Venganza contra Trump: estas son las empresas que se piden boicotear tras Coca-Cola y McDonald's
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido seguir adelante con su guerra comercial basada en el establecimiento de aranceles y el desarrollo de políticas proteccionista. La Unión Europea (UE) ha sido agraciada con un 20% de tasas para casi la totalidad de los productos, a excepción de algunos que ya están gravados y otros que esperan a serlo a nivel sectorial. El Gobierno de los Veintisiete todavía no ha respondido a este ataque directo, pero los ciudadanos de los diferentes países empiezan a fomentar un boicot a los productos yankis. Pocas potencias se han librado, ni siquiera las serviles gobernadas por políticos de extrema derecha, como el caso de la Argentina de Javier Milei o el Estado genocida de Israel, gravadas con un 10% y un 17%, respectivamente; razón de más que han encontrado tanto algunos Gobiernos como la ciudadanía para responder antes de esperar a que llegue un movimiento unitario y contundente de la UE, algo que puede no pasar nunca. Una de las armas de la ciudadanía de a pie para reaccionar es su lógica de consumo. Decenas de empresas estadounidenses están presentes en el día a día de los consumidores europeos y lo suyo sería que la UE les estableciese elevados aranceles para presionar, aunque los ciudadanos ya han empezado su propio boicot. Poblaciones como la danesa, a consecuencia de las amenazas de anexión de Groenlandia, empezaron antes, dejando de consumir Coca-Cola o Kellogg's. En Francia han llamado al "proteccionismo gastronómico, alentando a comprar sus vinos y quesos frente a los procedentes de California, como hiciera Trump. Productos clave del boicot en Europa Algunas universidades y ayuntamientos europeos ya han comenzado a retirar productos de empresas como Pepsi o Starbucks de sus instalaciones, como gesto simbólico en este creciente pulso económico. La iniciativa deja claro que la guerra comercial se libra en todos los frentes, desde los despachos hasta las cafeterías. Entre las compañías más afectadas están Coca-Cola y Pepsi, referentes globales en el sector de las bebidas, así como la cadena de comida rápida McDonald's, presente en más de 100 países. También figuran marcas como Kellogg's, Heinz o la propia Starbucks, todas ellas parte del imaginario colectivo del consumo estadounidense. El boicot también alcanza a gigantes tecnológicos como Apple, Intel o Tesla. La empresa de Elon Musk, vinculado políticamente a figuras como Donald Trump, puede verse doblemente afectada por el rechazo ciudadano y las restricciones en el sector de la automoción, donde también figuran marcas como Ford, General Motors (matriz de Chevrolet, Cadillac o GMC) y Harley-Davidson. En el ámbito de la moda y la distribución, Nike podría ver comprometido su dominio en el mercado de la ropa deportiva, junto a otras firmas emblemáticas como Levi's o Walmart, esta última con fuerte implantación internacional. El impacto del boicot no se detiene ahí. El sector del entretenimiento digital también se ve salpicado, con plataformas como Disney+ y Netflix en el centro del debate. Ambas podrían enfrentar un rechazo creciente por parte de sectores sociales...
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido seguir adelante con su guerra comercial basada en el establecimiento de aranceles y el desarrollo de políticas proteccionista. La Unión Europea (UE) ha sido agraciada con un 20% de tasas para casi la totalidad de los productos, a excepción de algunos que ya están gravados y otros que esperan a serlo a nivel sectorial. El Gobierno de los Veintisiete todavía no ha respondido a este ataque directo, pero los ciudadanos de los diferentes países empiezan a fomentar un boicot a los productos yankis. Pocas potencias se han librado, ni siquiera las serviles gobernadas por políticos de extrema derecha, como el caso de la Argentina de Javier Milei o el Estado genocida de Israel, gravadas con un 10% y un 17%, respectivamente; razón de más que han encontrado tanto algunos Gobiernos como la ciudadanía para responder antes de esperar a que llegue un movimiento unitario y contundente de la UE, algo que puede no pasar nunca. Una de las armas de la ciudadanía de a pie para reaccionar es su lógica de consumo. Decenas de empresas estadounidenses están presentes en el día a día de los consumidores europeos y lo suyo sería que la UE les estableciese elevados aranceles para presionar, aunque los ciudadanos ya han empezado su propio boicot. Poblaciones como la danesa, a consecuencia de las amenazas de anexión de Groenlandia, empezaron antes, dejando de consumir Coca-Cola o Kellogg's. En Francia han llamado al "proteccionismo gastronómico, alentando a comprar sus vinos y quesos frente a los procedentes de California, como hiciera Trump. Productos clave del boicot en Europa Algunas universidades y ayuntamientos europeos ya han comenzado a retirar productos de empresas como Pepsi o Starbucks de sus instalaciones, como gesto simbólico en este creciente pulso económico. La iniciativa deja claro que la guerra comercial se libra en todos los frentes, desde los despachos hasta las cafeterías. Entre las compañías más afectadas están Coca-Cola y Pepsi, referentes globales en el sector de las bebidas, así como la cadena de comida rápida McDonald's, presente en más de 100 países. También figuran marcas como Kellogg's, Heinz o la propia Starbucks, todas ellas parte del imaginario colectivo del consumo estadounidense. El boicot también alcanza a gigantes tecnológicos como Apple, Intel o Tesla. La empresa de Elon Musk, vinculado políticamente a figuras como Donald Trump, puede verse doblemente afectada por el rechazo ciudadano y las restricciones en el sector de la automoción, donde también figuran marcas como Ford, General Motors (matriz de Chevrolet, Cadillac o GMC) y Harley-Davidson. En el ámbito de la moda y la distribución, Nike podría ver comprometido su dominio en el mercado de la ropa deportiva, junto a otras firmas emblemáticas como Levi's o Walmart, esta última con fuerte implantación internacional. El impacto del boicot no se detiene ahí. El sector del entretenimiento digital también se ve salpicado, con plataformas como Disney+ y Netflix en el centro del debate. Ambas podrían enfrentar un rechazo creciente por parte de sectores sociales...
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