Un tipo de cambio (político) atrasado
En tiempos donde se discute si el programa económico se ha ido sumergiendo en un esquema de tipo de cambio atrasado, y esas dudas se proyectan sobre la sustentabilidad del plan de estabilización que ha encarado el gobierno de Javier Milei desde el inicio del ciclo, también podría decirse que algunos acontecimientos de estas últimas semanas han sembrado algunas dudas sobre el tipo de cambio político que el presidente está implementando.Como el propio Milei sostiene, su irrupción en la escena en diciembre de 2023 fue producto de que las condiciones de presión y temperatura no eran normales. El nivel de desasosiego en el que estaba sumergida la sociedad argentina, traumatizada por un proceso de aceleración inflacionaria temerario y atemorizada por un proceso de descomposición económica que afectaba seriamente su calidad de vida, la llevó a demandar cambios muy profundos.Javier MileiHaciéndose eco de ello, el propio Milei presentaba su irrupción como la materialización de un cambio muy profundo: "...el cambio más relevante de los últimos 100 años". Una suerte de vuelta de hoja radical en la historia argentina. Todas sus singularidades, todas sus particularidades, todas sus rarezas, toda su novedad alimentaban constantemente la interpretación de que efectivamente estaba ocurriendo algo novedoso. La épica permanente del relato oficialista de evocar un Milei prócer intentaba transmitir esa idea de una verdadera refundación del país.El relato oficialista permanente hiperbólico, grandilocuente, desmesurado, ampuloso y lleno de pompa buscó convencer a la sociedad argentina que efectivamente se estaba produciendo un cambio político radical. Si una Argentina distinta era imposible con los mismos de siempre, Milei actuó muy bien el papel de mostrarse como algo muy distinto a lo de siempre. Incluso sus propios defectos fueron puestos a alimentar esa virtud renovadora: su inexperiencia, su incorrección política, su falta de estructura partidaria, todo era revolucionario.Si había que generar argumentos para despertar la expectativa de que efectivamente estaba ocurriendo un cambio, Milei ofrecía más argumentos que ninguno para verlo realmente innovador y revolucionario. Y todo ello rindió sus frutos, ya que a lo largo de toda esta primera mitad de mandato se ha visto que el sostén del apoyo social está anclado en la expectativa sobre el futuro, sobre que el cambio efectivamente se producirá. La palabra que más se menciona cuando uno le pide a los que apoyan que definan en una palabra a Milei es: esperanza.Negocia con inversores Una cadena de hoteles traerá otras marcas de lujo, atraída por la Argentina de Milei Belén FernándezLa esperanza es una actitud emocional positiva caracterizada por la expectativa o la confianza en que algo bueno ocurrirá o en que situaciones adversas mejorarán en el futuro. Es, esencialmente, una creencia orientada hacia el futuro que motiva a las personas a enfrentar dificultades, tomar decisiones y persistir en sus objetivos. Pero por sobre todas las cosas, es una actitud de espera, de que algo ocurrirá en el futuro.Pero todo esto que hemos dicho en los 6 primeros párrafos de esta columna se han chocado peligrosamente con un hecho de la realidad que tiene en su espíritu el poder de transfigurar todo el sentido que se había logrado transmitir en orden de construir expectativa de cambio. Ese hecho de la realidad fue el LibraGate.El LibraGate no solo fue un hecho políticamente inexplicable y éticamente reprochable para Javier Milei, no solo fue un típico escándalo político como los que ocurren en todos los ciclos políticos, sino que tiene la potencialidad de haber sido el toque de medianoche que transforme el carruaje en calabaza de este presidente. O que produzca la revelación más peligrosa para Milei, la de que efectivamente él no es distinto a los demás, la de que él también es un político que comete los actos indebidos que habitualmente se le ven cometer a los políticos y por los cuales la sociedad los detesta.Mercado de cambios Un pedido del Fondo al BCRA que puede impactar en el dólar blue y el MEP Mariano GorodischEsta peligrosidad está reflejada en datos que muestran el modo en que la percepción pública observó el acontecimiento. En nuestro estudio nacional de marzo, se consultó sobre si Javier Milei cometió un "acto de corrupción" promocionando la "criptomoneda", un 58,2% afirmó estar total o bastante convencido de que efectivamente fue así.En definitiva, el LibraGate puede haber sido la puerta de entrada del ciclo a su etapa terrenal. Ya no hay demasiadas esperanzas de un cambio revolucionario, ni de que se inicia un ciclo disruptivo en la historia. Y empiezan a quedar las esperanzas más terrenales, de que el ciclo mejore el rumbo económico del país, que sigue siendo la viga central del actual proceso político. Como si el LibraGate hubiera producido una suerte de atraso en el tipo de cambio político.Un tipo de cambio político que ya acumula mucha institucionalidad creativa: un presidente

En tiempos donde se discute si el programa económico se ha ido sumergiendo en un esquema de tipo de cambio atrasado, y esas dudas se proyectan sobre la sustentabilidad del plan de estabilización que ha encarado el gobierno de Javier Milei desde el inicio del ciclo, también podría decirse que algunos acontecimientos de estas últimas semanas han sembrado algunas dudas sobre el tipo de cambio político que el presidente está implementando.
Como el propio Milei sostiene, su irrupción en la escena en diciembre de 2023 fue producto de que las condiciones de presión y temperatura no eran normales. El nivel de desasosiego en el que estaba sumergida la sociedad argentina, traumatizada por un proceso de aceleración inflacionaria temerario y atemorizada por un proceso de descomposición económica que afectaba seriamente su calidad de vida, la llevó a demandar cambios muy profundos. Javier Milei
Haciéndose eco de ello, el propio Milei presentaba su irrupción como la materialización de un cambio muy profundo: "...el cambio más relevante de los últimos 100 años". Una suerte de vuelta de hoja radical en la historia argentina. Todas sus singularidades, todas sus particularidades, todas sus rarezas, toda su novedad alimentaban constantemente la interpretación de que efectivamente estaba ocurriendo algo novedoso. La épica permanente del relato oficialista de evocar un Milei prócer intentaba transmitir esa idea de una verdadera refundación del país.
El relato oficialista permanente hiperbólico, grandilocuente, desmesurado, ampuloso y lleno de pompa buscó convencer a la sociedad argentina que efectivamente se estaba produciendo un cambio político radical. Si una Argentina distinta era imposible con los mismos de siempre, Milei actuó muy bien el papel de mostrarse como algo muy distinto a lo de siempre. Incluso sus propios defectos fueron puestos a alimentar esa virtud renovadora: su inexperiencia, su incorrección política, su falta de estructura partidaria, todo era revolucionario.
Si había que generar argumentos para despertar la expectativa de que efectivamente estaba ocurriendo un cambio, Milei ofrecía más argumentos que ninguno para verlo realmente innovador y revolucionario. Y todo ello rindió sus frutos, ya que a lo largo de toda esta primera mitad de mandato se ha visto que el sostén del apoyo social está anclado en la expectativa sobre el futuro, sobre que el cambio efectivamente se producirá. La palabra que más se menciona cuando uno le pide a los que apoyan que definan en una palabra a Milei es: esperanza.
La esperanza es una actitud emocional positiva caracterizada por la expectativa o la confianza en que algo bueno ocurrirá o en que situaciones adversas mejorarán en el futuro. Es, esencialmente, una creencia orientada hacia el futuro que motiva a las personas a enfrentar dificultades, tomar decisiones y persistir en sus objetivos. Pero por sobre todas las cosas, es una actitud de espera, de que algo ocurrirá en el futuro.
Pero todo esto que hemos dicho en los 6 primeros párrafos de esta columna se han chocado peligrosamente con un hecho de la realidad que tiene en su espíritu el poder de transfigurar todo el sentido que se había logrado transmitir en orden de construir expectativa de cambio. Ese hecho de la realidad fue el LibraGate.
El LibraGate no solo fue un hecho políticamente inexplicable y éticamente reprochable para Javier Milei, no solo fue un típico escándalo político como los que ocurren en todos los ciclos políticos, sino que tiene la potencialidad de haber sido el toque de medianoche que transforme el carruaje en calabaza de este presidente. O que produzca la revelación más peligrosa para Milei, la de que efectivamente él no es distinto a los demás, la de que él también es un político que comete los actos indebidos que habitualmente se le ven cometer a los políticos y por los cuales la sociedad los detesta.
Esta peligrosidad está reflejada en datos que muestran el modo en que la percepción pública observó el acontecimiento. En nuestro estudio nacional de marzo, se consultó sobre si Javier Milei cometió un "acto de corrupción" promocionando la "criptomoneda", un 58,2% afirmó estar total o bastante convencido de que efectivamente fue así.
En definitiva, el LibraGate puede haber sido la puerta de entrada del ciclo a su etapa terrenal. Ya no hay demasiadas esperanzas de un cambio revolucionario, ni de que se inicia un ciclo disruptivo en la historia. Y empiezan a quedar las esperanzas más terrenales, de que el ciclo mejore el rumbo económico del país, que sigue siendo la viga central del actual proceso político. Como si el LibraGate hubiera producido una suerte de atraso en el tipo de cambio político.
Un tipo de cambio político que ya acumula mucha institucionalidad creativa: un presidente que gobierna por segundo año consecutivo sin presupuesto, que designa jueces de la corte suprema por decreto, o que esquiva el Congreso de formas legalmente discutibles como la idea de aprobar el acuerdo con el FMI (cuando aún no ha sido alcanzado) mediante un DNU. Es cierto que Milei gobierna en minoría, pero también es cierto que nadie lo obligó a sufrir esa circunstancia, y no por estar en esa condición está habilitado a soslayarse las reglas institucionales de juego.
Milei puede aún producir cambios económicos que produzcan satisfacción política y le permitan no solo atravesar la elección de medio término sino lograr su reelección en 2027. Pero lo que fue presentado por el propio Milei como el fin histórico de la decadencia Argentina y una suerte de refundación del país luego de 100 años a la deriva, va perdiendo nitidez de la mano de un proceso político-institucional atrasado. Que por momentos repite muchos de los vicios del pasado, y que ha avanzado con un proceso de toma de decisiones de muy baja calidad institucional. Y que tuvo en el caso Libra, un evento que desnuda al ciclo de cualquier vestimenta de transformación heroica con la que Milei haya intentado vestirlo.