El ambulatorio móvil que recorre de Príncipe Pío a Marconi para cuidar de los adictos: "Somos su familia"
Madrid Salud da atención sanitaria, social y humana a 450 drogodependientes en situación de calle

Todos los días del año la furgoneta de la unidad móvil ‘Madroño’ de Madrid Salud espera durante una hora y media en Príncipe Pío a que personas que viven en la calle se acerquen. Juan es de los primeros en aparecer y dirigirse a la trabajadora social: "Ahí voy… No tengo plaza en un centro de día pero prefiero caminar. Por la noche sí necesito no dormir en la calle", le relata. Como él, tienen contabilizadas a unas 50 personas que acuden a este punto a recoger su medicación, una bolsa con alimentación y productos de higiene y una dosis específica de metadona. En toda la ciudad, atienden a más de 450 personas en lugares como el polígono Marconi (Villaverde), Embajadores, Príncipe Pío (Moncloa-Aravaca) o calles del distrito Centro.
Esta furgoneta blanca llega con tres médicos, tres enfermeras y tres trabajadores sociales para acercar asistencia tanto sanitaria como social a personas con adicciones en situación de exclusión social. "Somos el primer paso para intentar sacarles de la calle", asegura Jorge Álvarez, médico de ‘Madroño’. Además de médicos, enfermeras y trabajadores sociales, ejercen de cuidadores: "Somos su familia. Les damos cariño y compañía".
‘Madroño’ no es un simple vehículo estacionado, es la llave para garantizar los derechos básicos de estas personas: el acceso a la salud, la alimentación y un lugar donde dormir. Es como un centro de salud ambulante donde se les ofrece todo. "Desde lo más básico como tiques para los baños públicos, comida hasta que las trabajadoras sociales gestionan el ingreso en albergues o centros de acogida y una atención sanitaria. Hacemos una exploración física, una analítica de sangre y la prueba de la tuberculosis para descartar patologías médicas", explica Jorge.
Se trata de un dispositivo móvil de la red del Instituto de Adicciones de Madrid Salud, dependiente del área de Seguridad y Emergencias del Consistorio madrileño, que atiende a personas adictas que se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad y que no acceden a los servicios ni a la atención de otros recursos de la red. Parten de una situación muy complicada, puesto que son "personas que están en una situación muy mala de muchos años de consumo crónico, que están en la calle, prácticamente han perdido todo y la mayoría ya no puede dejar de consumir". Por eso, una de las actuaciones que realizan desde esta unidad es la reducción del daño de la heroína y la cocaína, para reducir los efectos del síndrome de abstinencia. Para ello cada persona tiene una dosis individualizada de metadona que se va valorando si hay que ir subiéndola o bajándola, en función del efecto que tiene sobre cada uno.
Por una pequeña ventana de la furgoneta dispensan la medicación que necesita cada uno de ellos que tienen minuciosamente anotada. Ana aguarda a que le den una bolsa que lleva tres botes con la dosis diaria de metadona, tres pastillas para su tratamiento médico y pide un ibuprofeno. "Espera que te voy a dar comida, cariño", le recuerda la trabajadora social. La atención es completamente individualizada. "Se recuerda que la persona que se lleve un bote de metadona no podrá venir al día siguiente a por más botes. La persona que pierda un bote no podrá llevarse más en dos semanas. En caso de una segunda pérdida no se le darán más botes para llevar", figura en un cartel de la ventanilla.
Antes de la evaluación médica y social cuando una persona aparece por primera vez, lo primero que se les proporciona es la documentación. "A casi todos hay que hacerles el DNI y la tarjeta sanitaria. Le acompañamos a sacar las fotos y al centro de salud", explica el médico. Después se ponen en contacto con Samur Social para buscarle una plaza en un albergue. Aurora Martín sabe el nombre de todos los que se asoman por la unidad móvil. Es una de las trabajadoras sociales de ‘Madroño’. "Somos un punto de referencia y de encuentro. A veces simplemente vienen a hablar un rato o a contarte algo. Somos su familia". Cariño y compañía es lo que, en el fondo, demandan estos individuos: "Aunque estén en la calle con diez personas, en realidad están solos", relata Aurora.
Quizás por esa atención que les brindan, acuden todos los días a la furgoneta, aparcada en el Paseo del Rey, en las inmediaciones del centro de acogida de San Isidro. Yusef besa a Jorge Álvarez en cuanto le ve. Otro abraza al médico porque ha conseguido plaza en el centro de acogida para dormir. Son las muestras de agradecimiento hacia los que les cuidan diariamente. "Muchas veces somos como sus padres: hay que decirles ‘ven que te llevo al médico o al albergue, hay que hacer las cosas por ellos", relata Álvarez. Al menos, hasta que consiguen acercarles a la red tanto de personas sin hogar como a la red normalizada, el principal objetivo de este programa.
El dispositivo nació en 2004 con la intención de dar respuesta a la pandemia de VIH-sida, atendiendo a personas que tenían que "tomarse pastillas todos los días". "Son personas sin horarios, por lo que era muy difícil que siguieran un tratamiento", recuerda Álvarez, que lleva desde el principio en este programa. En esos primeros años eran los médicos y trabajadores sociales los que recorrían las calles de Madrid, ahora, "son ellos quienes vienen porque ya conocen el servicio". Recuerda a una paciente que vivía en los cines Capitol: "Cuando no venía aquí, íbamos nosotros a darle las pastillas".
Tras unos primeros años de captación, en los que la unidad móvil era muy itinerante, en la actualidad realiza parada fija todos los días del año frente al centro de acogida de San Isidro y en el polígono Marconi. También apoya a los recursos de proximidad de Villaverde y Embajadores y recorre algunas calles de Centro. Además, transportan medicación y metadona para usuarios alojados en otros centros de acogida y en sus domicilios, cuando es necesario.
En 2023, la unidad móvil ‘Madroño’ atendió a 451 personas, 217 nuevas para el servicio y en el primer semestre de 2024 (últimos datos disponibles), atendió a 300 personas, de las que 85 eran nuevas para el servicio. La atención se produce siempre en las primeras 24 horas de su demanda. En 2023, cubrió a 260 personas con tratamiento de metadona, la mayoría hombres, y alrededor del 33% son menores de 40 años. El área de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid ha renovado el contrato de este programa con un importe de casi dos millones de euros y una duración de tres años más. Todo con el objetivo de que estas personas consigan reinsertarse o, al menos, un lugar donde vivir dignamente.