Cuando el mundo se preguntó "¿Quién disparó a JR?": 45 años del mayor 'cliffhanger' de las series
'Dallas' es una de las series más populares de la televisión y su influencia es detectable en títulos posteriores, como 'Succession' o 'Yellowstone'.

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, en un mundo ya muy lejano, en el que la gente no veía series. En su lugar, preferían ir al cine, un lugar en el que proyectaban películas como El cazador, Superman, Grease o El expreso de medianoche. Todos estos títulos llegaron a las salas en 1978, año en que se emitió el primer episodio de Dallas. Y, entonces, todo cambió. La serie, que hoy no está disponible en ninguna plataforma en España, se transformó en el primer fenómeno cultural de la pequeña pantalla, casi 12 años antes de Twin Peaks.
Gran parte de la culpa la tuvo JR, modelo del villano moderno que, más tarde, ampliarían en televisión Breaking Bad o Los Soprano. A diferencia de series como Las aventuras del Dr. Fu Manchú, JR, magnate petrolífero con tantos enemigos como millones, tenía el encanto necesario para poner al público de su parte.
La catarsis de esta fascinación peligrosa llegó en 1980, con el final de la tercera temporada, emitida un 21 de marzo, cuando alguien atentaba contra el personaje encarnado por Larry Hagman. Esta es la historia del verano que pasamos preguntándonos ¿quién disparó a JR?
¿Quién disparó a JR?
En una televisión más anticuada, menos audaz, la muerte de JR habría sido aplaudida por millones de espectadores. Sin embargo, cuando alguien irrumpe en la oficina del malévolo Ewing y le dispara, el mundo se paralizó. Sobre todo, porque quedaban varios meses hasta la próxima temporada.
El final de la tercera temporada de Dallas elevó a los altares un recurso que tantas series emplearían en los años siguientes: el cliffhanger. Ya existente en las sagas literarias (y, dentro de la narrativa audiovisual, habitual en el cine), las series abrazaron, tras Dallas, ese dejar sin respiración a la audiencia durante meses.
La etimología de cliffhanger, en inglés, no puede ser más explícita: nos lleva a imaginar una mano agarrada al borde un acantilado. ¿Qué ocurrirá a continuación? La expectación era tal que decenas de historias, seguramente apócrifas, circulan en la actualidad sobre ese capítulo: la más famosa, que, en Turquía, el parlamento detuvo su actividad antes de lo previsto para que los diputados llegasen a tiempo a casa y pudieran ver cómodamente el capítulo. También, que la migración de los Tuareg se retrasó diez días, para que el episodio final no les pillase en medio del Sahara.
La fiebre de Dallas alcanzó una altura de vértigo y la cadena supo beneficiarse de ella al promocionar el culebrón con la frase: ¿Quién disparó a JR? Aún cebaron más la tensión en la cuarta temporada, ya que los espectadores, perplejos, descubrieron que el misterio no se resolvía hasta el cuarto capítulo, titulado convenientemente ¿Quién lo hizo? Su nombre era Kristin Shepard, cuñada y amante de JR, a la que este había dejado embarazada y amenazado con acusar de prostitución tras romper su palabra de casarse con ella.
JR entra en campaña
Para garantizar que nadie sabía quién había disparado a JR, todos los actores de la serie (sospechosos o no, incluyendo al propio Larry Hagman) rodaron una escena con una pistola en la mano.
Las casas de apuestas vivieron meses excitantes al abrir sus pujas al mundo del audiovisual: la tiradora más probable era Sue Ellen, la mujer de JR, con un balance de 3-1, pero uno podía arriesgarse y apostar un dólar a que había sido la madre de JR, encarnada por Barbara Bel Geddes, de Vértigo, quien había intentado acabar con la vida de su hijo. De acertar, se llevaría 35. Incluso se tuvieron en cuenta personas reales, como el entrenador, por entonces, de los Dallas Cowboy (con 500-1).
Que Dallas era la serie más popular del momento, y que habría que esperar al ¿quién mató a Laura Palmer? para vivir algo parecido, quedó claro cuando, en pleno periodo electoral, los republicanos pasearon pancartas con el lema “Un demócrata disparó a JR”.
Que JR en cuestión fuese la encarnación de todo lo que está mal en el sistema neoliberal estadounidense no entrañó ningún problema, por lo que, cuando Jimmy Carter bromeó con que, si supiera quién le había disparado, financiaría su campaña, el chiste no sentó muy bien entre los amantes de Dallas. Según la prensa, el número de pegatinas para parachoques vendidas en los Estados Unidos con el rostro de JR superó, aquel verano, el de los candidatos a la presidencia Carter y Reagan… sumados.
Larry Hagman, que pasó las vacaciones en Reino Unido, conoció a la familia real británica, así que, en cuanto la reina madre lo tuvo a su alcance, le preguntó quién había tratado de matarlo. La prensa inglesa, además, le ofreció miles de libras si revelaba la identidad de su ficticio enemigo. Él se negó ante ambas peticiones, entre otras cosas porque no lo sabía.
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