Belugas, palomas y gatos, los animales como insospechados agentes al servicio del espionaje

Un dron llama la atención, pero palomas en el cielo o gatos en un parque, no.

Mar 28, 2025 - 09:09
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Belugas, palomas y gatos, los animales como insospechados agentes al servicio del espionaje

Cuando pensamos en espías, imaginamos agentes encubiertos armados con tecnología de punta, no un gato callejero o una paloma mensajera. Sin embargo, la historia del espionaje está llena de casos donde animales comunes han sido convertidos en herramientas de inteligencia. Desde proyectos clasificados de la CIA hasta operaciones de la Guerra Fría, estos animales demostraron que el mejor camuflaje es, a veces, simplemente pasar desapercibido.

El caso más reciente que captó la atención global fue el de una paloma detenida en India durante ocho meses bajo sospecha de ser una espía china. Después de una exhaustiva investigación y denuncias por parte de organizaciones de derechos de los animales, las autoridades determinaron que se trataba de una paloma de carreras taiwanesa desorientada que había perdido su camino. La paloma, que había llegado a Mumbai con anillos metálicos y escritura china en sus alas, ha sido finalmente liberada en febrero.

Otro caso de animal espía que llamó la atención fue el de Hvaldimir, una dócil beluga sospechosa de espiar para Rusia en aguas noruegas y fallecida en agosto del 2024 por causas desconocidas. Pero décadas antes, agencias como la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos y el MI6, la agencia de inteligencia exterior del Reino Unido, ya experimentaban con especies domésticas. ¿Por qué? Por su capacidad para acceder a lugares restringidos sin levantar sospechas. Un gato merodeando por un parque o una bandada de palomas sobrevolando una base militar podían ser, en realidad, sofisticados sistemas de vigilancia.

Palomas: los ‘drones’ naturales durante la Guerra Fría

Durante décadas, las palomas mensajeras fueron las espías perfectas. Discretas, con un sistema de navegación innato y capaces de transportar cámaras en miniatura. En la Segunda Guerra Mundial, los británicos las usaron para fotografiar instalaciones nazis desde ángulos imposibles para los aviones. La CIA perfeccionó esta técnica durante la Guerra Fría con cámaras que apenas pesaban 35 gramos y que se activaban automáticamente durante el vuelo. “Eran ideales, nadie sospechaba de un pájaro volando por el cielo”, explica un documento desclasificado de la CIA en su página web.

El programa, aunque exitoso, tenía un punto débil: las palomas no siempre seguían la ruta prevista. Algunas se distraían con comida o eran atacadas por depredadores, y otras simplemente decidían posarse en el lugar equivocado. Aun así, su legado perdura, y hoy se consideran precursoras de los drones de vigilancia modernos.

Gatos: el fracaso (y los mitos) del Acoustic Kitty

En los años 60 del siglo XX, la CIA lanzó uno de sus proyectos más extraños: Operación Acoustic Kitty (Gatito Acústico), que buscaba convertir gatos en dispositivos de escucha ambulantes y cuyo programa tuvo un coste de 20 millones de dólares. Para llevarlo a cabo, implantaron micrófonos en las orejas y antenas en la cola, con la idea de que se acercaran a conversaciones comprometedoras en parques o embajadas.

El problema fue previsible para cualquier conviviente con gatos: los felinos son impredecibles. El primer gato fue atropellado por un taxi minutos después de ser liberado. Además, aparentemente los gatos seleccionados para el programa preferían perseguir a los pájaros antes que a los espías, tal como recogen otros documentos desclasificados que admiten que el proyecto fue cancelado porque “no se podía controlar su comportamiento”.

Pese a su fracaso, el mito del gato espía persiste. La CIA aclara que el último gato espía no murió, sino que fue adoptado por un empleado de la agencia, pero el caso sigue siendo un ejemplo de hasta dónde llegaron los intentos por explotar las habilidades animales.

Perros: de detectar explosivos a salvar espías

Durante la Guerra Fría en la década de 1960, el líder soviético Nikita Khrushchev regaló al presidente John F. Kennedy una perra mestiza que procedía de la camada de Strelka, uno de los dos perros rusos que volaron al espacio y regresaron vivos y sanos. Pushinka (‘peludita’ en ruso) llegó a Washington y fue sometida a pruebas anatómicas exhaustivas por la CIA para descartar que se tratase de un perro espía.

A pesar de esta curiosa anécdota, los perros no han tenido una gran repercusión en el campo del espionaje en comparación con otras especies. Sin embargo, su papel en la seguridad es innegable y un ejemplo representativo son los perros detectores de explosivos, encargados de mantener a salvo a los agentes y las instalaciones de cualquier cuerpo de seguridad.

Gracias a su increíble sentido del olfato, que es unas 10.000 veces superior al de los humanos, los perros son capaces de identificar olores de explosivos incluso en mezclas extraordinariamente complejas. Una vez que aprenden el aroma de un explosivo específico, pueden detectarlo entre miles de otros olores, reconociendo hasta 20.000 mezclas explosivas diferentes.

Así, mientras que los perros pueden no haber sido utilizados como espías en el sentido tradicional y estricto de la palabra, su capacidad para detectar amenazas ha hecho de ellos aliados indispensables en la protección de la seguridad de cualquier país.

Otros animales en la mira de las agencias

Aunque en este artículo nos hemos centrado en especies domésticas, casos como el de la desdichada beluga Hvaldimir, el cuervo Do Da, que decidió arrancarse el sistema de localización y regresar con los suyos o los drones submarinos disfrazados de siluros revelan que la imaginación de los servicios de inteligencia no tiene límites (y la autonomía de otras especies para tomar sus propias decisiones, tampoco).

No obstante, estos proyectos plantean dilemas sobre el uso de animales no humanos en operaciones de riesgo. Mientras la CIA insiste en que los tratan con cuidado, otros casos, como los delfines entrenados por la Unión Soviética para colocar minas marinas, siguen siendo polémicos.