Siete argentinos mencionados en el informe de PEN Internacional sobre escritores y periodistas atacados desde el poder
El organismo lamenta que “funcionarios gubernamentales y organizaciones vinculadas a simpatizantes del presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel” lanzaran campañas para censurar libros e investigaciones periodísticas

El viernes pasado, PEN Internacional publicó el informe “Identidad a prueba: persecución y resistencia”, donde presenta la lista de casos de escritores y periodistas perseguidos y acosados durante 2024 en distintos países. La lista alerta sobre la creciente persecución de escritores basada en su identidad y el aumento de la censura, el encarcelamiento y las amenazas a las que se enfrentan debido a su género, orientación sexual, etnia o creencias religiosas, a la vez que “subraya una preocupante tendencia mundial: quienes se atreven a expresar su identidad o a desafiar las narrativas dominantes están siendo silenciados mediante amenazas legales, censura y violencia”.
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En la lista de “casos emblemáticos” consignados por PEN Internacional, figuran siete escritores y periodistas argentinos acosados desde el Gobierno: Gabriela Cabezón Cámara, Dolores Reyes, Sol Fantin, María Soledad Iparraguirre, Jorge Fernández Díaz, Joaquín Morales Solá y Alejandro Alfie.
“En la Argentina, periodistas, escritores, editoriales y medios de comunicación han sido públicamente insultados por el presidente Javier Milei, quien los acusó de ser cómplices de políticos corruptos o de escribir mentiras, calumnias o injurias -se remarca en el informe-. Según el Foro Argentino de Periodistas (Fopea), de 173 ataques documentados en el primer año del mandato de Milei, el 69,3% provino de funcionarios públicos, de los cuales el propio presidente fue responsable de casi la mitad (32,37% del total: 56 ataques). Esto fue acompañado por un decreto que impide la divulgación de información que el presidente considere privada, en un aparente intento de frenar el flujo de información y las críticas al gobierno de Milei”.
El organismo internacional lamenta que “funcionarios gubernamentales y organizaciones vinculadas a simpatizantes del presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel” lanzaran una campaña para censurar libros “que abordan temas como el feminicidio, el rescate de personajes femeninos históricamente marginados o el abuso sexual de una adolescente, exigiendo su retirada de escuelas o librerías públicas”, como pasó con Cometierra, Las aventuras de la China Iron y Si no fueras tan niña en 2024. Comunicadores y medios apoyaron con entusiasmo la campaña de censura.
De los siete argentinos mencionados en el informe, Alfie es el único que aparece en la categoría de “acoso judicial”. “Me acosa el gobierno libertario desde cuentas oficiales y paraestatales en redes sociales, potenciadas por Milei que desde agosto de 2024 me dedicó quince tuits de hostigamiento personal -dice Alfie a LA NACION-. Pero no es solo un problema de los trolls libertarios, ni de las redes sociales. Tuve que asistir en noviembre de 2024 a una mediación judicial donde uno de sus principales tuiteros, Esteban Glavinich, que me hostiga permanentemente, me reclamaba una cifra millonaria por afectar su ‘honor’. Ese mismo tuitero lanzó una campaña coordinada de compra de acciones de Grupo Clarín, para asistir a la Asamblea de la empresa de abril de 2025 y reclamar con otros militantes y dirigentes libertarios que me echaran de mi trabajo en el diario. La campaña fue potenciada por funcionarios del Gobierno, como el director de Comunicación Digital, Juan Carreira, alias Juan Doe en X. Además, el dueño del portal de noticias más cercano al Gobierno, Fernando Cerimedo, de La Derecha Diario, me mandó una carta documento para que me retracte de la información que difundo sobre Cerimedo y su medio de comunicación, bajo apercibimiento de iniciarme acciones judiciales. Lo mismo hizo Dannan hace dos semanas, por informar que fue condenado por hostigar a una persona trans y que, además, luego llegó a un acuerdo para hacer una probation, ante una denuncia de la periodista Marina Abiuso, a quien también hostigaba digitalmente. Este año tuve que dejar de postear en mi cuenta de Instagram fotos y videos de mis hijos, hermanos y sobrinos, ya que Franco Bindi, abogado vinculado a los servicios de inteligencia y dueño del canal de televisión Extra TV, me hostigó reiteradas veces replicando esas imágenes audiovisuales familiares en su cuenta de X”.
En el mundo
El continente americano lidera el penoso ranking de ataques a escritores y periodistas en 2024 con el 32%, seguido por Europa y Asia Central (28%), Asia-Pacífico (15%), Oriente Medio y Norte de África (14%) y África (11%).
Si bien las mujeres representan el 29% de los escritores incluidos en la lista de casos, tienen más probabilidades de enfrentarse a juicios, censura y acoso, indica el informe. Se da como ejemplo la supresión de los derechos de la mujer en Afganistán donde, desde el regreso de los talibanes al poder se ha impuesto a mujeres y niñas “un sistema similar al apartheid que les niega sistemáticamente la educación, el empleo y la participación cultural”, señala PEN Internacional.
Por otro lado, los escritores indígenas de América se enfrentaron a amenazas, mientras que las minorías étnicas de China, Turquía y otros países sufrieron persecución por su activismo y expresión cultural. Los escritores uigures y tibetanos siguieron siendo condenados a largas penas de prisión y, en Turquía, el escritor kurdo Yavuz Ekinci se enfrentó a más de siete años de prisión por cargos infundados de terrorismo relacionados con su novela Dream Divided, que sigue prohibida en su país.
Una de las tendencias más preocupantes de la lista de casos ha sido el aumento de las prohibiciones de libros que abordan temáticas de violencia sexual, narrativas LGBTQI y cuestiones raciales, “borrando perspectivas críticas del discurso público”, observa el informe, y agrega: “En Estados Unidos se registraron más de diez mil casos de prohibición de libros durante el curso escolar 2023-2024. En la Argentina, la censura se dirige cada vez más a obras de mujeres, mientras que en Hungría y Rusia se retiran de las estanterías libros de temática LGBTQI, y los editores se enfrentan a multas e intimidaciones”.
La supresión de la libertad de expresión se entrelaza con la guerra. En Ucrania, desde que Rusia inició su invasión en 2022, las fuerzas rusas atacaron deliberadamente el patrimonio cultural de Ucrania: la Unesco verificó daños en 476 sitios. En Palestina, los bombardeos de Israel sobre Gaza devastaron instituciones culturales, escuelas, universidades, bibliotecas, librerías y medios de comunicación. Entre los 45.000 muertos, al menos 23 son escritores, según las investigaciones de PEN Internacional. En Sudán y Etiopía, los conflictos en ambos países han provocado asesinatos en masa, violencia sexual y ataques generalizados contra la prensa.
También se denuncian “altos niveles de represión” en Nicaragua, Etiopía, Bielorrusia y Cuba, país donde continuaron los arrestos arbitrarios, persecución y censura contra artistas y escritores, como el caso de la poeta María Cristina Garrido Rodríguez, condenada a siete años de cárcel por haber participado de una protesta pacífica en 2021.
En 2024, PEN International concedió 85 ayudas de emergencia, un 17% más que en 2023, para reubicación, asistencia médica y gastos de manutención. La mayoría se destinó a escritores palestinos que huían de Gaza (13), seguidos de los de Afganistán (11) y Myanmar (9).
El informe indica que la crisis de libertad de expresión en Oriente Medio y el Norte de África continuó el año pasado y que gobiernos como Argelia, Egipto, Israel, Irán, Jordania, Marruecos, Emiratos Árabes y Arabia Saudita (cuya capital, Riad, será la “ciudad invitada de honor” en la próxima edición de la Feria del libro porteña) “utilizaron sus sistemas legales como arma para castigar cualquier disidencia, ya sea pública o percibida, y reprimieron los derechos de reunión pacífica, asociación y libertad de expresión” y que “escritores, periodistas, defensores de derechos humanos, activistas y blogueros” fueron arrestados arbitrariamente, detenidos durante largos periodos sin juicio y enfrentando cargos falsos únicamente en relación con su trabajo o sus opiniones críticas. Otros fueron objeto de tácticas represivas destinadas a silenciarlos, incluyendo acoso judicial, campañas de desprestigio, amenazas e intimidación, agresiones físicas y prohibiciones de viaje.
PEN Internacional recomienda a la comunidad internacional fomentar una paz justa, poner fin a todos los conflictos armados, proteger a los civiles y el patrimonio cultural; promover y proteger a los escritores, incluidas las escritoras y los miembros de comunidades minoritarias, y defender la libertad de expresión, y proteger el espacio cívico como base de los derechos humanos y la democracia, al tiempo que se contrarresta el autoritarismo y la censura.
“A medida que los gobiernos de todo el mundo cuestionan cada vez más los principios mismos de los derechos humanos internacionales y del derecho humanitario, debemos redoblar nuestros esfuerzos, defendiendo los valores que nos unen: la libertad, la justicia y la igualdad”, expresó la autora birmana Ma Thida, presidenta del Comité de Escritores en Prisión de PEN Internacional.