Tienes que ir a ver a Modelo
Un modo nuevo de entender la música


Estoy en una cola en la calle Mayor, una de esas filas que se hacen para entrar en los garitos. La peculiaridad es que hay menores, muchos menores acompañados. Cuando se abren las puertas hay un reparto de pulseras como en un parque de bolas y una cierta lucha por ocupar las primeras filas junto al escenario. Queda un buen rato para que empiece el concierto y la sala se va llenando poco a poco. Esto empieza a no parecerse demasiado a un concierto normal.
En la primera fila se ha colocado un grupo de niños muy pequeños. No tendrán más de siete años. Sus padres están detrás, vigilando. ¿Qué está pasando aquí? Las luces se apagan. La sala está llena. Sobre el escenario hay un pie de micrófono del que cuelga un ukelele y una batería de juguete con un bombo enano. Empieza el espectáculo. Salen al escenario dos tipos. Uno va vestido como un monitor de campamentos, con pantalón corto y camiseta blanca, y el otro no lleva camiseta.
Sobre el escenario hay un pie de micrófono del que cuelga un ukelele y una batería de juguete con un bombo enano.
Suena la primera canción. Todo el mundo la conoce y la canta. El animador sociocultural canta y toca el ukelele mientras hace unos pasos de aeróbic. El otro tipo se sienta en la batería y toca sobre unas bases grabadas como si le fuera la vida en ello. Mueve la cabeza como la niña del exorcista. La descripción es realista. No pretende ser crítica porque, quizá, sea lo contrario. Desde el primer momento, el concierto invita al movimiento y al baile, es como una clase de aquagym en seco.
Reviso mi arsenal atómico de prejuicios y empiezo a hacer descartes. En los tiempos del reguetón y el electro latino, lo que estoy viendo es una bendición, un milagro y toda una lección. Modelo, así se llama el grupo, tiene canciones propias, mucha tralla, una forma de transmitir inédita y poliédrica y un concepto del espectáculo actual, digital y, quizá, adelantado a su tiempo, algo que es, sin duda, complicado.
El concierto está medido. Estamos en un garito, pero el concepto del espectáculo podría ser el de un megaconcierto en un estadio. Está todo pensado. Ya hemos dicho que hay mucho material grabado, pero no desluce nada. Es más bien al contrario. En un momento dado, el cantante anuncia que van a rodar un videoclip en directo. Sin perder el ritmo de la actuación, entra la cámara y aquello fluye como quien graba a un niño soplando las velas de la tarta. Hay también una naturalidad pasmosa en la interacción de la banda con las redes sociales.
Estamos en un garito, pero el concepto del espectáculo podría ser el de un megaconcierto en un estadio.
Nos lanzan unos artefactos de plástico hinchable para que sigamos la siguiente canción, hay un momento para que suban los niños al escenario y yo sigo desorientado, pero algo fascinado. Una señora que tengo cerca dice que el reloj le marca como si estuviera andando en bicicleta. Al otro lado tengo a un grupo de amigos veinteañeros. Si esto fuera un trabajo fin de máster les diría que no se puede hacer una segmentación tan amplia de públicos, pero vete tú a saber. Hay normas que no funcionan en determinados ámbitos.
Me da la sensación de que Modelo hace tiempo que ha superado el famoso público de las tres efes y aquí hay algo más que familia, amigos y tontos. Esto apunta al éxito. Puede funcionar en cualquier ciudad, en cualquier ámbito. La fórmula es buena. Si trabajara para una discográfica ficharía a Modelo, pero yo solo hago columnas. Tampoco sé si Modelo necesita una discográfica. Lo que sí sé es que tienes que ir a ver a Modelo.