Cuatro goles y dos palos. El Barça fue una máquina ante el Girona en Montjüic. Lo fue desde el inicio con
Pedri,
Eric,
Gavi y
Fermín que permitieron una presión que dio un control total y también cuando entró un
De Jong fresco y con autoridad que supo aprovechar los mayores espacios que dejó el equipo de
Michel. En medio de todo eso,
Lamine y
Lewy. El joven delantero blaugrana fue, otra vez, un espectáculo con su fútbol mágico, el día que
Lewandowski volvió a reivindicarse como uno de los mejores arietes del mundo.
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