Tonino Carotone: “Defiendo cosas que están cada vez menos de moda, como el honor”

Antonio de la Cuesta (Burgos, 1970), o sea, Tonino Carotone, comparte apellido con el impresor de Cervantes y, según su abuelo, su familia poseía un manuscrito original del Quijote, que se acabó quemando. “Es un misterio que me da miedo”, cuenta a Zenda. El Toñín se crió en Barañáin (Navarra), conoció la trena por insumiso, lideró el grupo Kojón Prieto y los Huajolotes –“El mariachi más punk del mundo”– y, tras la disolución de la banda, este rey del vodevil amante de la música italiana y admirador del vocalista Renato Carosone, se inventó un personaje. La entrada Tonino Carotone: “Defiendo cosas que están cada vez menos de moda, como el honor” aparece primero en Zenda.

Abr 5, 2025 - 23:49
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Tonino Carotone: “Defiendo cosas que están cada vez menos de moda, como el honor”

Antonio de la Cuesta (Burgos, 1970), o sea, Tonino Carotone, comparte apellido con el impresor de Cervantes y, según su abuelo, su familia poseía un manuscrito original del Quijote, que se acabó quemando. “Es un misterio que me da miedo”, cuenta a Zenda. El Toñín se crió en Barañáin (Navarra), conoció la trena por insumiso, lideró el grupo Kojón Prieto y los Huajolotes —“El mariachi más punk del mundo”— y, tras la disolución de la banda, este rey del vodevil amante de la música italiana y admirador del vocalista Renato Carosone, se inventó un personaje cuyo apellido significa “zanahorión”. Hace cosa de un cuarto de siglo, la novia de entonces le dejó por otro y, cierto día, sentado en la taza del váter, las musas le inspiraron los siguientes versos: “È un mondo difficile / e vita intensa / felicità a momenti / e futuro incerto”. Así fue concebida “Me cago en el amor”, rola que le valió el triunfo en Italia. Carotone publicó varios discos, conoció a Celentano, colaboró con Manu Chao, Paco Collado le parodió en el programa de José Mota —Ricardo Boquerone—, ha sido carne de documental, ha coescrito un libro —Il Maestro dell’ora Brava, con Federico Traversa— e incluso ha compuesto en griego, entre otras aventuras.

Carotone, “artista etílico-romántico”, acaba de publicar un nuevo álbum, Mondo DiVino, con el también cantautor y enólogo Giulio Wilson (Florencia, 1983). El LP incluye una docena de canciones inéditas “para beber, pensar, bailar, divertirte y no dejar de vivir”. Con esta percha discográfica y vitivinícola —también han elaborado un vino para la ocasión—, les entrevistamos:

*****

—¿En el vino está la verdad?

Giulio Wilson (GW): Muchas veces, pero no siempre.

Tonino Carotone (TC): El vino, aunque a veces confunda, creo que aclara más que confunde. Da un punto de lucidez especial. Yo soy muy…

—Etílico-romántico.

TC: Soy muy Alatriste. Ese romanticismo de defender el honor y las ideas por encima de todo… Es contraproducente ir contracorriente. Defiendo cosas que están cada vez menos de moda, como el honor, las ideas, los artistas, los poetas, los guerreros que lo dan todo. Justo lo contrario que, inteligentemente…

—La gente que nos lo quita todo.

TC: Algo queda. Menos mal.

—¿Qué aporta el vino como musa?

"Este es un disco para hablar de vida, de cosas terrenales que no son tecnología ni inteligencia artificial"

GW: El vino ha sido, antes de todo, el elemento que nos ha hecho encontrarnos. La primera vez que nos encontramos fue con dos copas de vino en Bérgamo, en el norte de Italia. Hemos utilizado el vino, ante todo, para grabar este disco, para el que hemos consumido bastante vino y whisky (risas). Además, el vino es una metáfora: este es un disco para hablar de vida, de cosas terrenales que no son tecnología ni inteligencia artificial, sino de cosas que nos unan, como las relaciones entre las personas, con la naturaleza, con las tradiciones ancestrales que, obviamente, no tienen nada que ver con un móvil.

TC: El vino es un punto de encuentro cultural. El disco es muy mediterráneo. Y tiene un punto poético muy español: metemos a Alberti; mezclo claves líricas mías relacionadas con el vino con claves líricas de Valle-Inclán, que era otro disfrutón; hay una pequeña parte esotérica de Lorca, en la última canción, “Le Stelle”, un tema muy particular… Me gusta colaborar con artistas…

—Por cierto, hoy (25 de marzo) es el cumpleaños de Elton John. Usted rechazó compartir escenario con él.

TC: ¡Pero no lo rechacé a él! Hacíamos el chiste: “El Toñín y El Toñón”. Fue un rechazo en clave romántica. En ese concierto también estaba Youssou N’Dour, pero tenía una connotación política, era un concierto para la FAO. En este mundo de frentes políticos, sociales, de muros y fronteras…

—Un mondo difficile…

TC: Es un mundo de imperialismo. Para mí, es igual el hambre de unos y de otros. Y encabroné a todos. Ya estuve en la cárcel por no hacer la mili, defendiendo mis ideales convencido. Entonces, por ese punto político o romántico, sí, rechacé participar en ese concierto. Ni siquiera sé si estaba preparado para ese nivel. El marketing comercial me la resbala. Le doy importancia a otras cosas.

—¿A qué cosas?

" He crecido desde abajo y he defendido mi personaje y mi arte mucho más que el tema comercial"

TC: Mira, me parece mucho más importante el público y el contacto con el público. Y sentirme artista. Más que todo lo demás. Hay que saber decir que no también. Con todo lo que conlleva. He crecido desde abajo y he defendido mi personaje y mi arte mucho más que el tema comercial. Y llevo toda la vida cantando. No soy ni más grande ni más pequeño por ganar más o menos dinero o porque me escuche más o menos gente. La vida está llena de caminos y hay que acertar. Creo que he acertado, sigo haciendo lo que me gusta, sigo creando y compartiendo con el público mi espíritu, mis ideas, mi voz y todo lo que le da sentido a mi vida.

—Con esta docena de canciones, invitan a beber, a bailar… y a pensar.

TC: A pensar en la vida. A mí me ayuda. No hay que darlo todo hecho.

GW: Además, el vino, en la Historia, siempre ha sido un compañero de los pensadores: Heródoto, los simposios griegos, los antiguos romanos, que se reunían para pensar con vino… Siempre ha sido un estimulador emocional. Saca emociones en positivo y en negativo, es un inhibidor…

TC: Una botella de vino en la mesa…

—…suele ser sinónimo de tiempo.

"Ahora está de moda beber de golpe chupitos. No, las bebidas buenas se deben beber despacito"

TC: ¡Sobre todo, con el vino! Ahora está de moda beber de golpe chupitos. No, las bebidas buenas se deben beber despacito. Como la comida: me he criado donde me he criado, y lo primero es la gastronomía. Siempre me han dado caña por comer lento: me gusta saborear… Sueño comiendo (risas). No sé por qué, pero las neuronas funcionan de otra manera. Y, joder, el vino acompaña en la tristeza, en la alegría… y me gusta (risas).

—¿Para qué más?

GW: El vino no se puede comparar con una cosa química o efímera, a medida del Novecento. Es una forma de cultura: hay universidades que estudian el vino, y no hay universidades de la Coca-Cola. Hace pensar. Me hace pensar más una botella de vino que el Chat GPT.

TC: Somos de esa generación que limita con las nuevas generaciones completamente diversas. Yo me veo más en la parte anterior que en este mundo nuevo. El vino, de alguna manera, expresa o personifica…

—¿Un resquicio del mundo viejo?

TC: Del mundo en el que he crecido y donde he aprendido. En Pamplona, aparte de San Fermín, hay más cosas. Y son cosas para compartir: la música, la fiesta… Por eso venían Hemingway y Ava Gardner.

—En el discurso final de El gran dictador, Chaplin dice: “Pensamos demasiado y sentimos muy poco”. ¿Se han invertido las tornas en exceso?

GW: Sí. El sistema te lleva a no pensar. La facilidad de la tecnología, el sentarte en un sofá y tener todo en un mando, te lleva a leer poco, a no tener opinión… En italiano se dice “inbarbarendo”, como los bárbaros: estamos regresando a un medioevo. A un medioevo nuevo…

TC: Pero sin instinto. Con instinto digital.

GW: Tenemos más acceso a la cultura, pero mucho menos tiempo para pensar bien, para hacer tú el camino para llegar ahí. Piensa en la música. Un chico que va a un talent show, que gana no sé qué, le dan un montón de visibilidad y, en tres meses, lidera las listas de la canción. Este pobre chico, que está viviendo un éxito increíble, no ha hecho un recorrido de trabajo, de tiempo, no ha comido un boccone amaro. Ha cogido una línea recta para llegar a un punto a tal velocidad, que se ha perdido muchas cosas. Pensemos en los influencers: quieren influenciar. ¿En qué? ¿En imagen? ¿En vender una chaqueta? Son cosas frívolas. Para mí, no tienen gracia…

—El pasado domingo, un influencer se grabó tras sufrir un accidente que le costó la amputación de dos dedos. Presumía de la hostia, después colgó unas imágenes bailando en el hospital… Igual hay un punto de justicia evolutiva…

"Siempre ha estado lo de sentirse más hombre zafándose del peligro"

TC: Bueno, eso no es nuevo. En los encierros de San Fermín, hay parte de orgullo en que te pille el toro. No es una tontería: no es un dibujo animado, sino un toro con unos cuernos enormes. Siempre ha estado lo de sentirse más hombre zafándose del peligro. Tiene que ver mucho con la adrenalina. 

—Pero esto tiene que ver con la dopamina.

TC: Sí. Hostia, cuando corres un encierro, primero te cagas de miedo, y luego te liberas. Ese proceso, para mí, es lo más importante. Es lo que tiene que ver con el punto ancestral, taurómaco, no con el “a ver cómo me ven”. Yo, en los conciertos, me encabrono con la gente que está todo el rato con el móvil. ¡Tío, aquí (se señala en la cabeza) tenemos la memoria! Estamos confundidos con esa obligación o ese deseo de parecer lo que quieres parecer y no lo que eres. Me gusta vivir la vida intensamente. 

—Así se llama una de sus canciones.

TC: No sé hacerlo de otra manera. Y arriesgando, incluso, la propia vida. Pero no para que lo vean los demás, sino para sentirte mejor, para sentirte vivo. 

—¿Cómo han compuesto estas canciones?

"El mundo y la vida te meten prisa"

GW: Algunas las había escrito. Tenía racimos de canciones. Las hemos terminado juntos: Tonino ha puesto lo que quería cambiar, las ha hecho suyas. Otras son totalmente improvisadas: no teníamos ni melodía ni letras, nos hemos puesto al micro y listo. “Le Stelle”…

TC: Y “Una Storia Infinita”. Llegué al estudio con un ataque de asma que me moría, me tomé unos chupitos, pimpampam, y me dijo Giulio: “Canta lo que se te ocurra”. La melodía me sugestionó y tiré por ahí, como podría haber tirado por otro sitio. Tenía ganas de gritar y ganas de decir lo que me salía de… 

—…de dentro.

GW: Desde el punto de vista de la producción, para mí ha sido una novedad trabajar con Tonino: nunca había trabajado con un artista capaz de llevar a cabo, desde el principio al final, una canción sin componerla antes, totalmente improvisada.

TC: A veces da miedo hacer esas cosas. Basta que no tengas una obligación para que vaya todo tan rápido. El mundo y la vida te meten prisa. No hay cosa que me fastidie que me digan: “Tonino, son las…”. ¡Hostias! Yo no llevo reloj nunca. 

—¿Es cierta, Tonino, esa leyenda de que su familia poseyó un manuscrito original del Quijote?

"Mi abuelo se parecía mucho a mí, vengo de esa escuela de golfos"

TC: ¡Hostia, sí! Es complicado, no le he dado más vueltas porque el asunto da miedo. No hay cosa más preciada, más que el cuadro de la Mona Lisa. Mi abuelo lo defendía a muerte y mi abuela lo negaba. Sí es verdad que procedo de Juan de la Cuesta, que era el impresor, su imprenta estaba por la calle Atocha. (Piensa) Mi abuelo se parecía mucho a mí, vengo de esa escuela de golfos. Era de la generación de Manolete, a quien conocía. Mi abuelo me llevaba a la Escuela Taurina de Córdoba con siete u ocho años. Me sabía todos los códigos taurinos, tenía los cromos, mi capote a medida…, tuve mi época antitaurina, pero el placer es difícil negarlo. Y me decía mi abuelo: “Toñín, en este mundo, para triunfar, hay que ser torero, futbolista o cantante. Como Julio Iglesias” (Risas). Al final, mira. 

—Para finalizar, ¿tienen algún escritor o libro de referencia?

—TC: El barón rampante, de Italo Calvino. Un libro que siempre me desaparece, por cierto. Lo leí por primera vez en la cárcel y, hostia, me hacía sentir más libre. Me ha marcado más que el de los piratas que te mandaban en la escuela… 

—¿La isla del tesoro?

TC: Sí. Y luego, otro de Italo Calvino: Bajo el sol jaguar. Mezclaba erotismo con antropofagia. Soy poco lector, pero esos libros me los he leído varias veces.

GW: Muchos clásicos. Me encanta Hermann Hesse. Es una buena referencia: tiene una escritura simple y, al mismo tiempo, muy emotiva.

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