La absolución de Alve s, que para la euroenfurecida Irene Montero es violencia institucional de la Justicia patriarcal, es insólita y sorprendente –para bien– en estos tiempos que corren. Por ajustada, tratándose como se trata de un caso de presuntos abusos sexuales. Por decirlo de otra manera: hace cinco años hubiese sido imposible una sentencia así. Ningún juez se hubiese atrevido a respetar el medular principio jurídico de 'in dubio pro reo' en una causa tan mediática, así que felicitémonos. Obviamente, yo no sé si la penetración fue o no consentida. No estaba agazapada en el baño del reservado, como no lo estaban Cristina Fallarás ni Victoria Rosell. Pero ellas sí están muy convencidas, sin atisbo de duda, de que...
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