La forma de sentarse de Bertín Osborne en 'Tu cara me suena' y todo lo que dice de nosotros

Bertín Osborne se ha estrenado como concursante en el talent show que nació de 'Lluvia de Estrellas', que presentó él mismo tantos años en Antena 3.

Abr 5, 2025 - 07:21
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La forma de sentarse de Bertín Osborne en 'Tu cara me suena' y todo lo que dice de nosotros

A veces, para conocer a un artista ni siquiera hace falta ver cómo actúa encima de un escenario. Su personalidad puede delatarse ya solo con la forma de sentarse. En este cometido, el sofá bajo el ascensor de Tu cara me suena ya es un retrato de cómo es nuestra sociedad: una congregación de personas aprendiendo entre sí.

Allí, en la entrada al clonador que caracteriza a celebrities en iconos de la música, comparten espacio gentes tan dispares que hablan sin necesidad de hablar. La sonriente timidez de Melani, el nervio de Yenesi o las piernas abiertas de Bertín Osborne, ocupando el asiento con una descriptiva comunicación no verbal que habla de una hombría que viene de lejos. Tiene hasta nombre propio: 'manspreading'. Se trata del 'desparrame masculino' que se refiere a la manera de sentarse de algunos hombres, en especial en el transporte público, con las piernas bien abiertas invadiendo el espacio de las personas de al lado. Bertín ni se percata, por supuesto. Es costumbre. Es lo normal.

Luego, arriba, en el otro lado del escenario, tras imitar a Omar Montes en su debut en Tu cara me suena, Bertín se estrena en el show bromeando con que en los 43 años que lleva trabajando en la televisión es la primera vez que se ha maquillado. Otro hito. Tal vez porque maquillarse nunca fue cosa de hombres. Aunque en la tele fuera vital para cuidar la armonía de la iluminación y los brillos de los protagonistas del programa, ficción o debate. Así perdió Nixon su cara a cara frente a Kennedy ya en 1960. Uno no quiso maquillarse, otro comprendió la importancia de la imagen en tele.

En estos costumbristas detalles, también está el éxito de Tu cara me suena. A través de canciones y anécdotas (especialmente de Lolita) el programa reúne a la sociedad de donde venimos y a la que vamos. Y todos, o casi todos, terminan empatizando gracias a los ambientes de buen rollo que permiten el mezclarse, conocerse y terminar entendiéndose. Así se desactivan los prejuicios. Con menos discursos que crean suspicacias y con más historias que nos unen. En este caso, historias hechas canciones. Quizá, así, alguno se percate por qué dice tanto de nosotros hasta cómo nos sentamos. Incluso cómo el macho invadía espacio abriendo unas piernas como jamás pudieron ellas.