar macOS

Ante esta crisis, Apple buscó una solución drástica, permitir que otras empresas fabricaran ordenadores compatibles con macOS, en ese momento conocido como System 7. En 1994, bajo la dirección de Michael Spindler, Apple lanzó un programa de licencias y autorizó a algunas empresas, como Power Computing, Motorola y UMAX, a fabricar y vender clones de Macintosh.

Estos ordenadores utilizaban procesadores PowerPC, los mismos que los Mac originales, y ejecutaban macOS, pero a un precio más asequible. Al principio, la estrategia parecía funcionar, las ventas de esta especia de Macs clónicos crecieron rápidamente, y algunos modelos incluso superaban en rendimiento a los Mac oficiales de Apple.

La vuelta de Jobs y el fin de los clones

En 1997, Apple estaba al borde de la quiebra. Sus intentos de licenciar macOS no habían conseguido frenar a Windows y, en lugar de ayudar a la empresa, los clones estaban canibalizando las ventas de los Mac originales. Ese mismo año, Steve Jobs regresó a la compañía tras la compra de NeXT. Una de sus primeras decisiones fue eliminar el programa de licencias.

Jobs consideraba que Apple debía controlar tanto el hardware como el software para garantizar la mejor experiencia de usuario, una filosofía que se mantiene hasta hoy. En 1998, el lanzamiento del iMac G3 marcó el resurgir de Apple. Con un diseño innovador y una integración perfecta entre hardware y software, el iMac demostró que Apple podía volver a ser relevante sin necesidad de licenciar macOS.

¿Cómo hubiera cambiado Apple?

Si Apple hubiera continuado con su estrategia de licencias, hoy podríamos ver ordenadores Mac fabricados por diferentes empresas, ejecutando macOS de la misma manera que Windows funciona en PCs de múltiples marcas. Sin embargo, Apple probablemente no se habría convertido en la compañía que conocemos hoy. La clave de su éxito ha sido precisamente su ecosistema cerrado, donde controla cada aspecto de la experiencia del usuario.

El modelo de Microsoft hizo que Windows dominara el mercado, pero también llevó a problemas de fragmentación, compatibilidad y seguridad que Apple ha evitado con su estrategia de exclusividad. En un universo alternativo, Apple podría haber seguido el camino de Microsoft y convertirse en un proveedor de software en lugar de un fabricante de dispositivos exclusivos.

Pero si algo nos enseñó Steve Jobs es que la clave del éxito de Apple no está en llegar a más usuarios, sino en ofrecer la mejor experiencia posible a los que eligen sus productos. Y con más de 2.000 millones de dispositivos de la marca de Cupertino activos en el mundo, parece que tomó la decisión correcta.