Correr un maratón podría hacer que tu cerebro se coma solo
Todos los maratonistas conocen ese punto donde las piernas son plomo, la cabeza se nubla y seguir es pura voluntad. Siempre creímos que el cuerpo era el que se quedaba sin gasolina, pero un estudio recién publicado en Nature Metabolism dice que tu cerebro también juega sus cartas y podría estar devorando partes de sí […]

Todos los maratonistas conocen ese punto donde las piernas son plomo, la cabeza se nubla y seguir es pura voluntad. Siempre creímos que el cuerpo era el que se quedaba sin gasolina, pero un estudio recién publicado en Nature Metabolism dice que tu cerebro también juega sus cartas y podría estar devorando partes de sí mismo para mantenerte en pie. Este neuro-hallazgo tiene a todos los científicos rascándose la cabeza y a los runners preguntándose qué tan lejos pueden empujar sus límites.
El cerebro en modo emergencia: ¿comerse a sí mismo?
Un equipo liderado por Pedro Ramos-Cabrer y Alberto Cabrera-Zubizarreta escaneó los cerebros de diez maratonistas antes y después de los 42 kilómetros. Usaron resonancias magnéticas para medir la fracción de agua de mielina (MWF), un indicador de esa capa grasa que recubre tus neuronas. ¿Qué encontraron? Después de la carrera, la MWF bajó en zonas clave como las que controlan el movimiento y las emociones. Cuando se acaba la glucosa, el cerebro parece usar su propia estructura como energía de emergencia, un proceso que llaman plasticidad metabólica de la mielina. Es como si tu mente gritara: “no hay más, voy a comerme lo que tengo”.
¿Qué le pasa al cerebro después de un maratón?
No te preocupes, no te vas a quedar sin cerebro por correr. Esa capa que se “come” es vital (hace que las señales entre neuronas vayan rápido), y perderla suena serio, como en enfermedades neurológicas. Pero aquí está el giro: esa pérdida es temporal. A las dos semanas, los niveles empezaban a subir, y a los dos meses, todo estaba como antes. Las áreas más afectadas, como las que mueven tus piernas o manejan el estrés, se recuperan solas. Es un mecanismo de “usar y reponer” que demuestra lo ingenioso que es tu cerebro cuando lo pones al límite.
Lo que sienten los runners
Si alguna vez has sentido esa nube mental al final de una carrera larga, esto podría ser la razón. El cerebro se “come” un poco para no apagarse, tocando zonas que controlan desde tus pasos hasta cómo lidias con el agotamiento. Los escáneres mostraron caídas en regiones motoras y emocionales, lo que explica esa sensación de “ya no puedo más” que pega duro pasados los 30 kilómetros. Pero no es solo sufrimiento: este truco podría ser un regalo evolutivo, una forma de seguir adelante cuando no había comida y tocaba correr por sobrevivencia.
¿Y si corres más de un maratón?
El estudio deja varias dudas. ¿Qué pasa en ultramaratones de 100 kilómetros o si corres seguido sin parar? Podría haber un límite donde el cerebro no se recupere tan rápido, sobre todo si no le das chance de descansar. Consejo para los runners intensos: después de una carrera pesada, dale un respiro a tu cuerpo y mente. Come carbs, duerme bien y no te lances a otro maratón de inmediato.
Un vistazo a enfermedades del cerebro
Esto va más allá del running. Que el cerebro se “coma” a sí mismo y luego se repare podría dar pistas sobre enfermedades como la esclerosis múltiple, donde esa reparación no pasa. Si entendemos este mecanismo, tal vez podamos usarlo para ayudar a quienes pierden funciones neurológicas. Los científicos ya planean estudios más grandes, mirando si aplica a ayunos extremos o desnutrición. Es un hallazgo que conecta el esfuerzo físico con los misterios de la mente.
Este descubrimiento es todo un shot de adrenalina. Correr un maratón podría hacer que tu cerebro se coma solo… pero solo un rato, y eso lo hace más increíble aún. Nos muestra un órgano que no se rinde, que se reinventa cuando todo falla. Para los runners, es un llamado a cuidar el cuerpo después de darlo todo.