Una tarde en las calles de Las Palmas de Gran Canaria donde hay más pisos turísticos que vecinos

Entre las vías Padre Cueto y Salvador Cuyás, cerca de la playa de Las Canteras, existen 619 plazas de viviendas vacacionales y solo 570 residentes. La población ha notado el impacto de la oferta, desbocada desde que el Gobierno presentó su propuesta de regulación hace un año sin paralización temporal de las licenciasUn año del borrador de la ley canaria de alquiler vacacional: aún sin norma, pero con 13.000 pisos turísticos más Era una noche como otra cualquiera. Juan Carlos Olivero, de 53 años, regresaba de sacar a su perro, Leo, cuando se cruzó con una mujer en el portal del edificio en el que vive, en el istmo de Las Palmas de Gran Canaria, cerca de la playa de Las Canteras. Asegura que la vio temerosa, que “tenía miedo” y que le dijo que no pasaba nada, que él solo iba a su planta. Pero ella no respondió. Comenta que era extranjera y que no sabía hablar español. Está seguro de que se trataba de una turista que se iba a alojar en una de las viviendas vacacionales que hay en el bloque. “Es una situación extraña. Es inseguro, ¿sabes? Porque en un solo mes entran y salen al menos veinte personas distintas. Acostumbrado a tener al vecino de toda la vida…”, lamenta Olivero. “En mi edificio hay montones [de pisos turísticos]. No sé lo que entra aquí y tampoco cuándo estalló el boom. Pero está repercutiendo, eso sin duda. Ha influenciado demasiado”, agrega.  Olivero vive cerca de la calle Salvador Cuyás, en la capital grancanaria. Entre esa vía y Padre Cueto, a dos manzanas, hay 619 plazas de alquiler vacacional y viven solo 570 residentes, según los datos del Registro General Turístico de Canarias y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Un mapa publicado en la web masgeografía.com y elaborado por Víctor Jiménez, doctor en Geografía por la Universidad de Extremadura (UE) y actualmente profesor en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), muestra la distribución de todas esas viviendas explotadas con fines turísticos. El resultado no es otro que la expulsión de la población local. Aunque algunos, los más atrevidos, permanecen. Oferta de alquiler vacacional en Las Palmas de Gran Canaria. “Te lo puedo resumir así: fiesta”, exclama Marta, de 53 años. Inquilina en uno de los inmuebles de la zona, cuenta que su edificio tiene cinco plantas y que las tres últimas están dedicados exclusivamente al uso turístico. Remarca que ya no puede hacer lo de antes, eso de “ir al vecino para que te preste sal si hace falta”, y que, si le ocurriera ahora, le tocaría “comer soso” porque no conoce a nadie. Su amiga Leire, de 50, añade: “Los propietarios ven un filón y le dicen al arrendatario de toda la vida que con vacacional ganarían el doble”. Las calles de esta zona de Las Palmas de Gran Canaria ya contaban con varios hoteles urbanos por la cercanía con la playa de Las Canteras, a escasos metros. Muchos de los establecimientos comerciales, de hecho, parecen estar pensados para viajeros. Agencias de alquiler de coches, de viajes low cost, centros de masajes orientales, de belleza, bazares abiertos las 24 horas del día, múltiples restaurantes y el Supermercado Xing Long, justo en la esquina.  Pero ahora también hay carteles con las siglas VV (Vivienda Vacacional) en las puertas. Están en los bloques residenciales, compartiendo espacio con los vecinos. Y también en solitario, en edificios modernos sin comercios en primera planta que no tienen nada que ver con la arquitectura característica de la zona. Según el INE, Las Palmas fue la cuarta provincia donde más creció el número de pisos turísticos entre agosto de 2023 y noviembre de 2024, el último mes con datos. Ahora hay 4.127 (y subiendo).

Abr 5, 2025 - 07:21
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Una tarde en las calles de Las Palmas de Gran Canaria donde hay más pisos turísticos que vecinos

Una tarde en las calles de Las Palmas de Gran Canaria donde hay más pisos turísticos que vecinos

Entre las vías Padre Cueto y Salvador Cuyás, cerca de la playa de Las Canteras, existen 619 plazas de viviendas vacacionales y solo 570 residentes. La población ha notado el impacto de la oferta, desbocada desde que el Gobierno presentó su propuesta de regulación hace un año sin paralización temporal de las licencias

Un año del borrador de la ley canaria de alquiler vacacional: aún sin norma, pero con 13.000 pisos turísticos más

Era una noche como otra cualquiera. Juan Carlos Olivero, de 53 años, regresaba de sacar a su perro, Leo, cuando se cruzó con una mujer en el portal del edificio en el que vive, en el istmo de Las Palmas de Gran Canaria, cerca de la playa de Las Canteras. Asegura que la vio temerosa, que “tenía miedo” y que le dijo que no pasaba nada, que él solo iba a su planta. Pero ella no respondió. Comenta que era extranjera y que no sabía hablar español. Está seguro de que se trataba de una turista que se iba a alojar en una de las viviendas vacacionales que hay en el bloque.

“Es una situación extraña. Es inseguro, ¿sabes? Porque en un solo mes entran y salen al menos veinte personas distintas. Acostumbrado a tener al vecino de toda la vida…”, lamenta Olivero. “En mi edificio hay montones [de pisos turísticos]. No sé lo que entra aquí y tampoco cuándo estalló el boom. Pero está repercutiendo, eso sin duda. Ha influenciado demasiado”, agrega. 

Olivero vive cerca de la calle Salvador Cuyás, en la capital grancanaria. Entre esa vía y Padre Cueto, a dos manzanas, hay 619 plazas de alquiler vacacional y viven solo 570 residentes, según los datos del Registro General Turístico de Canarias y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Un mapa publicado en la web masgeografía.com y elaborado por Víctor Jiménez, doctor en Geografía por la Universidad de Extremadura (UE) y actualmente profesor en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), muestra la distribución de todas esas viviendas explotadas con fines turísticos. El resultado no es otro que la expulsión de la población local. Aunque algunos, los más atrevidos, permanecen.

Oferta de alquiler vacacional en Las Palmas de Gran Canaria.

“Te lo puedo resumir así: fiesta”, exclama Marta, de 53 años. Inquilina en uno de los inmuebles de la zona, cuenta que su edificio tiene cinco plantas y que las tres últimas están dedicados exclusivamente al uso turístico. Remarca que ya no puede hacer lo de antes, eso de “ir al vecino para que te preste sal si hace falta”, y que, si le ocurriera ahora, le tocaría “comer soso” porque no conoce a nadie. Su amiga Leire, de 50, añade: “Los propietarios ven un filón y le dicen al arrendatario de toda la vida que con vacacional ganarían el doble”.

Las calles de esta zona de Las Palmas de Gran Canaria ya contaban con varios hoteles urbanos por la cercanía con la playa de Las Canteras, a escasos metros. Muchos de los establecimientos comerciales, de hecho, parecen estar pensados para viajeros. Agencias de alquiler de coches, de viajes low cost, centros de masajes orientales, de belleza, bazares abiertos las 24 horas del día, múltiples restaurantes y el Supermercado Xing Long, justo en la esquina. 

Pero ahora también hay carteles con las siglas VV (Vivienda Vacacional) en las puertas. Están en los bloques residenciales, compartiendo espacio con los vecinos. Y también en solitario, en edificios modernos sin comercios en primera planta que no tienen nada que ver con la arquitectura característica de la zona. Según el INE, Las Palmas fue la cuarta provincia donde más creció el número de pisos turísticos entre agosto de 2023 y noviembre de 2024, el último mes con datos. Ahora hay 4.127 (y subiendo).

Hotel urbano en el istmo de Las Palmas de Gran Canaria, cerca de Las Canteras
Cartel de vivienda vacacional junto a un establecimiento, en Las Palmas de Gran Canaria

Carmelo Dorta, de 60 años, señala delante del salón de juego Rayo Gold o bar El Casino (han soltado varios nombres a la vez) un inmueble “celestillo con la ventanita de plata” y asegura que todo eso será vacacional. Apunta luego a otro piso ubicado en lo alto de una construcción, y vuelve a decir: “¿Lo ves? Lo están haciendo turístico. En la calle Hierro, también, varios pisos más…”, remacha.

Junto a Carmelo, en el local están Elena, Pepe, de 62 años y Miguel Ángel, de 64. Permanecen sentados, hablando. Tienen que hacerlo en voz alta por el ruido del tráfico y la ingente cantidad de comercios a su alrededor. “En solo cincuenta metros hay ocho bares”, dicen entre risas. Ellos reconocen que viven en una “zona turística”, pero también en un barrio (el de El Refugio, puntualizan). Así que deben convivir con ambas realidades, a la que se ha sumado en los últimos años la del alquiler vacacional.

“No nos ha impactado mucho porque esto siempre ha sido zona turística”, comenta Elena. “Mira, yo te voy a decir una cosa”, interrumpe Miguel Ángel, algo animado. “A mí, que me dedico a montar aparatos de aire acondicionado, me ha venido muy bien. ¿Turistas de hoteles o de vivienda vacacional? No lo sé. Simplemente hay más que antes”, finiquita.

Eso también lo ha notado Agustina, de 70 años, quien asiente mientras camina arrastrando lo que parece ser un carrito de la compra. Ella está dispuesta a hablar, pero advierte que no puede explayarse mucho porque acaba de salir del dentista y tiene la boca dormida. Aun así, responde a todo con una perfecta dicción.

Relata que ha visto edificios enteros convertidos al alquiler turístico, que con las casas terreras, típicas de la capital grancanaria, ha pasado lo mismo, y que el Paseo de Las Canteras se ha vuelto intransitable desde hace un tiempo. “Antes solías tropezarte con gente los fines de semana, pero ahora pasa todos los días”, destaca.

Dos turistas caminan delante de un rent a car, en Las Palmas de Gran Canaria
Una trabajadora barre la calle en la vía Pedro Cueto, en Las Palmas de Gran Canaria

El geógrafo de la ULPGC Juan Manuel Parreño explica que la oferta del alquiler turístico en la capital grancanaria “ha crecido muchísimo” en los últimos doce meses motivada por el “efecto llamada” que ha tenido la propuesta de regulación de la mencionada actividad del Gobierno de Canarias, conformado por Coalición Canaria y Partido Popular.

El Ejecutivo anunció el anteproyecto de la norma en abril de 2024, pero no suspendió temporalmente la tramitación de licencias. Y desde entonces se han inscrito de media unas 35 viviendas vacacionales cada día. “El [crecimiento] en el último año ha sido espectacular. Posiblemente no estaríamos en la situación en la que estamos ahora si se hubiera aprobado una especie de moratoria que impidiera la concesión de nuevas licencias”, destaca el experto.

Parreño recuerda que la zona del istmo, donde el alquiler vacacional ha echado raíces, ya era turística antes de la irrupción de los famosos carteles de VV. Pero matiza que la oferta estaba centrada principalmente en primera línea de playa, justo en la costa, y que ahora se ha dispersado por toda la ciudad.

Eso ha provocado, indica el geógrafo, que los efectos de la turistificación en Las Palmas de Gran Canaria hayan pasado de estar concentrados en una parte de la capital a hacerlo en casi toda su extensión, desplazando a la población residente y elevando los precios de los alquileres.

Turistas en el paseo de Las Canteras, en la playa de Las Palmas de Gran Canaria

“Este proceso no solo incrementa la presencia de turistas en las calles, sino que el espacio público se orienta de alguna manera hacia una actividad económica y se pierde la dinámica de barrio”, profundiza Parreño. “Aquí, el turismo era una cuestión muy vinculada a la primera línea de playa. Pero con la vivienda vacacional se está trasladando a la segunda, revalorizando la zona”.

El experto no cree que la norma planteada por la Consejería de Turismo y Empleo vaya a revertir la situación, al menos de manera inmediata. Repara que el texto introduce un periodo transitorio de cinco años (que puede llegar a diez) para que la oferta del alquiler vacacional se adapte a los nuevos requisitos. Y que por lo tanto hay que buscar “alternativas” para devolver parte de la vivienda turística al alquiler tradicional, como incentivos o más seguridad jurídica.

Para Víctor Jiménez, geógrafo de la ULPG, es cierto que el concepto “sostenible” o “sostenibilidad” se menciona decenas de veces en el proyecto de ley, “pero que algo se nombre muchas veces no quiere decir que tenga ese sentido”. También cuestiona el tope propuesto del 10% de pisos turísticos con respecto al total. Cree que ese umbral “podría ser un poquito más bajo” y que, en cualquier caso, lo ideal sería estudiar pueblo a pueblo qué limite imponer.

“Habría que buscar una forma de estimular la conversión de las viviendas vacacionales en alquiler residencial y, de alguna manera, que los barrios vuelvan a ser lo que eran, donde la función básica es la residencial”, reitera por su parte Parreño. “Eso no excluye lo turístico, porque esos barrios están donde están. Pero la función residencial es lo básico. Al final, la ciudad es para vivir”, concluye el experto.

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