Los 14 años: La edad a la que empiezan de forma más frecuente los problemas con la tecnología
La tecnología nos conecta, nos informa de forma inmediata, nos divierte… pero, ¿somos realmente conscientes de su impacto en la infancia y la adolescencia ? Esta es la pregunta que se han planteado en la Fundación Anar y que han analizado en su último Estudio «Tecnología. Impacto en la infancia y la adolescencia en España, según su testimonio», del que se extrae que el uso inadecuado de la tecnología afecta ya a más de la mitad de los casos analizados. En concreto, el informe analiza 11.164 peticiones atendidas a través de las Líneas de Ayuda ANAR entre junio de 2023 y junio de 2024, de los cuales 6.300 (es decir, un 56,4%) hacían un uso inadecuado de las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC) y recuerda que el ciberbullying, la adicción a la tecnología, el ciberacoso, el grooming o el sexting no consentido son las problemáticas más habituales. El perfil más identificado en las consultas recibidas corresponde a niñas y adolescentes mujeres (63,8%), salvo en los casos de adicción a la tecnología, donde la incidencia entre varones es mayor (54,6%, 9,2 puntos porcentuales más que entre mujeres). La edad más frecuente es de 14 años , con un intervalo entre los 9 y los 16 años y una media de 12,5 años. En situaciones como el ciberacoso y el grooming, esta media se incrementa ligeramente. También se identifica una mayor incidencia en familias con un solo progenitor/a (58,3%) o en custodia compartida (60,1%), en comparación con las familias en las que conviven ambos progenitores. En cuanto al ámbito escolar, el Estudio refleja un bajo rendimiento académico en el 62,5% de los casos -especialmente en problemas de adicción tecnológica (69,8%) y sexting no consentido (80%)-. Además, el 56,4% de los/as menores de edad expresa una baja satisfacción con su vida escolar, porcentaje que asciende hasta el 77% en ciberbullying y el 75% en sexting no consentido. Según el informe, el 79,7% de los casos analizados presentan un nivel alto de gravedad y el 71,8% son considerados urgentes por los/as profesionales de Fundación ANAR. Además, el 65,4% de estas situaciones se prolongan durante más de un año y en el 70,7% de los casos los hechos se repiten a diario. «Esta cronificación está directamente relacionada con la falta de intervención temprana, el silencio que rodea muchas de estas situaciones y la normalización de ciertos comportamientos en el entorno digital», ha señalado Ballesteros. Frente a este escenario, la intervención de ANAR ha debido intensificarse notablemente. Casi tres de cada cuatro casos atendidos (73,5%) requieren orientación psicológica, jurídica y social de forma simultánea, esto es, la orientación más completa que se presta desde las Líneas de Ayuda ANAR. «Estamos ante casos más graves, más urgentes y más difíciles de abordar», ha subrayado Diana Díaz. Pese a todo, Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda ANAR, ha destacado que el 54,9% de los niños, niñas y adolescentes con problemas relacionados con el uso de la tecnología no recibe ningún tipo de atención psicológica; si atendemos a los problemas específicos de las TRIC, el porcentaje aumenta hasta el 60,1%. «La conducta suicida está presente en todos los tipos de problemáticas vinculadas con las tecnologías, ya sea de forma directa o indirecta. Nos estamos encontrando con menores de edad que viven situaciones extremas en soledad, sin atención profesional, sin acompañamiento emocional, sin una supervisión en el uso adecuado de la tecnología y sin saber cómo pedir ayuda», ha señalado. El Estudio de ANAR no solo pone cifras a una realidad cada vez más preocupante, sino que propone soluciones concretas para revertirla. La directora jurídica de las Líneas de Ayuda ANAR, Sonsoles Bartolomé, ha presentado el bloque de recomendaciones , dirigidas a todos los actores implicados: niños/as y adolescentes, familias, profesionales de infancia, empresas tecnológicas e instituciones públicas. «Necesitamos actuar desde todos los frentes. La prevención en las aulas, el acompañamiento desde las familias, la regulación efectiva del entorno digital y la corresponsabilidad de las plataformas tecnológicas son claves. Los derechos de la infancia también deben protegerse en el entorno online», ha señalado. El documento recoge más de 100 recomendaciones, entre las que destaca la necesidad de que las familias establezcan normas claras sobre el uso de la tecnología, refuercen la comunicación y acompañen activamente la vida digital de sus hijos e hijas. En el entorno escolar, se insiste en impartir educación digital, social y afectivo-sexual desde edades tempranas, formar al profesorado en competencias tecnológicas actualizadas y que el Teléfono y Chat ANAR de Ayuda a Niños/as y Adolescentes estén presentes en todas las aulas, según indica la LOPIVI en su artículo 17. En cuanto al papel de las empresas tecnológicas, el Estudio exige una mayor responsabilidad ética en el diseño de contenidos y mecanismos de recompensa, la implementación de canales d
La tecnología nos conecta, nos informa de forma inmediata, nos divierte… pero, ¿somos realmente conscientes de su impacto en la infancia y la adolescencia ? Esta es la pregunta que se han planteado en la Fundación Anar y que han analizado en su último Estudio «Tecnología. Impacto en la infancia y la adolescencia en España, según su testimonio», del que se extrae que el uso inadecuado de la tecnología afecta ya a más de la mitad de los casos analizados. En concreto, el informe analiza 11.164 peticiones atendidas a través de las Líneas de Ayuda ANAR entre junio de 2023 y junio de 2024, de los cuales 6.300 (es decir, un 56,4%) hacían un uso inadecuado de las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC) y recuerda que el ciberbullying, la adicción a la tecnología, el ciberacoso, el grooming o el sexting no consentido son las problemáticas más habituales. El perfil más identificado en las consultas recibidas corresponde a niñas y adolescentes mujeres (63,8%), salvo en los casos de adicción a la tecnología, donde la incidencia entre varones es mayor (54,6%, 9,2 puntos porcentuales más que entre mujeres). La edad más frecuente es de 14 años , con un intervalo entre los 9 y los 16 años y una media de 12,5 años. En situaciones como el ciberacoso y el grooming, esta media se incrementa ligeramente. También se identifica una mayor incidencia en familias con un solo progenitor/a (58,3%) o en custodia compartida (60,1%), en comparación con las familias en las que conviven ambos progenitores. En cuanto al ámbito escolar, el Estudio refleja un bajo rendimiento académico en el 62,5% de los casos -especialmente en problemas de adicción tecnológica (69,8%) y sexting no consentido (80%)-. Además, el 56,4% de los/as menores de edad expresa una baja satisfacción con su vida escolar, porcentaje que asciende hasta el 77% en ciberbullying y el 75% en sexting no consentido. Según el informe, el 79,7% de los casos analizados presentan un nivel alto de gravedad y el 71,8% son considerados urgentes por los/as profesionales de Fundación ANAR. Además, el 65,4% de estas situaciones se prolongan durante más de un año y en el 70,7% de los casos los hechos se repiten a diario. «Esta cronificación está directamente relacionada con la falta de intervención temprana, el silencio que rodea muchas de estas situaciones y la normalización de ciertos comportamientos en el entorno digital», ha señalado Ballesteros. Frente a este escenario, la intervención de ANAR ha debido intensificarse notablemente. Casi tres de cada cuatro casos atendidos (73,5%) requieren orientación psicológica, jurídica y social de forma simultánea, esto es, la orientación más completa que se presta desde las Líneas de Ayuda ANAR. «Estamos ante casos más graves, más urgentes y más difíciles de abordar», ha subrayado Diana Díaz. Pese a todo, Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda ANAR, ha destacado que el 54,9% de los niños, niñas y adolescentes con problemas relacionados con el uso de la tecnología no recibe ningún tipo de atención psicológica; si atendemos a los problemas específicos de las TRIC, el porcentaje aumenta hasta el 60,1%. «La conducta suicida está presente en todos los tipos de problemáticas vinculadas con las tecnologías, ya sea de forma directa o indirecta. Nos estamos encontrando con menores de edad que viven situaciones extremas en soledad, sin atención profesional, sin acompañamiento emocional, sin una supervisión en el uso adecuado de la tecnología y sin saber cómo pedir ayuda», ha señalado. El Estudio de ANAR no solo pone cifras a una realidad cada vez más preocupante, sino que propone soluciones concretas para revertirla. La directora jurídica de las Líneas de Ayuda ANAR, Sonsoles Bartolomé, ha presentado el bloque de recomendaciones , dirigidas a todos los actores implicados: niños/as y adolescentes, familias, profesionales de infancia, empresas tecnológicas e instituciones públicas. «Necesitamos actuar desde todos los frentes. La prevención en las aulas, el acompañamiento desde las familias, la regulación efectiva del entorno digital y la corresponsabilidad de las plataformas tecnológicas son claves. Los derechos de la infancia también deben protegerse en el entorno online», ha señalado. El documento recoge más de 100 recomendaciones, entre las que destaca la necesidad de que las familias establezcan normas claras sobre el uso de la tecnología, refuercen la comunicación y acompañen activamente la vida digital de sus hijos e hijas. En el entorno escolar, se insiste en impartir educación digital, social y afectivo-sexual desde edades tempranas, formar al profesorado en competencias tecnológicas actualizadas y que el Teléfono y Chat ANAR de Ayuda a Niños/as y Adolescentes estén presentes en todas las aulas, según indica la LOPIVI en su artículo 17. En cuanto al papel de las empresas tecnológicas, el Estudio exige una mayor responsabilidad ética en el diseño de contenidos y mecanismos de recompensa, la implementación de canales de ayuda eficaces, y que se priorice el interés superior del menor en todas las decisiones que afectan al entorno digital. Respecto a las instituciones públicas, se reclama la aprobación de la Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, así como su aplicación efectiva, con un enfoque basado en derechos y participación infantil. Como conclusión, Benjamín Ballesteros ha incidido en que las tecnologías «deben ser herramientas de desarrollo, aprovechando todo su potencial de forma positiva, no como disparadores de malestar. No podemos dar a los/as menores de edad dispositivos con conexión a internet y acceso ilimitado a un sinfín de contenidos que pueden ser altamente perjudiciales. Urge la aprobación de la Ley Orgánica para protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, poner límites, acompañar, educar y, sobre todo, escuchar».
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